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2 min
En la escuela (1)
Varios |
20.05.07
  • 3
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  • 1409
Sinopsis

...tus manos estaban tan calientes que comencé a sentirme húmeda allí abajo antes de que llegaran a tocarme realmente...

Había leído casi todas las cartas de su hermana mayor, la primera vez que se acarició fue tras su primer robo. El hecho de pensar que le estaba robando la intimidad a su propia hermana le excitaba aún más.
Tenía 12 años, entró en el dormitorio, la caja azul de galletas guardaba las cartas perfumadas, siempre lo había sabido. Cogió la primera, la más antigua y se encerró en el cuarto de baño, tras terminar de leerla, llenó la bañera, la casa permanecía en silencio. Se enjabonó despacio dejando que sus manos esparcieran la espuma por todos lados, cada frase resonaba en su cabeza.

Las hermanas nunca llegaron a vernos, como mínimo nos hubieran echado de la escuela. Te acercabas a mi cama despacio, cuando el resto dormía, las primeras veces me gustaba hacerte creer que yo también dormía...

Cada palabra, cada gesto descrito en las cartas se representaba perfectamente en su imaginación. Estaba sudando, bajó la mano que en ese momento se empeñaba en acariciar repetidamente sus pezones incipientes hasta el pubis. Todo lo hizo como estaba descrito en sus cartas, pensó sonriendo para dentro que esta podría ser la herencia de su hermana mayor, enseñarla a amar su cuerpo, a vibrar de placer sumergida en un océano de jabón. El orgasmo llegó rápido, su cuerpo, dulce cuerpo adolescente, se arqueo involuntariamente, esa primera vez gritó, no le importó la casa estaba desierta.

Julia, se que nuestro amor, fue un amor de niñez, de soledad y juegos, de susurros y caricias, te extraño y extraño también aunque parezca imposible esa habitación blanca, plagada de camas infantiles. ¿Crees que estuvimos locas?

Su hermana 10 años mayor, una desconocida, que ahora poco a poco tenía la posibilidad de descubrir, incluso llegó a pensar que esas cartas estaban allí esperándola, esperando ser leídas por ella, para borrar la pena en la que quedó sumida la casa tras su muerte.

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