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2 min
Encierro
Suspense |
06.01.20
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Sinopsis

El camino que lleva a la locura.

Corría con todas sus fuerzas. El jadeo que brotaba de sus labios era caliente. Aquella silueta que lo perseguía seguía escondida en el anonimato, cuan asesino serial fuese.

 

El pasillo, (o lo que parecía serlo), estaba lleno de lamentos y sollozos de niños; algunas ondas de ruido se introducían en los tímpanos del hombre.

 

(Maldita sea, cuanto lo siento.)

 

Sus pasos se debilitaban conforme el suelo, que era una vil mentira, succionaba cada ápice de su habilidad motora. Debajo del suelo, se podía distinguir el sonido de los elásticos accionarse. Como si niños brincasen sobre una cama muy oxidada – los martilleos llegaban a su cerebro, presa del interminable lamento infantil que lo rodeaba.

 

Hasta que ÉL llegó.

 

El hombre, había llegado al final del pasillo, que no era más que una pared blanca con un espejo. Al voltearse tras de él, logró verlo:

 

La bestia no era más que su vivo reflejo: en sus facciones descansaban manchas de sangre; sus ojos se habían vuelto oscuros y sin aparente trasfondo, estaba esposado de manos. De sus labios sobresalía una lengua de serpiente, de la cual caía saliva, que, en medio del horror, el hombre acertó que era un veneno corrosivo.

 

La bestia, preparada para atacar, orilló al hombre a verse al espejo. La imagen que aquel pedazo de vidrio le regaló no era más que su propia figura, parada en medio de un cuarto oscuro.

 

Nuevamente, volteó tras de él. El monstruo no estaba ya; había desaparecido de aquel lugar. Pero, seguían los incesantes lamentos de los niños, así como el chirriante sonido de los elásticos. El hombre, en plena confusión y paranoia, se desplomó en el suelo, mientras las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos.

 

Despertó.

 

Se encontraba en una celda; lo recordó por fin. Los niños y los elásticos. Una condena eterna. Lo terrible y escalofriante de aquella realidad, era que apenas era el primer día de su encierro.

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