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18 min
A espaldas del mundo
Amor |
08.06.15
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Sinopsis

La sombra de un pasado sangriento pesa sobre los inesperados romances del presente. Nada tan inocente como el amor verdadero prevalecerá en medio de la enemistad de dos familias cuyo secreto más preciado parece ser la verdadera naturaleza de su existencia.

 

Capítulo 01.- Otro momento de titubeo

Cuando estaba confundida y no sabía qué hacer me gustaba correr a través del bosque. Era agradable sentir mi cuerpo deslizándose entre los árboles y el viento rozándome la cara. A los veintiún años aún no había cazado a ningún humano, lo quise hacer a los dieciocho pero mi padre me lo impidió, siempre me sobreprotegió demasiado. Era Robin quien se encargaba de llevar a las indefensas víctimas ante mí para que yo las desangrara. Recuerdo muy bien la primera vez, cuando todos aquellos años de dolor en mi garganta se extinguieron en cuanto el caliente líquido entró en mi cuerpo. Y así fue hasta ahora cuando por fin Elrond Vulturi había desatado las cadenas que aprisionaban mis instintos de cazadora.

Era diferente con Robin, a veces hasta parecía que lo quería más a él que a mí, tal vez porque en cierta forma él era como el hijo varón de su sangre que jamás había tenido. Todo volvía y se iba de mi memoria mientras corría como cabalgando entre el viento sobre el corcel de mis propias piernas, cada vez más rápido y más cerca… muy cerca del camino prohibido.

 

Entonces lo sentí, y el mundo se detuvo a mi alrededor apenas detuve mi veloz recorrido. En medio del aire, a la distancia pude percibir aquel hálito, y a mi memoria regresó el fugaz recuerdo de Michael Marlowe recostándome sobre la orilla del río. Sí, él me había tomado en sus brazos y yo lo había sentido muy cerca. Era el mismo olor de aquella vez en el que mi conciencia oscilaba entre la vida, el sueño y la muerte. Avancé despacio entonces mientras escuchaba, justo hacia el lugar que mis sentidos me indicaban. Ahora sí, pensé, había llegado el momento de asesinar a uno de los Marlowe como se me había encomendado. Él parecía esperar, consciente también de mi presencia a tan poca distancia del territorio prohibido. Allí estaba de nuevo, Michael Marlowe.

 

- ¿Otra vez tú…? –me dijo sin volverse a mirarme-. Creí que después del escarmiento de la última vez no volverías a atacar a un vampiro más fuerte que tú.

 

- Si en verdad eres mejor que yo, ¿Por qué no me dejaste morir?. Ya habías ganado la partida.

 

- Ves como no vale la pena pelear contra tí –replicó Michael con notorio desdén-. Si te dejaba en aquel río no habría sido yo el que te hubiera asesinado-. Mientras hablaba el simple tono arrogante de su voz y cada una de sus palabras de desprecio eran como un desafío que enardecía aún más mis deseos de golpearlo.

 

- Definitivamente tu padre cometió un imperdonable error al enviarte a tí a enfrentar a los Marlowe. Robin es mejor que tú, él sí sería un digno rival… para cualquiera de nosotros.

 

- Desde luego que no… -le respondí y mis ojos debían estar ya tan rojos como mi cabello-. Y voy a demostrártelo…

 

Anabelle se movió como un relámpago rojo, pero Michael supo confrontar hábilmente la violencia de su ímpetu. Fueron momentos de silencio y rumor al mismo tiempo en los que solo podía percibirse el fragor de una batalla muy bien calculada, como si se tratara un entrenamiento más a los que ambos rivales tan acostumbrados estaban. ¿Acaso Michael estaba jugando de nuevo, solazándose con la temeridad de su contrincante?. En efecto, porque nunca fue su intención  desperdiciar demasiado tiempo. Michael dejó que aquella mujer creyera que podía tener cierta ventaja sobre él, y entonces cuando ella se confió, él decidió terminar de una vez por todas con aquel absurdo enfrentamiento. Esta vez, la engreída hija de Elrond Vulturi se convencería plenamente de su inferioridad ante él.

No pude precisar en qué momento Michael derribó mi defensa y aprisionó mi brazo derecho fijándolo fuertemente sobre mi espalda con su fuerza sobrehumana mientras con su otra mano me tomaba por la nuca recostándome sobre una gran roca que se alzaba en medio del bosque como un altar de sacrificio.

 

- Dime algo –me dijo entonces- ¿Piensas seguir viniendo a observar el territorio que según tu padre les pertenece a los Vulturi?. ¿Acaso no entiendes que esta guerra no tiene únicamente que ver con el paso de Alarielle?. Tu padre te oculta más cosas de las que crees. ¿Lo sabías?. ¿Sabías que fue tu madre una de las causantes de esta enemistad?. Cuando estés con Elrond, pregúntaselo. El debió llevarse a esa mujer lejos de aquí y desistir del paso que nos pertenece a los Marlowe, pero quiso venganza y por eso estamos aquí, pagando el precio por los errores de nuestros padres. ¿Lo entiendes ahora niña tonta?. ¿Entiendes realmente porqué estas peleando?.

 

Mientras hablaba yo sentía la respiración de Michael muy cerca de mí, sobre mi piel y parte de mi cuello, de pronto hasta me pareció que él se solazaba respirando el olor de mi cabello. Pero de repente sus brazos cedieron dejando de ejercer presión sobre mí. Me soltó y yo no tuve más remedio que sujetarme de aquella roca para no caer. Michael se volvió rápidamente con el evidente propósito de marcharse…

 

- Espera –le dije.                         

 

Entonces se detuvo, pero no se volvió para mirarme.

 

- Eso que dijiste sobre mi madre. ¿Qué significa?. ¿Qué tuvo ella que ver en todo esto?.

 

- Lo que yo sé solo acrecienta mi rencor hacia los Vulturi… Tal vez tu padre, si así lo desea, se decida por fin a contarte las cosas que aún ignoras. Un verdadero guerrero debe conocer siempre el motivo por el que pelea, con mayor razón si su propósito es exterminar a su enemigo. Por eso te digo que no eres rival para mí. Regresa a tu mansión y empieza desde el principio y cuando de verdad estés preparada búscame porque no tendré otra opción más que asesinarte como mi enemigo que eres.

 

El rumor de sus pasos sobre la hojarasca era muy leve a pesar que se alejaba rápidamente. Y mientras él se iba, en mí quedaban todas las dudas… y la humillación, otra vez se burlaba de mí como cuando me sacó del río. Otra vez Michael triunfaba sobre mí a pesar de mis esfuerzos, y otra vez me quedaba sin respuestas, y esa sensación extraña cada vez que él se me acercaba; también eso era parte de su perverso juego contra mí, y lo había dicho muy claro, su enemigo, yo era su enemigo, y él era el mío. Y sólo uno de los dos tendría que prevalecer en medio de esta guerra.

 

Capítulo 02.- Preguntas sin respuesta

Cuando abrí las puertas de la mansión y entré como una endemoniada dentro del gran salón, apenas si me fijé en la presencia de Reese y Aro, mis leales amigos.

 

- Anabelle… ¿Dónde estabas?. Ya nos estábamos impacientando… -la escuché decir. Pero para Reese no hubo ninguna respuesta. Ya encontraría el momento para pedirles perdón por mi indiferencia, después de todo, eso era lo que menos se merecían. Me vieron seguir el camino hacia la escalera que me llevaría hasta la biblioteca personal de mi padre.

 

- ¿Qué crees que le suceda…? –se preguntaba Reese.

 

- Ha estado muy rara últimamente –le refirió Aro- desde el  incidente en el río Narsil.

 

Sí, aquel incidente, y ahora las palabras de Michael con respecto a mi madre. Pero en algo tenía razón aquél desgraciado pues únicamente mi padre podría explicarme su significado. Lo encontré con Robin y Yoshiro, su guardaespaldas, hablando del próximo sacrificio de neófitos.

 

- Tenemos que hablar –le dije. Robin me miró con la misma condescendencia del hermano mayor hacia la más pequeña o “desinformada” de la familia-. ¡Robin! ¿Podrías dejarme a solas con mi padre?.

 

- A excepción de Soren y Jassier tienes la facultad para deshacerte de cualquiera de ellos –le encomendó mi padre a Robin antes de decidirse a tomarme en cuenta-; recuerda que no sólo tienen que ser fuertes, la supervivencia de nuestro clan dependerá de su lealtad hacia nosotros.

 

- Anabelle… -me respondió al fin-, estamos tratando un asunto importante. ¿Por qué mejor no lo dejas para después?.

 

- Se trata de mi madre…, alguien me estuvo contando rumores sobre ella.

 

Solo entonces Elrond Vulturi reaccionó y miró a Robin como suplicándole que nos dejara a solas. Ambos hombres salieron y por fin me quedé a solas con mi padre.

 

- Hija mía, acabas de recibir el entrenamiento adecuado, ya eres prácticamente una cazadora, y estaré más orgulloso de tí cuando me traigas la cabeza de uno de los Marlowe como trofeo. ¿Qué más puedo hacer por tí, sino prevenirte de las malas artes de la guerra…?. Y sí, los rumores suelen ser una de ellas.

 

- Michael Marlowe me dijo que mi madre fue culpable de la enemistad entre nuestras familias. ¿Es cierto eso?. ¿Por qué diría algo así?. Pude sentir su rencor cuando lo dijo y tiene que haber un motivo. Dímelo tú, no me envíes a combatir sin conocer antes toda la verdad.

 

Entonces se me acercó y deslizó su mano sobre mi rostro.

 

- Yo amé a tu madre más que a nada en el mundo –me dijo- y tú hija mía, eres lo único que me queda de ella…

 

- No me respondas con evasivas. Si no me lo dices tú, lo averiguaré de cualquier modo.

 

Mis palabras fueron firmes, pero Elrond Vulturi no encontró motivos para ceder.

 

- No te fíes de los rumores Anabelle, no seas como tu padre que por culpa de ellos cometió el peor error de su vida…

 

- ¿Cuál error?. ¿Por qué no me lo dices de una vez?.

 

- ¡No insistas más!. Soy tu padre y me debes respeto, confórmate con lo que ya conoces. Solo lo que  debes saber te ha sido confiado, y créeme, no necesitas saber nada más. ¡Ve con tus amigos ahora, no los hagas esperar más!.

 

Convencida de que no me diría nada por más que insistiera, salí de aquel lugar para encontrarme con Reese y Aro. Encontré a Robin conversando amigablemente con Reese, y a Miley, la guardaespaldas de él mirándolos desde un rincón, con sus fríos y oscuros ojos puestos sobre Reese como si le apuntara con una flecha invisible. Pero apenas me vió, su expresión cambió por completo y bajó la mirada como si mi presencia la hubiera puesto al descubierto. Para nadie era un secreto que Miley sentía algo más que lealtad hacia su amo; en cuanto a Reese, bueno, ella también tenía sus aspiraciones. Apenas me vieron mis leales amigos se acercaron a mí. Les debía una explicación, y también una disculpa, por eso les propuse salir hacia los alrededores del castillo.

 

- Solo lo que necesitas saber… Anabelle –me dijo Robin tomándome por el brazo poco antes de que me encaminara hacia la salida. Eran las mismas palabras que mi padre me había dicho. Lo miré fijamente a los ojos entonces. “¿Acaso él sabía lo que yo ignoraba?”. Pero mi entusiasmo duró poco, porque no me dijo nada más, únicamente se despidió de mí dándome un beso en la frente.

 

- A veces es lo mejor- concluyó.

 

Miley y Yoshiro lo siguieron, y yo continué mi camino hacia el exterior de la mansión.

 

- Si tu padre se ha empeñado en ocultarte la verdad –sugirió Reese- definitivamente debe tener algún motivo.

- ¿Qué piensas hacer ahora Anabelle? –intervino Aro.

 

- Tal vez el mismo Michael tendrá que decírmelo.

 

- Piensas ver a ese hombre de nuevo –me advirtió Aro- amenazó con matarte la última vez.

 

- Tendré que hacerlo –y en los ojos de Anabelle brilló un destello casi diabólico-, después de jugarme la última carta que aún me queda bajo la manga.

 

- ¿A qué te refieres? –inquirió Reese.

 

- Aún hay alguien en este castillo que puede revelarme lo que deseo…

 

Aramis Marlowe apuntó muy bien su arco antes de soltar la rauda flecha hacia el blanco preciso donde más de una había quedado incrustada.

 

- ¿Ahora qué demonios te ocurre? –le preguntó a su hermano menor Michael, cuya inquietud parecía atormentarlo más de la cuenta-. Cada vez que te encuentras con esa chica te pones así, alterado, como una fiera enjaulada. ¿Es en verdad tan exasperante?. Ya sabes, tan engreída como su hermano Robin.

 

- Sabes que por culpa de Irina Vulturi nuestra madre se suicidó. ¿Qué quieres…?. Que su hija me caiga simpática.

 

- Lo único que siempre hemos sabido Michael, fueron sólo rumores, sabemos que nuestro padre se obsesionó con esa mujer, pero no nos consta que le haya sido infiel a nuestra madre con ella. Nadie se atrevió nunca a mancillar el nombre de Irina Vulturi. De cualquier manera fue nuestro padre quien le falló a nuestra madre… es a él a quien tendríamos que reclamarle. Pero éramos demasiado jóvenes… cuando ella nos abandonó para siempre, además lo mismo le sucedió a Anabelle Vulturi… ¿Ya no recuerdas que su madre murió poco después que la nuestra?. La tragedia de nuestras familias acrecentó nuestra enemistad… y esta persistió después de la muerte de Markus Marlowe cuando él le hizo jurar a Lucien, su primogénito de sangre pura, que no descansaría hasta ver al clan Vulturi borrado de la faz de la tierra.

 

Capítulo 03.- La trampa

Aquella ropa de cuero negro no me sentaba tan mal después de todo, hasta hacía resaltar el vibrante color de mi cabello rojo como la sangre. Sólo había algo que no encajaba, el pendiente que llevaba sobre el cuello, el mismo que mi madre me había regalado cuando era niña y que jamás me había quitado. Preferí colocarlo bajo la cremallera del traje, de cualquier manera hasta entonces parecía haber sido mi amuleto de la buena suerte.

 

Entonces me dirigí rápidamente hacia la armería sin importarme el ruido que mis pisadas de tacones altos hicieran. Escogí una espada de entre las muchas que en aquel lugar habían, justo la que acababa de ser forjada para Robin Vulturi. De pronto sentí su presencia y me imaginé su mirada lánguida y su expresión de temor y recelo. Adelê Vulturi, prima segunda de mi padre estaba justo en el lugar donde yo quería encontrarla. Después de la muerte de mi madre, ella fue quien se hizo cargo de mí, tratándome como a la hija que nunca tuvo.

 

- Anabelle… -me dijo con su persuasiva voz de siempre-. Esa espada no te pertenece…

 

- La usaré contra los Marlowe y obtendré mi trofeo –le respondí- entonces mi padre me contará la verdad que hasta entonces me ha ocultado.

 

- ¿A qué verdad te refieres?.

 

- ¡La verdad sobre mi madre!. ¿Por qué los Marlowe me aseguraron que ella era culpable?. Y que por su causa la enemistad entre nuestras familias se volvió aún más irreconciliable.

 

- Pero… ¿quién te dijo…?.

 

- Eso no importa, tú también lo sabes Adelê, lo puedo ver en tus ojos. Pero no te preocupes, si no puedes o no quieres decírmelo. Iré a enfrentar al mismísimo Lucien Marlowe, y él me lo dirá aunque el precio de mi osadía sea la muerte.

 

- No te enfrentes más a los Marlowe, Anabelle, no tientes a la muerte de nuevo.

 

Sentí compasión por ella por un instante y me odié a mí misma por engañarla de esa manera; puesto que mi determinación era falsa tenía que mantenerla hasta conseguir lo que me proponía.

 

- ¡Entonces dímelo!. ¡Dime todo lo que mi padre se ha empeñado en ocultarme!.

 

- Anabelle, no creas que la suerte te sonreirá de nuevo. Si enfrentas a ese hombre morirás.

 

Parecía que tenía que convencerla un poco más. La espada de Robin estaba muy bien afilada y lo comprobé al deslizar mi índice sobre ella. Cuando mi sangre brotó lívidamente no sentí ningún dolor, más bien me gustó verla brillar sobre el resplandeciente metal de la hoja.

 

- Si no me vas a decir nada Adelê, hazme un último favor y no te interpongas más en mi camino.

 

Los ojos de mi tía languidecieron de pronto, tal era la frialdad que trataba de imprimirle a mis palabras. “Pobrecilla”, pensé mientras el remordimiento me mataba por dentro.

 

- Tu madre Anabelle solo quiso encontrar una solución para este conflicto, pero sin imaginarlo fue víctima de la peor de las infamias… Deja esa espada y te lo contaré todo aunque Elrond Vulturi me repudie por el resto de mi vida.

 

Adelê se apresuró a colocar su mano sobre la mía, la misma con la que sostenía el frío y pesado acero tratando de hacerme desistir de mi supuesta temeridad.

 

- Déjala… por favor… -me suplicó.

 

- Mi padre no lo sabrá, te lo prometo. Pero quiero saber, no me niegues ese derecho.

 

Adelê asintió mientras yo dejaba la espada de Robin en su lugar. Entonces salimos de la armería y nos dirigimos hacia mi habitación. Entonces me lo dijo…

 

- Tu madre era muy bella y apenas Markus Marlowe la vió se obsesionó tanto con ella que ni siquiera respetaba la presencia de tu padre para mirarla con deseo. Desde entonces Elrond no le permitió salir de la mansión sin un séquito de neófitos que la protegieran de aquel hombre lujurioso. Pero Irina sufría con esta guerra sin sentido que parecía no tener fin; ella no quería que cuando crecieras tuvieras que vivir en medio de ella. Y por eso un día concretó un encuentro con Markus sin que tu padre lo supiera.

 

- ¿Mi madre…?. ¿Con Markus Marlowe?.

 

- Jamás ocurrió nada que mancillara el honor de Irina, lo sé porque yo misma la acompañé en aquel encuentro con el que nunca estuve de acuerdo y que terminó en un completo fracaso. Desde el primer momento tuve un mal presentimiento, y cuando las cosas sucedieron ya era demasiado tarde para desistir. Markus estaba por fin más cerca de Irina de lo que él mismo hubiera deseado. Y sólo le bastó aquella oportunidad concertada para querer convertirla en su prisionera. Pero afortunadamente los neófitos que yo misma había convocado llegaron justo a tiempo enfrentándose a la guardia personal de Markus.

Irina fue rescatada y cuando por fin pudimos regresar a la mansión; Elrond estaba más que alterado por la ausencia de tu madre a esas horas de la noche. A pesar que ella le explicó todo a tu padre, sus celos ofuscaron su mente, y desde esa terrible noche para muchos de los que pudieron saberlo la honra de Irina Vulturi quedó en entredicho. Aunque era inocente tu padre la condenó con su soberbia, la repudió como su esposa y hasta quiso separarla de tí. Pero el corazón no le dió para tanto y ella permaneció en la mansión y tú fuiste su único consuelo.

 

- Mi madre… acusada por un crimen que nunca cometió… -dije sin poder contenerme más.

 

- Irina fue infeliz hasta el día de su prematura muerte por haber sido honesta, por haber dicho la verdad. Luego surgió el rumor de que Salomé, la entonces esposa de Markus se había suicidado porque creía que Irina Vulturi era la amante de su marido. Y sus dos hijos crecieron con esas dudas dentro de sus jóvenes mentes.

- Entonces fue por eso…, que Michael Marlowe… -me olvidé pronto de él para pedir perdón por mi propia infamia-. ¡Perdóname Adelê, te mentí…, hice toda esta parodia para conseguir lo que quería!. ¡Nunca pensé en ir en busca de Lucien, perdóname…!.

 

El regazo de Adelê siempre era acogedor y cálido, el refugio perfecto para un pobre vampiro que en aquellos momentos solo necesitaba consuelo en lugar de rencor, y protección en vez de desafío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“Siento que cuando escribo podría hacerlo mejor. Muchas veces imagino cosas y como que me gusta escribirlas para hacerlas más reales. Si tengo algún momento para escribir, lo hago; me gusta escribir desde que tengo memoria. Me gusta compartir lo que escribo y al mismo tiempo dar y tomar ideas de otros escritores. Mi mayor anhelo es trabajar como editora, pues creo que no hay mejor manera de conocer a una persona que a través de lo que escribe, pues casi todos escribimos acerca de lo que sentimos…”

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