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8 min
EN BUSCA DEL PELO PERDIDO
Reflexiones |
05.01.15
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Sinopsis

Las extrañas derivaciones de una simple pérdida de pelo...

            Estoy pensando que he ido perdiendo todo el vello corporal que tenía. Además del cuero cabelludo se me pelaron las piernas (hace tiempo), y los brazos, yo tenía antebrazos velludos, y ahora me quedan tres o cuatro pelitos locos. Todavía conservo el pelo en el pecho y la espalda, y algunos manojos en los hombros.

            ¡ Y cómo hago para que me crezca el pelo de nuevo !  ...y anduve pensando... hasta que surgió la idea... no sé si nefasta...

            Primero tuve que localizar un paraje boscoso, con muchos árboles, y con una vía de agua que lo cruce, o pase cerca, o alguna laguna, o acequia, o estanque; un predio que tenga más o menos cuatro o cinco hectáreas. Tuve que utilizar una bicicleta que tengo en préstamo, para no llamar la atención en mis recorridas, y después ir a la municipalidad para asegurarme en catastro que esos terrenos fueran fiscales.

             ...Y allá fuí, en la bicicleta. Sólo llevé una cantimplora, unos cuantos emparedados, un cuchillejo, y me conseguí un antiguo "yesquero", de esos que usaban los gauchos. Una vez en el lugar, bien adentro de la fronda, me quité toda la ropa. Dejé las cosas bien protegidas con ramas y follaje, y... y fingí ser un simio... ya se sabe, caminar apoyando los nudillos... andar a los saltos de aquí para allá... lanzar alaridos y gruñidos espeluznantes como... ¡ huu... huuhuagh... haaauugghh... nngh... huu... haaggh... haaghrgh... !

              ...Y allí me pude despachar a gusto. También pude subirme a los árboles, y aprender a saltar de rama en rama, y de árbol en árbol. Fue algo peligroso y me di varios golpes; pero... cuando dejaron de dolerme los músculos y se me acostumbraron los brazos y las manos, ya vi que le había agarrado la vuelta. También me sentía muchísimo más fuerte que antes; éso me hacía quedar pensando en la legendaria fuerza de chimpancés, gorilas y orangutanes.

              ...Y para comer, después que me terminé los pocos emparedados que había llevado, me tuve que dedicar a pasar hambre. Con el agua no hubo problemas, porque por un lado pasaba un arroyito que hasta tenía bagres,y por otro había un laguito donde bajaban los patos, las gayaretas, las bandurrias, los macáes, becazas de mar... y por tierra corrían los cuíses, tucotucos, coipos que se sambullían en el lago, y también andaban liebres europeas, y hasta grandes maráes, o liebres patagónicas, ¿ quién dijo que no había más maráes ? además todo tipo de zarigüeyas o comadrejas, hurones, vizcachas, también andaban armadillos de varias clases... y yo tuve que aguzar los sentidos, la agilidaad y la puntería con piedras y palos para no hacerle asco a nada.

              Siempre tuve que estar muy atento por si acaso andaba por ahí algún peón de campo, o pibes jugando, no podía dejar que me descubrieran, si ocurriera eso tenía pensado subirme a lo más alto, en la fronda más tupida, y quedarme allí más quieto que una piedra.

              Tuve la suerte de descubrir una higuera y algunos nogales de varios tamaños; puedo decir que esos árboles me salvaron la vida. En cuanto a los animalitos que podía agarrar, me los asaba en un fueguito pequeño que armaba en el fondo de un pozo, para que no se viera desde lejos; después me acostumbré a comérmelos crudos.

              Debí aprender a armarme de una "yacija" de ramas para pasar la noche, como hacen los grandes monos, y para defenderme de las heladas, en lo alto de los árboles o al pié de ellos.

              ...Y después de todo ésto comencé a ir hasta el agua para mirarme en el reflejo; y realmente comenzó a crecerme el pelo... y abundantemente... en la cabeza... y por todo el cuerpo. Parecía esos tipos anormales que aparecen en fotos de los libros, que sufren de "hirsutismo", o hipertricosis, y parecen hombres-lobos, u hombres-simios. Ésto me sirvió como defensa contra los mosquitos que casi me volvían loco. También tuve que recurrir a hacer fuego para refugiarme en el humo.

               ...Y ya tenía que pensar en volver, recuperar mi humanidad, recordar cómo se hacía para hablar, y volver a vestirme... con la ropa por sobre toda la pelambrera, porque estaba como un verdadero chimpancé, o un gorila. Para volver elegí una hora después del anochecer; si volvía de día, ¿qué podía pensar cualquiera al ver por la carretera un gorila vestido en bicicleta? Tenía que acomodar de nuevo la mente, casi dolorosamente a senderos, caminos, carreteras... que se me antojaban un inextricable laberinto dentro de mi sesera.

               ...Y al final llegué de vuelta a mi casa, y todo me parecía tan irreal... y complicado... que ya desde el principio comencé a añorar aquella existencia tan salvaje, prácticamente como un animal, tan impregnado de paz y tranquilidad... sentía una honda nostalgia por mis horas muertas, donde llegaba a fusionarme con mi inconsciente, y todo mi entorno se hacía inmenso, y yo sólo era una partícula de nada, pero podía percibir hasta el más mínimo granito de arena, y hasta el más ínfimo ser, insecto, ácaro, o protozoario o células de los hongos que crecían en lo más hondo de la floresta.

               ¿ Y qué iba a hacer ahora ?  Me miré en el espejo del baño... y parecía un monstruo... me crecía pelo en la nariz, debajo de los ojos, en las sienes, en la frente... y hasta... se me había distorsionado la cara... parecía como un antropoide. ¿Cómo hacía ahora para comprar comida? Por suerte me acordé de un super-mercado que atendía de madrugada. Junté la plata que pude encontrar, y tomando la bicicleta allá fuí. Tuve que tranquilizar al encargado y decirle, con voz gutural: --No se alarme... soy un actor...--. Y el tipo largó la risa, y se puso a contar que él tenía un pariente que también hacía "esas cosas".

                ...Y aquí estoy, con una buena pelambrera, pareciendo una especie de monstruo. Estoy planeando agarrar la bicicleta, juntar cámaras y cubiertas de repuesto, aceiteras y herramientas para bicicletas, y largarme por la carretera hacia el oeste... pedaleando de noche y durmiendo de día. Comprando comida hasta donde me alcance el dinero, y más tarde... bueno, ya me habitué a comer animalitos silvestres. Ya en algún momento llegaré a las estribaciones cordilleranas de Neuquén, y así seguir, meterme entre los cerros, hasta donde me diera la bicicleta. Allí hay mucho bosque, y yo había leído bastante sobre el extraño "Chilludo", como un "Pie Grande" o "Yety" patagónico... como un "yo mismo", que andaba por ahí, por los cerros boscosos. Allí, tarde o temprano encontraría a los "Chilludos", y ellos me mirarían y verían a uno de ellos... y allí viviría en paz y tranquilidad por fin, como en aquel añorado bosquecito de campo... donde había sido tan feliz...

               ...Y ya se ve hasta dónde puede llegar una simple pérdida de pelo, alopecía o calvicie... interesante, ¿no?

               Chau... y hasta luego...

                                             . . . . . . . ooOoo . . . . . . .  

 

 

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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