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8 min
En la cabaña perdida
Suspense |
02.11.14
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Sinopsis

A veces las cosas no salen como parece...

En la cabaña perdida:
En un bosque sombrío y oscuro, una pequeña cabaña abandonada mostraba varios signos de deterioro. Dentro podían observarse las maderas desgastadas y humedecidas(a la vez que podridas), telarañas colgando del mismo techo destruido y otros horrores visuales como ratas muertas y hongos. Es lógico intuir que los habitantes de esta casa son pequeños y algunos casi diminutos, así es,  los insectos reinaban sobre esta morada, específicamente las arañas, que celosamente controlaban el lugar.

La cabaña contenía 2 ventanas, de las cuales podía observarse el bosque a fondo, esto es porque estaban en un estado deplorable, en una de ellas, una tela de araña se mostraba impotentemente sobre los pocos vidrios que le quedaban a ese despojo de madera. La otra, que de por si estaba muy destruida, estaba libre de insectos, solo tenía unas pocas cochinillas que rondaban por ese lugar en busca de escaparse de la luz.

Sin lugar a dudas lo más horrible de aquel refugio era el techo, estaba lleno de agujeros que dejaban entrar constante luz solar y a la vez desprotegían a los insectos del agua de la lluvia, por este motivo, gran parte del mismo estaba podrida.

Una de esas veces, al mediodía, un conejo muy curioso entró en la cabaña, tal vez solo por su instinto o tal vez solo porque quería conocer que había allí dentro. Las arañas se sorprendieron cuando lo vieron y decidieron no bajar la guardia, a pesar de ser solo un conejo. Pero el pequeño animal blanco luego de explorar el lugar y observar cada rincón de él decidió irse para seguir su labor de de buscar comida para sobrevivir. Cuando llegó a la entrada, será por mala suerte, se le cae una madera de uno de los lados del cuchitril encima, dejándolo atrapado. Las arañas observaban esto asombradas.

-¡Maldición! Exclamaba el conejo atemorizado.

El tiempo no corrió mucho cuando de pronta nota que se posa una mariposa frente a él, una mariposa con alas tan rojizas como la sangre. Esto no solo le llamó la atención debido a la belleza de tal especie, sino también porque visualizó la oportunidad de ser ayudado.

-Ho...Hola...Quedé atrapado hace poco por estas maderas putrefactas... ¿Puedes ayudarme? Exclamó el conejo

La mariposa lo miró fijamente por un rato, voló más hacia la nariz del mismo y le dijo a los ojos:
-El está por venir.
El pequeño conejo quedó confuso ¿Quién era el? aún así repitió su pregunta:
-Ehm... ¿Puedes ayudarme?
-... El vendrá en un rato. Dijo la mariposa
Ante un intento de seguirle la corriente al pequeño infierno rojo alado y porque no entendía nada de lo que estaba pasando a su alrededor, el conejo preguntó:
-¿Quien es el?
La mariposa lo miró fijamente, sus ojos estaban clavados punzantemente en los ojos del conejo, una mirada triste y atemorizante, lúgubre, tan lúgubre que perturbó al animal blanco.
-¿Puedes ayudarme? Insistió el pobre desamparado.
-Yo no puedo hacer nada, no tengo la fuerza requerida para poder levantar esos escombros, pero quizá el pueda hacerlo.
El mamífero estaba empezando a asustarse, ¿"El" sería un humano? ¿Otro insecto acaso? ¿Algún escarabajo fortachón que pudiera levantar esas maderas? Pensó. Reflexionó que obviamente esto era imposible y repitió en su intento de entender las cosas:
-El... ¿Quién es? ¿Quién es exactamente?
La mariposa contestó:
-El es como tú, un mamífero, pero más grande y peludo, además de robusto.
El pequeño estaba atemorizado "Grande","Peludo","Robusto" eran tres señales para definir a un depredador. No dudó ni un segundo, la mariposa no iba a ayudarle, empezó a moverse rápidamente, a golpear las maderas, a tratar de saltar, a salvar su vida.
-¡Ahí viene! Exclamó el insecto.
Por la puerta, entre el brillo del sol, aparece un zorro, grande, robusto y con bastante pelo, algo viejo por lo que se veía. Casi parecido a un perro.
Cruzó miradas con el conejo, tres segundos bastaron, los dientes del animal estaban en el cuello del pequeño mamífero, la sangre se esparció en esa madera pútrida ese día, el dueño de la cabaña ya tenía su comida.
Mientras tanto, en la ventana, la mariposa se posó en el borde roído, miró los ojos del conejo muerto, ascendió hacia el cielo y observó si alguien se acercaba a la cabaña.

2014/11/2

En la cabaña perdida:

En un bosque sombrío y oscuro, una pequeña cabaña abandonada mostraba varios signos de deterioro. Dentro podían observarse las maderas desgastadas y humedecidas(a la vez que podridas), telarañas colgando del mismo techo destruido y otros horrores visuales como ratas muertas y hongos. Es lógico intuir que los habitantes de esta casa son pequeños y algunos casi diminutos, así es,  los insectos reinaban sobre esta morada, específicamente las arañas, que celosamente controlaban el lugar.

La cabaña contenía 2 ventanas, de las cuales podía observarse el bosque a fondo, esto es porque estaban en un estado deplorable, en una de ellas, una tela de araña se mostraba impotentemente sobre los pocos vidrios que le quedaban a ese despojo de madera. La otra, que de por si estaba muy destruida, estaba libre de insectos, solo tenía unas pocas cochinillas que rondaban por ese lugar en busca de escaparse de la luz.

Sin lugar a dudas lo más horrible de aquel refugio era el techo, estaba lleno de agujeros que dejaban entrar constante luz solar y a la vez desprotegían a los insectos del agua de la lluvia, por este motivo, gran parte del mismo estaba podrida.

Una de esas veces, al mediodía, un conejo muy curioso entró en la cabaña, tal vez solo por su instinto o tal vez solo porque quería conocer que había allí dentro. Las arañas se sorprendieron cuando lo vieron y decidieron no bajar la guardia, a pesar de ser solo un conejo. Pero el pequeño animal blanco luego de explorar el lugar y observar cada rincón de él decidió irse para seguir su labor de de buscar comida para sobrevivir. Cuando llegó a la entrada, será por mala suerte, se le cae una madera de uno de los lados del cuchitril encima, dejándolo atrapado. Las arañas observaban esto asombradas.

-¡Maldición! Exclamaba el conejo atemorizado.

El tiempo no corrió mucho cuando de pronta nota que se posa una mariposa frente a él, una mariposa con alas tan rojizas como la sangre. Esto no solo le llamó la atención debido a la belleza de tal especie, sino también porque visualizó la oportunidad de ser ayudado.

-Ho...Hola...Quedé atrapado hace poco por estas maderas putrefactas... ¿Puedes ayudarme? Exclamó el conejo

La mariposa lo miró fijamente por un rato, voló más hacia la nariz del mismo y le dijo a los ojos:

-El está por venir.

El pequeño conejo quedó confuso ¿Quién era el? aún así repitió su pregunta:

-Ehm... ¿Puedes ayudarme?

-... El vendrá en un rato. Dijo la mariposa

Ante un intento de seguirle la corriente al pequeño infierno rojo alado y porque no entendía nada de lo que estaba pasando a su alrededor, el conejo preguntó:

-¿Quien es el?

La mariposa lo miró fijamente, sus ojos estaban clavados punzantemente en los ojos del conejo, una mirada triste y atemorizante, lúgubre, tan lúgubre que perturbó al animal blanco.

-¿Puedes ayudarme? Insistió el pobre desamparado.

-Yo no puedo hacer nada, no tengo la fuerza requerida para poder levantar esos escombros, pero quizá el pueda hacerlo.

El mamífero estaba empezando a asustarse, ¿"El" sería un humano? ¿Otro insecto acaso? ¿Algún escarabajo fortachón que pudiera levantar esas maderas? Pensó. Reflexionó que obviamente esto era imposible y repitió en su intento de entender las cosas:

-El... ¿Quién es? ¿Quién es exactamente?
La mariposa contestó:
-El es como tú, un mamífero, pero más grande y peludo, además de robusto.

El pequeño estaba atemorizado "Grande","Peludo","Robusto" eran tres señales para definir a un depredador. No dudó ni un segundo, la mariposa no iba a ayudarle, empezó a moverse rápidamente, a golpear las maderas, a tratar de saltar, a salvar su vida.

-¡Ahí viene! Exclamó el insecto.

Por la puerta, entre el brillo del sol, aparece un zorro, grande, robusto y con bastante pelo, algo viejo por lo que se veía. Casi parecido a un perro.

Cruzó miradas con el conejo, tres segundos bastaron, los dientes del animal estaban en el cuello del pequeño mamífero, la sangre se esparció en esa madera pútrida ese día, el dueño de la cabaña ya tenía su comida.

Mientras tanto, en la ventana, la mariposa se posó en el borde roído, miró los ojos del conejo muerto, ascendió hacia el cielo y observó si alguien se acercaba a la cabaña.

 

2014/11/2

 

 

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