cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

28 min
El Visitante Maligno: Primera parte: "La Sombra de la Muerte" Capítulo I
Terror |
21.05.15
  • 4
  • 0
  • 531
Sinopsis

Capítulo I de la novela de terror: "El Visitante Maligno"

PRIMERA PARTE

LA SOMBRA DE LA MUERTE

 

CAPÍTULO I

            Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,  (Ex 20, 2-5). Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto (Mt 4, 10).

El pueblo de Lago Feliz era un idílico lugar ubicado a noventa minutos de la ciudad, donde algunas familias habían decidido mudarse para alejarse del ruido, tráfico y estrés que producen las grandes urbes.

           Se comunicaba por una carretera que se conectaba con la vía interestatal a treinta kilómetros de distancia.  Rodeado de árboles, poseía un gran bosque y un maravilloso lago que daba nombre al pueblo. Donde la gente disfrutaba en el verano de navegarlo, bañarse, y en la época invernal se congelaba invitando a la gente a patinar sobre éste. La pesca era abundante y también disfrutaban de la caza de venados. El pueblo era famoso además por su  diversión; tenía algunas discotecas, restaurantes, un parque de diversiones con una montaña rusa que atraía a quienes querían salir de la ciudad los fines de semana y viajaban al pueblo para relajarse y distraerse.

          Lago Feliz había sido fundado veinte años atrás por algunos empresarios, quienes tuvieron la idea de formar una comunidad exclusiva que contara con todas las comodidades de la gran ciudad, así como la tranquilidad que otorga la naturaleza en medio del campo. Por eso su desarrollo había sido acorde a sus necesidades, entre sus principales edificaciones estaban una estación de bomberos;  parroquia,  municipalidad, departamento de policía, tres centros comerciales, varios moteles,  biblioteca, hospital,  colegios, un cementerio y todo lo  necesario para no tener que estar desplazándose a la ciudad. Poseía  una calle de cinco manzanas de restaurantes, discotecas, cafés, cines y demás que permitían a lugareños y foráneos divertirse. Las casas modernas, amplias y cómodas hacían de este lugar un sitio de ensueño para las casi mil ochocientas almas que habitaban  esta comunidad.

            El amanecer llegó como de costumbre para Peter Donovan. Empezó con la flojera de las mañanas y las ganas de seguir acostado en la cama sin tener que ir a trabajar. Con una excitación automática que revelaba el deseo de hacer el amor, lo que era ya habitual.  El roce de la sábana entre sus piernas y luego moverse un poco para juntarse a ella;  sentir la tersura y el calor de su piel. Empezar a acariciar el cuerpo de su esposa hasta esperar la respuesta deseada. Jennifer se acercaba a su esposo a fin de percibir la rigidez de su virilidad y luego venía lo de siempre; hacer el amor al principio con somnolencia, hasta despertarse por completo; con el frenesí del acto sexual que les otorgaba una placentera sensación de desahogo corporal luego de culminar el añorado encuentro amoroso.  Quedarse así unidos; abrazados, húmedos de pasión y tratando de ganarle un poco más de tiempo al sueño. Poder proseguir así evitando el tener que levantarse; asearse, atender a su hijo. Preparar el desayuno y continuar con la rutina que tenían desde que se casaron hacía varios años.

            Él era el sheriff del pueblo de Lago Feliz desde hacía quince años.  Luego de regresar de la Guerra del Golfo había resuelto no seguir en el Ejército y pidió de inmediato su pase al retiro.  Decidió dejar en el pasado los terribles momentos que vivió durante su estancia en la milicia. Fue contactado por los constructores del incipiente pueblo y le ofrecieron el puesto de Sheriff con un sueldo muy generoso; casa y demás comodidades, lo que aceptó en el acto  trasladándose a aquel lugar. Allí conoció a Jennifer Petersen; hija del dueño de una de las cadenas de restaurantes más importantes del país, quien resolvió instalarse en el pueblo para crear su propio negocio.  Se había convertido en la propietaria del mejor restaurante del lugar: “The Golden Dinner”  el cual era frecuentado por mucha gente de la ciudad para disfrutar sus platos.  Jenni (como la llamaban) tenía el cabello castaño oscuro; ojos color café, labios gruesos y cara ovalada. De contextura delgada, sus manos eran delicadas y terminaban  en finos dedos. Caderas amplias  y piernas hermosas sostenidas por bellos y delicados pies. De mediana estatura y  senos pequeños. Su figura la hacía sin duda una mujer hermosa que atraía las miradas de los hombres. Peter a su vez era alto; de un metro ochenta y cinco de estatura.  Piel canela y ojos castaños.  Poseía un rostro fino; de contextura atlética y voz amable. Se enamoraron de inmediato. Después de un año  contrajeron matrimonio y  tuvieron a su hijo George luego de cinco años de matrimonio. La familia Donovan era muy dichosa en el pueblo.

           Eran las  siete de la mañana cuando Peter conducía su vehículo  a lo largo de  la avenida principal del pueblo acompañado por su hijo a fin de trasladarlo  a su colegio como acostumbraba hacerlo cada día.  A través de los cristales del coche, observaba a la gente salir de sus viviendas empezando a realizar sus labores cotidianas. Padres de igual forma, llevaban a sus hijos al colegio, otros que salían a limpiar sus jardines, algunos a trotar y ejercitar sus cuerpos o paseas con sus mascotas. Inclusive pudo ver Luke —un niño  de doce años—que iba en bicicleta por las calles repartiendo los periódicos, arrojándolos a las viviendas mientras saludaba a los vecinos.

— ¡Buenos días señora Kerry!

— ¡Buenos días señor James!

— ¡Hola Luke! — le respondían con alegría.

            Peter contemplaba la tranquilidad del lugar, y miraba a su hijo en el asiento de atrás quien aún; perezoso, se acostaba en el asiento posterior para tratar de dormir un poco.

— « ¡Qué bueno estar aquí!» meditó. Mientras proseguía su marcha a fin de llegar a su destino.

            Luego de dejar a su hijo, se dirigió a su oficina en el centro del pueblo. El antiguo puesto  policial había ido creciendo a medida que el lugar lo hacía.  Al inicio cuando Peter tomó cargo su puesto, había cinco oficiales de policía y contaban apenas   con un coche de patrulla; luego de quince años de estar a cargo lo convirtió en un departamento de policía con veinticinco hombres bajo su mando y ocho vehículos; ganándose  el respeto y cariño de los habitantes del pueblo. Al principio el trabajo no era muy fuerte; problemas de tránsito, exceso de velocidad cuando llegaban los “turistas” de la ciudad por la carretera, o algunos que se pasaban de copas en las discotecas y causaban algún disturbio.  Luego,  a medida que el pueblo se hizo más popular y empezó a concurrir más gente, el trabajo se  volvió más arduo.

— ¡Buenos días jefe!, — lo saludó su asistente Jeff Douglas al verlo entrar— ¡empieza el fin de semana!—agregó.

— ¡Hola Jeff!; —respondió Peter —Sí, eso me temo. ¿Has dispuesto el personal en las vías y en la zona de los restaurantes?

—Sí, jefe.

— ¿Fueron a investigar lo de la rotura de la cerca de la señora Mitchell? —recuerda que ha estado llamando varias veces.

—Sí, jefe.

— ¿Les recordaste a los hombres sobre el nuevo plan? Hay que tener en cuenta  que en la zona del lago los turistas…

—Sí, Peter; — lo interrumpió en tono comprensivo — ya lo he hecho varias veces. ¿Por qué estás tan nervioso?

El sheriff reflexionó por un momento y dijo:

— Tengo una extraña sensación de que algo va a suceder.

— ¿Ocurrió algo Peter? ¿Algún problema?

— ¡No!, no es nada Jeff. ¡Gracias! —Vamos a ver que tenemos acá— dicho esto se dedicaron a cumplir con las labores de rutina de la oficina.

            Jeff Douglas trabajaba con Peter  desde hacía  doce años y se habían vuelto muy amigos.  Aparte  del trabajo, compartían también  con sus familias. Ambos combatieron en la Guerra del Golfo. Jeff  perteneció al Cuerpo de Marines y estuvo en uno de los tanques M1 Abrams que participó en la liberación la ciudad de Kuwait retirándose con el grado de sargento. Llevaba casado con Mary Rock tres años y tenían un bebé de nombre Thomas de nueve meses de edad. El resto de los hombres, fueron reclutados por Peter de diversas partes del país: algunos fueron integrantes de otras policías, otros procedían de diferentes fuerzas de seguridad y se sintieron atraídos por el buen sueldo; la estabilidad y la tranquilidad del lugar, así que decidieron mudarse a Lago Feliz que les ofrecía mejores perspectivas de vida.

            Ese viernes a medida que el día avanzaba iban llegando los turistas de la ciudad. También algunos de los habitantes del pueblo quienes tenían sus trabajos o negocios fuera de Lago Feliz y recorrían diariamente los cincuenta minutos que  separaban  ambos lugares; como era el caso de Will Perrys: abogado y vecino de Peter con quien se turnaba los fines de semana para hacer reuniones entre los amigos y disfrutar con las familias.

            Pero ese día estaba algo flojo. Las nubes grises en el cielo anunciaban una tormenta y esto disuadía a algunos de los asiduos visitantes de tomar la carretera para ir al pueblo. Entrada la noche, el cielo se mostraba amenazadoramente oscuro, cual si fuera la entrada de la madriguera de una fiera e inclusive arriba a lo lejos, se podía ver los destellos de los relámpagos que lentamente se iban aproximando al poblado.   Era evidente que la tormenta se desataría en cualquier momento y por ello, las calles se encontraban vacías. A causa del clima los negocios  tendrían baja afluencia y había que esperar a que al amanecer mejorase el tiempo y la gente se animara a visitar el lugar.

            Hoy; los amigos  acordaron reunirse en la casa de la familia Perrys: Se trataba de los esposos Will y Anna quienes a su vez tenían dos hijos; uno de seis años llamado Francis y  una niña de nombre Luisa de tres años de edad.  En el piso superior de la casa,  contaban  con una habitación de juegos para éstos, que  poseía todo lo necesario para que los niños pudieran divertirse.  Por su parte la mamá de Anna; Susan quien vivía con ellos, adoraba jugar con sus nietos. Cuidarlos y mimarlos…

           El encapotado cielo se hacía cada vez más oscuro sobre de Lago Feliz mientras empezaban  a llegar los amigos al hogar de los Perrys: Charles Mercy y su esposa Dolores con sus hijos Dennis y Michael de cinco y siete años respectivamente; Josh Miller sacerdote del pueblo. Jeff, Mary y el  bebé Thomas quien dormía en  un cochecito y de su cuello colgaba un chupón sujeto por un lazo azul. Después arribaron  Jennifer y George.

Los niños subieron la escalera a la carrera, seguidos por Susan quien iba tras ellos preocupada de que fueran a tropezar.

— ¡Niños, niños! ¡No corran!, se pueden hacer daño…— dijo—, esforzándose por alcanzarlos

— ¡Huele muy bien! , ¡Me muero de hambre!, ¿Está lista la carne?—preguntó Charles.

— ¡Ya casi!— respondió Will— Jennifer ¿dónde está Peter?—agregó preguntando a la mujer.

—Ya viene en camino, Solo fue a traer unas cervezas de casa. — respondió Jennifer.

            Peter contemplaba desde su hogar el tenebroso firmamento que cobraba cada vez más fuerza sobre el pueblo. Era una enorme e intimidante sombra negra que cubría a Lago feliz como si de un siniestro alud se tratara, con la intención de sepultarla para siempre.

—« Será una gran tormenta. Ojalá no se le ocurra a nadie venir con este clima.» — se dijo, Peter.

            Usando la radio portátil  empezó a cerciorarse que el personal policial que se hallaba de servicio estuviera en sus puestos y  no hubiera novedad alguna. Salió de la recámara, fue a la escalera y descendió hasta llegar a la cocina.

— ¡EH! ¡PETER!, — era la voz de Will desde la ventana de la otra casa— ¡TE ESTAMOS ESPERANDO!, ¡NOS MORIMOS DE HAMBRE!, ¡APÚRATE!

— ¡Está bien!, voy por las cervezas…— contestó Peter — y luego se dirigió al sótano a buscar el licor. Trató de encender la luz, pero no funcionaba.

— ¡Joder! ¡El bombillo no sirve!— exclamó.

            A tientas procedió a buscar el segundo interruptor del sótano tomando la precaución de no tropezar con los objetos del lugar, cuando de repente notó algo  que brillaba en la oscuridad. No sabía qué era, por lo que se aproximó  a la repisa donde estaba aquello. Al llegar a éste, pudo constatar que era la extraña piedra en forma de cabeza de animal que encontró en el desierto y que había tratado de borrar de su mente. Sin poder evitarlo, un frío glacial recorrió su espalda acelerando su respiración. Veía como los ojos de la fiera lo observaban fijamente describiendo una perversa mirada y las fauces parecían abrirse mucho  más; como si quisieran emitir una carcajada. La visión de aquella infernal cosa lo trasladó en un instante al desierto; más de quince años atrás forzándolo a recordar la noche de muerte,  barbarie y espanto en las que él y sus hombres se transformaron en unas crueles bestias sedientas de sangre y venganza. Los sonidos de los disparos y  el grito aterrador de los soldados masacrados se mezclaron formando una siniestra cacofonía que explotó en su cabeza por unos segundos. Aún podía sentir el terrible olor y el repugnante sabor salado de las gotas de sangre de sus enemigos que alcanzaban su rostro al ser ejecutados; cuando de pronto, sonó el primer trueno  desatándose la lluvia.  

           De modo imprevisto, la luz se encendió y vio a la pequeña piedra que permanecía estática en su lugar; y por fin comprendiendo, que no sucedía nada malo. — «Es mi imaginación, nada más…»— se dijo. Agarró la caja de cervezas, dos botellas de whisky y subió por las escaleras. Cruzó el jardín y entró en la casa de su vecino y amigo.

— ¡Por fin! —exclamaron algunos.

— ¡Peter! ¿Viste a algún fantasma? estás pálido — dijo Will.

—No, no fue nada. Me sorprendió el trueno,  eso es todo.

—Ja, ja, ja… — todos rieron ante el comentario de Will.

            Jennifer se acercó a su esposo dándole un beso en la mejilla y le preguntó.

— ¿Está todo bien?

—Sí, mi vida. Todo está bien…

            La velada se desarrollaba alegremente. Disfrutaron del partido de béisbol que estaban aguardando y la cena fue muy agradable. Los niños correteaban alrededor de la mesa.

            Peter seguía pensando en lo que sucedió aquella noche. A pesar que había tratado de olvidar todos esos años lo ocurrido, los recuerdos aparecían en su mente como fantasmas que traían consigo los momentos de las violentas muertes. El sargento Wilkins despedazado por un proyectil de mortero; los hombres heridos, las ejecuciones de los soldados iraquíes, el llanto del niño y la entrada en ese sepulcro infernal. Donde fue presa de un terror inimaginable. Algo  jamás experimentado en su vida.

            Seguía observando a sus amigos; conversando y bebiendo cerveza mientras los niños continuaban arriba jugando,  supervisados por la atenta mirada de Susan. Peter los veía, pero no los escuchaba. En su mente se repetía un eco distante y sobrenatural:

            —« ¡PETER, ÚNETE A NOSOTROS, PETER!»

— ¡Peter, Peter!, ¡únete a nosotros!; ¿en qué planeta estás? has estado absorto toda la noche —le dijo el padre Josh.

—Debe haber sido el trueno – comentó Anna con una sonrisa.

—Estaba pensando en el personal que está de servicio con este temporal. Espero que estén bien—… respondió Peter.

—Si no han llamado, debe ser porque  no hay novedad. Relájate — le respondió Jeff.

            —Sí, tienes razón. —Asintió Peter.

            La noche iba avanzando. Ya era  de  madrugada cuando la lluvia se tornó en aguacero y la luz del pueblo empezó a parpadear.

—La tormenta debe haber afectado los transformadores —consideró Will.

—Sí; — respondió Dolores—la lluvia se ha convertido en diluvio.

 Los truenos retumbaban por doquier con sonidos roncos y enloquecedores. Parecía que el cielo no resistiría  más y que de un momento colapsaría fragmentándose en infinitas gotas cristalinas sumiendo al pueblo entre las aguas, al tiempo que   las luces de las descargas eléctricas azotaban sin piedad el horizonte de Lago Feliz.  En ese instante, el agua circulaba convertida en riachuelos, circulaba por las calles.

—Jeff, comunícate con el personal, verifica que todo esté bien.

—Sí, Peter.

 Por medio de los radios transmisores, Jeff comenzó a llamar:

— Comando Dos: a todos los relámpagos reportarse. — silencio absoluto.

— ¿Está bien la radio, Jeff?—preguntó Peter.

—Sí. — Respondió — La batería está al máximo de su carga, pero hay algo que hace interferencia y no permite establecer comunicación. Déjame intentar de nuevo:

—Relámpagos, relámpagos. Aquí Comando Dos, informen.

—Comunícate con la central —ordenó Peter.

Luego de intentar un par de veces de establecer el contacto con el departamento de policía Jeff informó:

—Nada; tampoco responden. Puede ser algo de estática por la tormenta.

—Bueno; el deber nos llama — anunció Peter levantándose de su asiento al igual que Jeff —vamos a ver cómo está todo. Regresamos en unas horas.

—Sí, vamos —secundó Jeff.

—Cuídense muchachos—dijo Jennifer.

—No te preocupes, regresaremos lo más rápido que podamos— le respondió su esposo. Y luego de esto se marcharon…

 Una vez que los policías abandonaron la casa, el padre Josh  prosiguió narrando:

—Fue terrible lo que le aconteció a esa joven, el video ha sido puesto en la Internet.

—Sí yo lo vi. La grabaron justo en el instante en que estaba agonizando —secundó Charles.

— ¿Qué sucedió?— preguntó Susan, bajando las escaleras y agregó susurrando—  los niños están dormidos.

—En Irán; asesinaron a una joven que estaba protestando contra el gobierno. Captaron el  momento en que la están levantando del piso y empieza a perder el sentido. Luego empieza a brotarle sangre de la nariz y la boca, creo que la impactaron con una bala en el pecho— comentó Charles.

— ¡Dios, qué horror!—  comentó Anna — ¡que desgracia!, ¿A dónde irá a parar el mundo?

—Sólo Dios lo sabe— replicó Josh—, Sólo “Él” lo sabe.

—Bueno. — Dijo Will— no hablemos de cosas tristes, estamos aquí para divertirnos. ¿Qué les parece si jugamos a algo?

— ¿Un juego de naipes?—preguntó Anna.

— ¡NOOOOO! — corearon todos.

—Está bien, está bien… — dijo Anna sonriendo— ¿a qué quieren jugar?

— Compré en la ciudad algo especial que de seguro les encantará. Esperen un segundo. — dijo Will mientras se levantó  y fue hacia su oficina. Una vez ahí recogió algo de una de las gavetas del escritorio.

            Regresó trayendo consigo una bolsa de papel; la abrió y extrajo un objeto que colocó sobre la mesa. Era una tablilla rectangular de madera de color amarillo oscuro y aspecto antiguo. En la esquina superior izquierda tenía la imagen del sol con un rostro sonriente y luego la palabra “SÍ”.  En el lado opuesto, la luna  con una estrella en cuarto creciente con rostro de mujer que miraba hacia el primero, antecediéndola la  palabra “NO”. Debajo en forma de arco las letras mayúsculas estaban dispuestas en dos filas: la primera de la “A hasta la M” y la segunda de la “N a la Z”, debajo de éstas se hallaban los números del uno al cero e inmediatamente al final la palabra “ADIÓS”. En las esquinas inferiores sobresalían las figuras de dos hechiceras que observaban hacia arriba; al sol y la luna respectivamente. Se trataba de  una tabla  Ouija.

— ¡Qué bien! — Dijo Charles—vamos a cerrar la velada con fantasmas—. Y todos empezaron a reír.

—No jugaba con la “tabla” desde la época del colegio — comentó Mary— recuerdo que le tenía algo de miedo.

—No es bueno jugar con cosas más allá de nuestro entendimiento — dijo Susan— creo que puede ser peligroso.

—Vamos Susan— la animó su yerno— ¿Qué puede pasar? vamos a entretenernos  mientras regresan Peter y Jeff.

—Anímate Susan —secundó Jennifer— solamente es un juego.

—Vamos mamá, ¿qué puede ocurrir? — Le dijo Ann.

—Sí, hagamos algo diferente. — Intervino Dolores— en todo caso, preguntémosle al experto. ¿Qué opinas Josh?

            El padre Josh miraba al pedazo de madera con curiosidad. Sonreía de un modo  nervioso imaginando qué pensarían sus compañeros sacerdotes si lo veían  jugando con la tabla Ouija; invocando espíritus y seres del más allá.  El primer mandamiento “amarás a Dios sobre todas las cosas” le venía a la mente recordando el catecismo de la Iglesia Católica. Sobre todo la parte referente a la adivinación y la magia*. Pero ya estaba un poco embriagado y quería seguir con la diversión.

—Josh, su eminencia: ¿lo dejó mudo algún “espíritu? — Will preguntó en tono de broma—secundado por las risas de los presentes.

—No creo que a nuestro Señor le ofenda algo de diversión— comentó sonriente — vamos a jugar. —« ¡Qué importa!, si es solo un juego» —  se dijo.

— ¡Muy bien!— dijo Will— así se hace Josh. Su eminencia habló y tenemos su bendición.

— Voy por lápiz y papel —dijo Dolores.

— ¿Qué usaremos como  apuntador?— preguntó Anna — ¿Usamos una copa?

—No.  Tengo algo mucho mejor que es justo para la ocasión—. Dijo Jennifer— Y salió rumbo a su casa, con el fin de buscar ese raro objeto que estaba en el sótano. El recuerdo que Peter trajo consigo de la época cuando estaba en la Guerra del Golfo.

—Esta va a ser una noche bien larga—, pensó Josh.

—Por algún lugar debe haber unas velas, para hacerlo más emocionante. Voy por ellas—  dijo Susan.

—« ¿En qué lío me he metido?» —  Se preguntó Josh— frunciendo el ceño.

—Vamos, anímate. — Le dijo Ann notando su inquietud. — Esto no hace daño, es únicamente un simple juego. Nadie saldrá lastimado…

—Eso espero… —comentó Josh.

——————ooo——————

            Peter y Jeff llegaron a la jefatura de policía, mientras la lluvia empezaba a amainar. Las calles estaban desiertas. Los turistas del fin de semana (los pocos que se atrevieron a ir al pueblo a causa de la tormenta) estaban en las discotecas y en los restaurantes, todavía nadie se animaba a salir.

*Adivinación y magia (Catecismo de la Iglesia Católica)

            2116 Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘médiums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

            2117 Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo - aunque sea para procurar la salud -, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aun cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.

            Jeff  se dirigió al oficial de servicio preguntando:

—Jack, ¿Alguna novedad?

—No señor, todo está en calma.

— ¿La radio está funcionando? — preguntó Peter.

—Sí jefe; — respondió Jack — hace unos momentos se interrumpió la señal, pero ahora  funciona.

—Comunícate con todos los puestos de guardia. Que indiquen su estado de inmediato.

— ¡Sí, señor! Relámpagos; aquí central, informen situación.

            A través de la radio los oficiales de servicio se comenzaron a reportar indicando que; a pesar de la lluvia, todo se encontraba en calma. Salvo por el puesto de control número dos, que no se había comunicado desde que empezó la tormenta.

— ¡Jefe!; Relámpago Dos  no responde.

— ¿Cuándo fue la última vez que tuvo noticias de ellos?

—Hace  tres horas.

—Está bien, Jeff vamos a ver cómo están nuestros hombres. Jack; infórmanos si logras hablar con ellos.

—Sí señor…

            Peter y Jeff, partieron nuevamente en el vehículo oficial. Una camioneta del  tipo rústica de doble tracción con llantas altas y anchas; especiales para desplazase sobre cualquier tipo de terreno; con este tipo de transporte no tenían problema en atravesar los riachuelos que se habían formado por esa tormenta tan particular que no había durado mucho tiempo.

            El puesto de control de Relámpago dos  estaba ubicado a veinticinco minutos del pueblo; en el extremo sur del lago. Lugar elegido por los jóvenes para bailar; beber, y divertirse al aire libre. Casi siempre instalaban una tarima en ese lugar para hacer espectáculos los fines de semana donde se presentaban grupos musicales. También era el lugar favorito de los jóvenes para escaparse con sus parejas a hacer el amor.  Inclusive los más osados se aventuraban a bañarse en el  lago  en la oscuridad cuando el clima era favorable. De allí que siempre había personal policial rondando la zona, para evitar que personas ebrias protagonizaran escándalos o hubiera algún tipo de pelea. Por lo demás; en una noche como esa, la situación debía de ser de calma. Era difícil que a algún loco se le ocurriera ir hasta allá con lo lejos que quedaba, y el peligro de que se le dañara el vehículo en la carretera hasta esperar que algún otro lo auxiliara, o los ubicara el carro policial que hacía rondas en la zona.

— ¿Quiénes están de servicio en Relámpago Dos?—preguntó  Peter a Jeff.

—Franklin  Anderson y Michael Hudson — respondió Jeff —es extraño que no hayan llamado.

—Eso es lo que me preocupa – dijo Peter— Ni la radio de la patrulla, ni las portátiles o los teléfonos celulares de ambos funcionan.  Ojalá que todo esté bien.

—Insisto que es la tormenta, Peter. Es lo que está interfiriendo con la comunicación.

—Puede ser, pero vamos a ver cómo están.

            Siguieron conduciendo a través  de la carretera paralela al lago, luego continuaron internándose por la vía cubierta de pinos en la penumbra. La tormenta amainó y empezaba a  dirigirse con destino a la ciudad. La vía se encontraba todavía mojada, pero el cielo empezaba a clarear; dejando a la luna  se hiciera visible en el centro de un cielo  plagado de luceros.

 

——————ooo——————

—Bueno, — dijo Will— ya tenemos todo dispuesto para dar inicio al juego: el papel, lápiz y las velas. Vamos a acomodar todo.

            Dolores y Ann se encargaron de la distribución de las velas mientras Josh y Charles acomodaban las sillas. Susan y Mary subieron al cuarto de juegos para comprobar que los niños estuvieran durmiendo. Mary  contempló con una sonrisa a Thomas quien dormía profundamente sosteniendo el chupón entre sus labios.  Una vez que verificaron todo y sin hacer ruido para despertarlos, volvieron a la sala.

            Jennifer bajó al sótano a buscar el amuleto y  constatando con cierto grado de asombro que la cara de la fiera lucía más terrible que antes.  No puedo evitar sentir un ligero temor al momento de sostenerlo en su mano; pero luego sonrió pensando que era una tontería y que ese objeto era perfecto para el juego que iban a iniciar.  Jamás pensó en cómo esa acción iba a cambiar su vida y la de sus amigos para siempre.

            Entró otra vez a la casa de su vecino y con asombro, pudo ver las luces se hallaban apagadas al tiempo que velas encendidas se hallaban dispuestas alrededor de la mesa, e  iluminaban los rostros de sus amigos que bebían café y conversaban; esperando que ella se uniera para empezar el juego; creando una atmósfera mágica, fantasmal y misteriosa.

—Ah… Por fin, aquí estás Jenni, ¿Qué nos trajiste?—peguntó Will.

—Traje algo que servirá de apuntador. — respondió la mujer  depositando el amuleto sobre la mesa.

— ¡Qué interesante!— comentó Charles levantando el objeto y  procediendo a observarlo en detalle. —Parece el grabado de un  animal; como si fuera un felino con cuernos o algo similar.

— ¿Será que tiene poderes mágicos? —terció Mary—  a lo que algunos rieron.

— ¡Eh! ¡Su eminencia! ¿Qué opinas de eso?— preguntó Will a Josh.

— ¡Jamás había visto algo igual! — Respondió el sacerdote —es un extraño tallado. ¿De dónde lo sacaste?— preguntó  a Jennifer.

—Es un recuerdo que trajo Peter de Irak —respondió ésta.

—Bueno basta. Comencemos. — replicó Susan.

Will agarró el improvisado apuntador y lo colocó sobre la tabla, luego dijo:

—Todos coloquen su dedo índice sobre el apuntador—E hizo lo propio.

Luego procedieron Jennifer; Anna, Susan, Charles, Dolores, Mary y por último Josh.

—Pongan su mente en blanco. Traten de no pensar en nada— continuó Will— respiremos profundamente. Vamos  a olvidarnos de lo que está a nuestro alrededor y no piensen en nada. Cierren los ojos y déjense llevar por mi voz.

           Guardaron silencio tratando de concentrarse. El resplandor iluminaba el recinto  y creaba lóbregos seres etéreos cual siluetas misteriosas que cobraban vida, cuando el viento acariciaba de manera imperceptible las llamas en la cresta de los cirios; ocasionando que éstas cambiaran de forma y posición rodeando a quienes,   con los brazos estirados hacia el centro, señalaban una puerta de entrada para que cualquier espíritu fuera del mundo de los vivos fuera capaz de introducirse.

            De pronto se escucharon dos golpes en el piso. Todos abrieron los ojos. Anna miró a Jennifer, mientras Charles y Dolores levantaron la mano del apuntador de manera instintiva. Josh los observaba sin decir nada cuando  de nuevo se sintieron los golpes. Entonces Susan empezó a reírse y  por fin tomaron conciencia de que había sido ella, quien con los pies estaba dándole al piso para asustarlos. Las risas no se hicieron esperar celebrando la ocurrencia.

— ¡Ay mamá!, tú no cambias. —  le dijo Ann a Susan.

—Lo siento, —  respondió su madre — No lo pude evitar, si le hubieras visto la cara a Josh.

El sacerdote no pudo evitar  enrojecer de vergüenza.

—Bueno, bueno. Basta de risas; ahora sí, empecemos de verdad. — Dijo Will— recuerden que no deben levantar sus dedos hasta que el juego termine,  ¿de acuerdo? es muy importante.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Autor de novelas de terror peruano venezolano

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta