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2 min
En el ojo.
Humor |
12.08.18
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Sinopsis

Un encuentro amoroso ilícito concluye en una anécdota que alegrará la vida de una pareja por largo tiempo.

Era un romance ilícito. Ambos eran casados.

No sabían dónde los llevaría, pero la pasión de sus encuentros esporádicos los consumía y mantenía en ardiente espera del siguiente.

Eufemísticamente le llamaban “tomar lechita” al felatio que concluía  con la eyaculación en su boca, de tal forma que ella le escribía en el celular: “tu bebé quiere tu leche”, en las horas previas al encuentro, lo que a él le provocaba un entusiasmo volcánico.

Se habían conocido en el trabajo, ambos eran empleados del aparato público.

En una ocasión, ya en el motel de costumbre, desnudos, ella jugaba con el miembro entusiasmado de él.

Lo introducía en su boca con bocados que iban de menor a mayor tamaño, concluyendo con su mentón golpeando el escroto.

En un retroceso apasionado el pene salió de su boca al mismo tiempo que ella volvía a adelantarse para introducirlo nuevamente, de tal forma que éste quedó dirigido directamente a uno de sus hermosos y grandes ojos. En cuestión de milésimas de segundo él vio que su extensión erótica se clavaría en el lucero amado. Pero ella, con reflejos de gata, esquivó el que parecía un inevitable accidente dirigiéndolo nuevamente a su dulce boca.

Él sonrió y, socarronamente, le dijo: ¡se nota, mi amor, que eres una empleada pública!, ella dejó de lamerlo, lo agarró con su suave mano y extrañada le preguntó: ¿por qué me dices eso, tesoro?, ¡por que acabas de esquivar un pico en el ojo de manera magistral, como sólo una empleada pública puede hacerlo¡

El ataque de risa interrumpió el encuentro amoroso, se abrazaron y no podían respirar, ni hablar, ni besar, ni penetrar.

Por meses la anécdota fue causa de jolgorio  en los encuentros amorosos y en las largas tandas de mensajes incendiarios con que los preparaban.

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