cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
En fuera de juego
Humor |
25.01.15
  • 5
  • 5
  • 1067
Sinopsis

Este relato es un ejercicio de campos semánticos que llevamos a cabo recientemente en un taller de escritura en el que participo. El campo que me tocó a mí fue el deportivo.

En la habitación, decorada con muebles viejos ya pasados de moda, saltó al terreno de juego el once titular, compuesto por el anciano matrimonio formado por Paca y Gregorio, que se disponían a dormir. Con torpes y lentos movimientos, se desvistieron, para a continuación ponerse el pijama y entrar en la cama. Cansados y somnolientos de sudar la camiseta en el match decisivo de la vejez, estaban deseando descansar en el tiempo muerto de la noche hasta la amanecida.

             Paca miró con desagrado la desgastada ropa de dormir de su marido. Pensaba que el raído maillot de él ya había dado todo lo que tenía que dar de sí.

             -Ay que ver Gregorio. La de años que llevas con el mismo pijama feo. Podrías comprarte uno más nuevo.

             -Calla mujer. Lo que sale bueno, que dure toda la vida.

             Paca desistió de hacerle la bicicleta en su intento por modernizar el vestuario de su esposo. Se dieron un beso de buenas noches, y luego cada uno apagó la luz de la lámpara de su respectiva mesita de cama. No había pasión ya en ellos, pues hacía tanto que colgaron las botas en su lecho conyugal que ni se acordaban.

             Justo cuando estaban quedándose dormidos, un fuerte ruido los sobresaltó. Encendieron las luces. Desde el piso de arriba les llegó un jaleo de risas y voces, un bullicio entremezclado con música de reguetón y pachangueo.

             -¡Otra vez están los panchitos estos de fiesta! –se quejó indignada Paca, quien prosiguió con su “siempre negatifo, nunca positifo”-. Esto no puede ser, todos los viernes igual. Anda y te llegas y les dices que bajen la voz, que con este ruido de mil demonios no hay quien descanse.

             Antes siquiera de empezar el primer asalto, Gregorio tiró la toalla. Decidió que el derby de esa noche lo ganase Paca, pues bien sabía que si le llevaba la contraria ella le dejaría KO en un santiamén con uno de sus ganchos de derecha en forma de mordaces comentarios.

             -Está bien, está bien. Ya me subo y les digo cuatro cosas.

             Gregorio se puso su batín por encima del pijama y salió derrotado del ring. Fue a paso lento, como era de suponer por su condición de gregario. Con gran esfuerzo fue subiendo los escalones que le llevarían hasta el puerto de montaña de la cuarta planta. Una vez llegó hasta la puerta de los alborotadores, se detuvo un momento para coger aliento, pues la pájara que le dio en el ascenso le había dejado exhausto. Cuando recuperó las fuerzas, llamó a la puerta.

             Nadie le abrió. Gregorio pensó que cómo iban a escuchar el timbre los hooligans esos, con el escándalo que estaban montando. Llamó de nuevo. Dos timbrazos cortos, uno largo. Quería asegurarse de que le oyeran.

             Después de un minuto o dos de espera, por fin alguien le abrió la puerta. Era una joven sudamericana de unos treinta y tantos, horrorosamente vestida y con los pechos a punto de explotarle de lo ceñidos que los llevaba.

             Gregorio separó los labios para arremeter contra los juerguistas y decirles que o calmaban un poco el barullo aquel o llamaba a la policía. Sin embargo, antes de que pronunciara palabra alguna, sucedió algo inesperado. La colombiana pechugona le cogió de la mano y le introdujo en el piso. Gregorio no podía creer en su suerte. Nunca el árbitro del destino le había concedido un penalti así, tan inesperado.

             -Ay pero que lindo que se haya llegado. Ya sabíamos que eran ustedes buenos compadres. Únase con nosotros a esta vaina. Por cierto, ¿dónde paró la esposa de usted?

             Aprovechando que la mejor defensa es un buen ataque, Gregorio no lo dudó dos veces y se fue con ella. Jamás llegó a imaginar que un día estaría en la pole position con semejante bombón.

             Romina, así se llamaba la despampanante mujer, fue guiándole en cabeza de carrera hasta el salón de la vivienda, donde los demás asistentes a la fiesta bailaban ahora pegaditos al ritmo de bachatas de amor.

             Gregorio tomó ventaja en el set cuando cogió del talle a Romina, quien sorprendida por el buen drive del abuelo se dejó hacer. Con más moral que el Alcoyano, él le puso una mano en la nalga, contento por tocar carne prieta en muchos años. Ella sin embargo le puso un tapón rápidamente, obligándole a subir la mano hasta la cintura, mientras se reía de forma pícara. La rotura de servicio de Gregorio no había funcionado.

             A su alrededor, algunos hombres jóvenes bailaban en la sala acaramelados con sus compañeras, mientras otros chupaban banquillo sentados en sillas. El más apuesto de ellos, José Waldo, arrebató con un furtivo regate a Romina de los brazos de Gregorio, haciéndole retroceder campo atrás. Él era el pichichi de la fiesta, el galán que metía todos los goles y ponía contra las cuerdas a aquellos que intentaran disputarle la hegemonía del baile.

             Mientras, en el piso de abajo, harta de esperar en la cama haciendo la goma, Paca se extrañó del retraso de su esposo. Creyó conveniente ir a ver que había sido de él. Antes de subir como coche escoba en busca de Gregorio, hizo una breve parada de avituallamiento en la cocina. El ascenso a la cuarta planta también a ella le costó un mundo, pues los altos escalones emulaban una sinuosa carretera rompepiernas. Observó con asombro que sus jaraneros vecinos se habían dejado la puerta abierta. Sin pensarlo dos veces, igual que un delantero a puerta vacía, remató la jugada entrando en el piso para debutar en la fiesta.

             Lo que vio a continuación la dejó helada. Corriendo como Messi por la banda, llegó hasta el salón, donde pilló a Gregorio in fraganti en pleno fuera de juego metiendo un triple con otra jovencita sudamericana, a la que tenía bien agarrada de las caderas en el sensual baile de la canción que sonaba en ese momento.

             Asustado al verla de repente, Gregorio soltó a la joven, comprendiendo que Paca le había hecho un tie-break o muerte súbita.

             -¡Tendrá valor el viejo verde éste! ¡Pues no me lo encuentro bailando aquí con una fulana en lugar de decirles a los panchitos estos que acaben con la algarabía que tienen montá! –las imprecaciones que Paca expulsaba sin pudor supusieron para Gregorio una fulminante tarjeta roja y la evidente expulsión del partido -. ¡So guarro, más que guarro! Anda y tira pabajo que te vas a enterar.

             Gregorio sabía que este desliz probablemente le costaría un descenso a segunda división de varias noches en el sofá de su casa, pero bien lo había valido el haber participado por un rato en semejante all-star de bellezas latinas.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

¿Sobre mí? Bueno, qué decir..... soy un veinteañero tardío con muchas inquietudes. Me encanta escribir desde que era pequeño, y con mucho esfuerzo y sacrificio voy logrando pequeños éxitos en este mundillo. Escribo principalmente relatos cortos, pero tengo siempre presente la meta de publicar mi primera novela en un plazo no demasiado largo. Soy de los que prefieren ver el vaso medio lleno a todo. Intento disfrutar al máximo cada día que pasa (o al menos que no sea tan malo). No sé qué es lo que me deparará el mañana, lo importante es el ahora. Y muy gustosamente compartiré "mi ahora" literario contigo, lector/a.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta