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4 min
En el balcón del cielo
Fantasía |
03.09.17
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Sinopsis

Pase, caserito. Pruebe sin compromiso.

—Es tan linda esa gente que hoy no quisiera morir tan solo para continuar sentado aquí y mirarlos pasar. Sus grandes sonrisas, amigo, son cosas que me alegran la vida.

—¡¿Estás loco?! Hoy es un gran día para morir. Yo me habría lanzado desde este balcón hace muchos años, pero me da mucha flojera. La vida de ellos, sí que es entretenida. Ríen, lloran, se extrañan, se odian, aman, se manipulan, se esperanzan, se destruyen, consumen y desechan. Yo quiero esa vida, loco. Pero mi flojera...

— Muérete, entonces. Si hoy es un gran día, no habrá de qué arrepentirse. ¿No?

—Está claro que no te gusta mi presencia, Parco. Pero no hay que demostrarlo por respeto.

—Tranquilo, hermano. Si te avientas ahora a ese mundo, yo voy contigo. —replicó Parco con un golpe en el hombro de Medro.

—Ehhhhh, alto, alto. Acabo de recordar algo ya que hablamos de este tema: Una vez vi a un hombre que vivía en el centro de la ciudad, se dedicaba a dibujar planos para construir edificios, ganaba mucho dinero y el tiempo del que disponía fue siempre el suficiente para saber mucho. Es decir, aprender a bailar y tocar diez instrumentos musicales, tener una novia linda, una banda propia y muchas comodidades en el mismo departamento donde creció. Iba al cine, viajaba, dormía bien. Con los años, la rutina lo aburrió y decidió renunciar a su vida. Cero, empezar aislado y disfrutar el camino desde fuera del camino. Siempre tuvo la posibilidad en mente, sabía que lo haría y cuando lo hizo, se fue solo. Esa mañana cerró la puerta por última vez y llovía. El polvo en las ventanas ya no existía. Las pelusas inofensivas que vivían debajo de la cama sobrevolaban la habitación. La novia sintió la presencia del hombre en la noche, pero al despertar, su lado estaba desordenado. Supuso que fue ella, revolcaba mucho. El celular, muerto. La ropa, colgada. El perfume, desvanecido. Los zapatos, desaparecidos. La billetera, extraviada. Los anteojos bifocales, fuera de lugar. El hombre que amaba, perdido en la profundidad de su mente que ansiaba descanso. La novia, desaliñada. Sonrió de nervios. Era la segunda vez que sentía eso. La primera, su mamá por un infarto fulminante. Perdía algo, alguien y otra vez, a quien representa todo en esos momentos. No lloró. No, no. Ahí no. Sabía bien que no volvería y que si se escapaba era porque moriría y como los perros, viajó lejos para no hacerle daño. También porque tenía otra mujer, más linda o más rica. También porque salió del trabajo y al volver algún hombre lo asesinó en el intento de robarle. Uno hombre o dos, o cinco, o una mujer. Por dinero. Por amor. Por despecho. Su mente recorrió miles de escenarios en un segundo y la sonrisa se transformó en un llanto que duró tres días. Cuando cesaron las caídas, sus músculos entumecidos y debilitados no resistieron y la desmayaron sobre la cama, los párpados irritados por la acción y los labios heridos por la presión de sus dientes, tenía también la nariz roja debido a los mocos y luego, al resfrío de estar sumergida en tanta humedad. Ella sabía que se iba a morir. Ella sabía que nadie la iba a rescatar porque el hombre no iba venir, no tenía fuerzas para coger su celular, las paredes eran a prueba de sonido —por el placer de la privacidad— y también sabía que el hombre nunca se enterará que...ella lo amó, aunque él…

—¡¿Aunque él?!—espetó Medro.

— La haya abandonado de la forma más cobarde que pudo. Sin mirar a la cara.

—¡¿Y él?!—inquirió Parco—. ¡¿Qué carajos pasó con él, demonio?!

— Era guapo, perturbado, pero muy idiota. Salió y no tuvo más ideas que probar de la vida loca por primera vez, emborrachándose —actividad común para él— y  drogándose hasta las arterias coronarias —nada común.  Así que terminó muy solo, en una vereda de un barrio pobre y lejano del centro. Justo como quería, él,  después de conocer y disfrutar los besos de la muerte.

—¡WOOOWWW! ¿Es real? —Pasó ayer cuando vine aquí.  Mejor dicho, terminó ayer. — ¿Lo contaste para no bajar a ese mundo, no? —¿Cómo lo supiste?

 

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