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8 min
En el rincón.
Terror |
23.10.14
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Sinopsis

"Morir es mejor que desaparecer, cuando mueres te vuelves eterno, demuestras que fuiste real, que importaste. Yo, sólo tengo un relato al cuál ni siquiera le daré un final apropiado"

Recuerdo que todo empezó cuando yo era niño, aunque tal vez ha estado conmigo desde el momento en que nací, y probablemente seguirá después que yo muera.

Sé que me queda poco tiempo, así que intentaré contar mi historia lo mas breve posible, no porque espero que alguien lo lea, sino porque al relatar mi vida con éste lápiz torcido en esta hoja de papel arrugada siento que soy real, sé que existo y que no soy un trágico personaje de ficción creado por un autor igual o más perturbado que yo. Al escribir esto sé que soy alguien. Nací, crecí y morí.

No les diré mi nombre pues ya no lo recuerdo, los rostros y nombres de las personas que alguna vez conocí o al menos ví se han vuelto imágenes tan borrosas como lo es un sueño después de despertar. Sé que mis padres están muertos, lo triste es que no sé desde cuando ni cómo murieron, ojalá estén en paz. Yo no lo estoy.

El dinero dejó de importarme hace mucho, trabajar, embriagarme, salir y conocer gente, todo se ha perdido, aunque la verdad creo que nunca fueron parte de mi rutina. Ya casi no recuerdo nada, dejé de contar mis cumpleaños después de los ocho años. Ahí fue cuando todo empezó.

Sólo quedan dos diminutas velas iluminando mi habitación, mi cuerpo sufre estando en ésta posición, pero mi mente, lo que queda de ella, está más enfocada en lo que escribo. Debo apresurarme, mientras el rincón en el que escribo aún está iluminado por la parpadeante luz de mis velas.

Ocho diminutas velas de color azul parpadeaban frente a mí, aplausos a mí alrededor, mi familia, todo estaba bien. No recuerdo cuál fue mi deseo, probablemente fue algo tonto como una bicicleta o una consola de videojuegos. Si hubiera sabido, tal vez hubiera deseado que las cosas hubieran salido bien en mi vida. Aunque de todas formas pedir un deseo al soplar las velas en un pastel de cumpleaños no significa que algo pasará. Nunca se sabe que pasará en la vida.

Intento darle un rostro a las personas que habitan aquel recuerdo de mi cumpleaños, mi madre, mi padre y mis hermanos, ahora son sólo maniquíes sin rostro y sin alma.

Yo dormía en mi habitación, recuerdo haber recibido muchos juguetes, el papel de regalo estaba regado en mi habitación. Algo que no ha desaparecido de mi memoria o de mi vida es la sensación que tuve esa noche, bueno, al fin y al cabo esa sensación nunca se fue. Miedo.

"¿Cómo te llamas?"

Mis ojos estaban bien abiertos y sin poder ver nada giré mi cabeza hacia el rincón de donde la voz provenía.

No dije nada hasta que la voz preguntó de nuevo-"Me llamo Carlos y tú?

La voz era real, y al escuchar ése nombre algo subió por mi espalda, era miedo, puro y oscuro. Carlos, sí, eso dijo, ¿por qué algo tan malvado se llamaría a sí mismo Carlos?...

Una vela se ha apagado, una sola vela queda, la última luz que veré. Debo apresurarme y terminar, siempre consideré irónico el hecho de ser alguien que tiende a hablar mucho cuando nunca tuve a nadie con quien hablar a excepción de mí mismo y bueno, él. Eso.

Temeroso y en medio de la oscuridad le respondí, intenté verlo, pero el rincón en el cual estaba era en el que mi armario reposaba, un enorme mueble de madera, era fácil esconderse al lado del armario, alguien podía entrar a la habitación y el enorme mueble te cubriría. Al igual que lo cubría a él esa noche.

"Deberías despertar a tus padres" dijo la voz, que creo imitaba a un niño.

"¿Por-por qu-qué?" mi voz sonaba aún mas tímida. La voz rió con un tono depravado, ahí fue cuando dijo el nombre de mi hermano. Y después dijo que él estaba muerto.

No pude gritar, aunque quise, la risa del niño llenó mi cabeza, me encontraba caminando a oscuras por el corredor de mi casa, temblando, buscaba a mis padres pero la habitación parecía haber estado en otra casa, antes de llegar dislumbré la habitación de mi hermano, la luz estaba encendida. Caminé hasta que mi mano tocó a su puerta, no hubo respuesta. Mi voz aún no volvía. "Ábrela, vámos..." el niño estaba en el pasillo conmigo, aunque no veía nada, imaginé a un ser tan grande como las oscuridad misma del corredor, su rostro sonreía. Oh Dios, siempre sonreía.

Abrí la puerta y entré, entonces mi voz finalmente volvió y no dejé de gritar ni cuando mis padres salieron de su habitación aterrados, ellos gritaron conmigo, mis hermanas gritaron poco después. No dejé de gritar ni cuando los paramédicos llegaron y me inyectaron, no podía dejar de gritar pues Él seguía ríendo. Aún sigue ríendo...

Tengo tanta hambre, ¿cuando fue la última vez que comí?, no sé, no importa, mi boca está seca y áspera, las sombras casi cubren la habitación, excepto mi rincón, ya olvidé que día es hoy, mi edad. Sólo me queda la parte trasera de ésta vieja hoja de papel, las paredes parecen encogerse, como una enorme boa engullendome, mis pulmones duelen, no sólo mis recuerdos desaparecen, yo estoy desapareciendo. Sólo un poco mas, por favor lápiz, no te quiebres...

Nunca supe por qué, nunca hubo una razón, yo la verdad no creo que "depresión" haya sido la causa de su "suicidio", sólo sé que lo que haya causado su muerte, es lo mismo que ha estado a mi lado. ¿Locura?, no, es algo mas malvado, no quiero saber qué es exactamente.

Mi padre había cortado la soga finalmente para cuando la ambulancia llegó, él, bueno, su cadáver, yacía en el corredor. El piso de su habitación estaba manchado con sangre, demasiada.

Mi madre y mis hermanas corrían desesperadas por "despertar" de aquella pesadilla, yo permanecí al lado de mi padre mientras el buscaba un pulso que ya no existía. El rostro de mi hermano era tan blanco, sus ojos estaban tan abiertos, era como si estuvieran a punto de salir expulsados de su cabeza, su boca abierta, él murió con una eterna expresión de terror. Había cortado sus brazos tan profundamente con unas tijeras que se había hecho agujeros hasta llegar al hueso, todos los tendónes reventados, lo que nos dijeron al final fue que el se colgó en su habitación justo antes de morir desangrado. ¿Tiene sentido?, un joven de creo 19 años, enreda una soga en su cuello y justo antes de saltar y asfixiarse se perfora horriblemente sus brazos con una tijera. Todo en completo silencio y justo después de haber celebrado el cumpleaños de su hermano menor. Fin...

No sé que más puedo decir o escribir, muchas de las cosas que vinieron después de esa noche son borrosas, la escuela, amigos, tareas, peleas, terapia, todo se ha ido. No sé que pasó con mis hermanas, ¿será que mis padres se recuperaron y de alguna forma murieron en paz?, ¿por qué no fui a su funeral? ¿Que cosas hice? ¿tuve algún logro a pesar de mis problemas?

Los pocos años que me quedaron de infancia los pasé en terapia, en las noches veía el cuerpo de mi hermano colgando sobre mi cama como uno de esos muñecos que salen de sorpresa en una casa embrujada, el sonido de la soga de mareaba, veía su rostro pálido aparecer en la oscuridad, en mi puerta, sus ojos desorbitados viendo a todos lados, sentía sus manos en mi cuello con la piel y carne desgarrada.

Increíblemente lo peor no era eso, era lo que habita en el rincón, una sombra cada vez mas grande y espesa que ha ido consumiendo mi existencia, la pobre vela en mi mesa no puede iluminar ya mi rincón. Supongo que no entenderé lo que le pasó a mi hermano. Pero creo que, aunque trágica, su muerte lo hizo eterno, mostró que él fue real, que importaba.

Yo en cambio, ya ni siquiera sé cómo luzco, ¿me gustó algo en general?, morir es mejor que desaparecer, ¿quién me recordará?

Ojalá hubiera muerto, al menos mientras aún tenía vida que perder, gente que dejar en luto, logros que dejar pendientes.

Ahora solo tengo ésta hoja que ni siquiera tendrá una firma

Soplaré la vela moribunda y pediré un deseo...

"Hola" me ha dicho la voz.

Si es que alguien lee esto, supongo que no tendrá sentido, ¿es éste el delirio de un loco?, tal vez. Ojalá pudiera darle un final apropiado a mi relato, pero tengo mucho miedo ahora. Lo siento, sólo tengo un deseo. No me olviden.

Carlos...Carlos...

¿Es cierto?

Creo que...creo que...mi nombre es Carlos...

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