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7 min
Encuentro con mi doble
Reales |
27.02.15
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Sinopsis

Encuentro con mi doble

Encuentro con mi doble

Hacía una eternidad que no me encontraba con mi doble, me llamó hace unos días para que nos viéramos. En un primer momento albergué la esperanza que hubiera cambiado, que se hubiera producido alguna mutación genética en su ser y se hubiera convertido en alguien normal, me invadió cierta inquietud imaginando que hubiera experimentado esa transformación hacia el lado positivo, ¡ingenuo de mí!, qué pronto se convirtió en otra desilusión.

Me citó en el Zurich, no entiendo porqué tengo que estar a expensas de sus caprichos, me dan ganas de decirle que si tiene tanto interés en verme, que venga a mi barrio y no me haga desplazarme al centro, a una terraza atestada de guiris donde los camareros te despiden con mucha habilidad pero con un sablazo en la cartera y una sonrisa cínica en la boca. No sé si es debido a su carácter persuasivo o a mi tendencia masoquista, lo cierto es que siempre termino accediendo a sus pretensiones. Y encima parece que me hace un favor.

Cuando llegué, a eso de las once, una mañana de sábado fresca y soleada, allí estaba, sentado en un lugar bien visible, con unas gafas de sol estilo Stevie Wonder y un café con leche en una taza desproporcionadamente grande, en cuanto me vio, alzó la mano y dando muestras de su insufrible indiscreción, la agitó mientras reclamaba mi atención al tiempo que la de todos los demás, no pasa desapercibido, no,  "¡aquí!, ¡aquí!...", ya me arrepentía de haber ido.

- Ya te había visto, no hacía falta alertar a todo el mundo - le dije
- ¡Venga ya...!, a la gente le da exactamente igual, cada uno va a lo suyo sin importarles en absoluto nuestra presencia, miran porque sus vidas son aburridas y se sienten atraídos por cualquier novedad, pero su interés es efímero, dura el instante y nada más, te aseguro que ni siquiera se han fijado, somos trasparentes, como si no estuviéramos.

Alzó la voz para pedir un café con leche al camarero mientras atendía otra mesa, el camarero meneó la cabeza apercibiéndole se su mala educación, mientras mi doble se tronchaba de risa

- ¿Lo ves...?, no pasa nada, la vergüenza te corta las alas, te priva de hacer lo que te de la gana, ¿cuanto crees que tardaría en atendernos si no montáramos una pajarraca?, pues así todo, la ley del más jeta, así funciona esto...
- Mira doble, ahórrate tus lecciones de urbanidad que no me hacen falta, si quieres llamar la atención y dar muestras de tu mala educación, hazlo cuando estés solo, pero no conmigo.

Se le veía bien, su aspecto físico irreprochable, su cara mostraba ese atractivo que da la despreocupación, la de estar por encima de todo, la de aquél que le importan pocas cosas, con una sonrisa perenne que no se pierde por nada

- ¿Cómo lo haces para estar siempre sonriendo?, - le dije
- ¡Porque soy feliz, tío...!, porque me la pela todo, y porque le doy a las cosas la importancia que tienen, que es nada. ¡Mírate tú...!, parece que estés amargado, siempre enfadado, preocupándote si llamas o no la atención, preocupado por pedir las cosas educadamente, con el manual de instrucciones siempre en el bolsillo dispuesto a comprobar si lo que haces está bien o mal, ¡haz lo que te de la gana...!, ¿no ves a los demás?, ¡míralos...!, ahí los tienes, la mayoría con cara de perro, sujetos a las normas
- Bueno, qué se te antoja esta vez, qué quieres
- Pues nada, verte, saber de ti, cómo te va. Yo también tengo mi corazoncito y me intereso por los amigos
- Nosotros no somos amigos, tú eres sólo mi doble, lo que no me causa ninguna satisfacción sino que considero una desgracia saber que anda un tipo por ahí igualito que yo en lo físico, pero opuesto a mi manera de ser.
- Un tipo igualito a ti, pero feliz...
- Tú basas la felicidad en la ausencia de valores. No me creo nada esa pose que tienes de despreocupación, de vivir ajeno al mundo, ni me creo que esa sonrisa tatuada sea producto de la felicidad, más bien la relaciono a una actitud irónica, a la lucha contra una insatisfacción, una sonrisa aferrada a tu cara como los mejillones a las rocas del mar. No te atrevas a decirme lo que está bien y lo que está mal, no necesito comprobar qué hacer en ningún manual, me educaron en unos valores que son los que sigo, y no los voy a cambiar porque a ti te parezca que seguirlos es una falta de personalidad. Si tengo cara de perro, es porque me desagrada tu actitud, porque me avergüenza que seas tan distinto pareciendo tan igual.
- Vaya... ¡que no falte el sermón...!

En realidad sabía que tenía razón, él había optado por un mundo libertino en el que actuaba como le daba la gana, sin hacerle ascos a nada, pero al fin y al cabo, es un mundo pequeño que enseguida se acaba, porque al final, todo viene a ser lo mismo, a relacionarse con personas de su misma calaña y con el espíritu igual de vacío, a una repetición idéntica con diferentes caras, a una falta de arraigo, a una ausencia de solvencia, a una pesadilla que se repite día tras día y de la que terminas despertándote sobresaltado cuando te das cuenta que tratas siempre al mismo personaje con diferente careta, cuando te das cuenta que eres tú tras una máscara.

Me contó varias de sus últimas hazañas, en el fondo me entretiene escucharlo, le da un énfasis extraordinario a lo que son cosas de relativa cotidianidad, pero él se monta su mundo, su película de ficción en la que más del cincuenta por ciento de las escenas son cosecha de su desbordada imaginación, pero se siente feliz siendo protagonista de esas películas, yo... porque en el fondo le tengo algo de afecto por lo de pueril que me resulta su comportamiento, hago muestras de asombro y entusiasmo al escucharlo, y él así se siente feliz, supongo que también me tiene algo de aprecio.

A pesar de, por los meros avatares de la vida, ser simplemente mi doble, me toma como un hermano mayor, busca mi aprobación para un comportamiento que él sabe no es el más correcto, como el pecador, siendo consciente de sus pecados, acude al confesor para que, compartiéndolo, alivie su pesar, yo...  me limito a decirle que lo que hace no me gusta, y que si busca mi aprobación, no la tiene, pero también le digo que no se preocupe demasiado, porque, probablemente, con quienes comparte esas películas, son actores del mismo género.

Nos despedimos con un abrazo, creo soy un poco sentimental y mi doble, creo que un poco infantil.


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