cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
ENIGMA
Drama |
31.10.12
  • 4
  • 7
  • 1820
Sinopsis

Menos mal a las incognitas

A casi dos pasos de mi decisión me detuve y miré hacia atrás. Largo y, sobre todo, duro fue  el camino recorrido. Satisfecho, observé aquel pedregoso sendero obstaculizado por empinadas colinas. Oteé el horizonte y allí estaba ella, tan bella y etérea… En su silueta, apenas distinguible en la inmensidad del cielo, reconocí su mano decir adiós y su cabeza asentir. La amé y odié tanto…

Todas las noches recordaba aquel día. Recreaba aquel instante, en el que, al mirar hacia atrás ufano, sentí un pesar, aunque en ese momento no lo supe. Supongo, que la vanidad, por aquel entonces, muy enraizada en mí, me cegó. Sentí amargura que en la inocencia de mi febril juventud confundí con pena por la separación. El dolor se intensificaba con cada adiós, cada gesto de afirmación me devoraba; pero, sobre todo, fue su solido semblante el que me hizo titubear. Este momento se grabaría en mi memoria como lleno de contrariedades.

Yo sabía los motivos de su firme despedida. Conocía de sobra sus intenciones.  Durante mil largos pasos que anduve, los mil, me siguió. Infatigable, siempre fue una compañera serena y  paciente; pero fue su audacia la que se apoderó, de todo mi ser. Sin embargo, no todo fue así. Mil fueron las preguntas que me incomodaron, hasta reconozco que su compañía no siempre me fue grata. Lo tedioso de sus vacilaciones, de sus dudas, hizo de mi camino, muchas veces, un suplicio. Su astucia, haciendo uso de mil tretas, creaba en mí mil reflexiones, mil inseguridades, mermando la confianza y la muy buena estima en la que me tenía a mí mismo. Una vez, incluso, osó cuestionar mi propia existencia. Pero una extraña atracción me hacia permanecer a su lado. No sabía porqué pero la necesitaba. 

.                         Noté una lágrima cruzar mi rostro, era la primera vez que lloraba. Pensé que debía de ser por aquel maldito polvo que se levantaba en el desértico cruce. Me giré bruscamente sobre mí mismo y con paso firme elegí el camino de la derecha.  Tentado estuve de mirar hacia atrás, pero no lo hice. Supongo, que necesité su aprobación, pero sabía que no la encontraría. Mi cobardía prefirió no saberlo jamás, escogió no grabar la imagen de su ausencia, sin embargo, la odié  por su indiferencia.

Continué mi camino sin ella. Me sorprendí de lo firme de mis pasos y de lo agradable del camino. Había flores a los lados, arroyos que crucé por bellos puentes, los árboles cantaban con los pájaros, y la leve brisa acariciaba la yerba creando olas de sonido agradable. Muchas veces me sentaba a percibir la simpleza de la belleza. Pero también observaba el otro camino, en de la izquierda. Temblaba al ver aquel sucio y tortuoso camino. Miles de barrancos y montañas, ríos de aguas turbias donde los puentes no existían, la contaminación del aire, pero sobre todo en silencio más absoluto me perturbaban. Apenas podía creer en mi buena fortuna que por aquel entonces, pensaba, era fruto del azar.

Me paré muchas veces a descansar, pero sobre a sentir y a reflexionar. Pensaba mucho en ella. Intenté dejar de odiarla, supongo, y pensé en quererla tal y como era. La rememoraba cada día con más dificultad. Cada vez que evocaba su imagen, ésta se volvía  más trasparente. En el último pensamiento, la vi casi diluida completamente con el horizonte, decidí no revivir más su imagen. Temía perderla.

 Decidí pasar mi tiempo reflexionando sobre mi esencia. Conocí entonces a un yo hasta ahora desconocido: resuelto y valiente. Cuestioné mi buena fortuna, ya no creía en el azar. Empecé a pensar en el destino. En un destino que escribía su biografía con cada decisión, cada pensamiento contaba y cada reflexión opinaba. Grité al darme cuenta de mi insensatez. Fue mi incansable compañera, que durante los mil pasos dejados atrás en mi camino sembrado de incógnitas, la que, de mí, mil decisiones arrancó. Ella escribió parte de mi destino. La amé entonces más, si cabe. Supe  lo mucho que me quiso y lo mucho que en mí confió. De pronto, todo tenía sentido, comprendí el porqué de sus cargantes preguntas y entendí el objetivo de sus tretas. De allí su frialdad y falta de apego; creía, firmemente, en mi capacidad de marcar mi propio camino, por lo que, solamente me dejó marchar.                                       

 Sin embargo, también, la odié más que nunca por su abandono, por lo aburrido de la perfección, del sonido de la yerba y del cantar de los pájaros. No había aventuras que vivir, ni tampoco dudas que aclarar, ni causalidades que errar, y mucho menos recompensas que recibir al afrontar las decisiones adecuadas. La insulté en la mitad de lo hermoso, lanzando palabras grotescas que atravesaron ambos caminos con vibrante resonancia. Era perfectamente consciente de que pronto se me acabarían las reflexiones y no sabría que hacer. Lo había explorado todo y había encontrado todas las repuestas a mis incógnitas. Ella me ayudó y se marchó. Confió en mí y yo erré en la elección de mi camino. Sin embargo, no pude evitar culparla mil veces. La maldecía a diario por abandonarme en la quietud de lo hermoso, sentenciándome a una tediosa existencia, resignado a rememorar los lejanos años en los la amé y la odié.                                                                                                                                                                                                                                 

Aún, hoy, en mi lecho de muerte, me acuerdo de ella. Ahora la veo etérea casi invisible en mi última imagen que desde hace años guardo en mi memoria. Allí está ella, la incertidumbre, diciéndome adiós con la mano mientras  asiente con la cabeza.

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • A mí me ha gustado. Como te ha dicho Amets, hay algunas cosas que puliéndolas harían de tu relato una historia muy bien narrada, pero igualmente como está ahora, se entiende claramente lo que querías expresar. Muy emotivo.
    Reflexionando mi esencia... Bueno, pués menos mal que nosotros no tenemos dudas sobre tu forma de expresar. Los textos se vuelven y adoptan la forma mental con la que los hemos escrito, y aunque bien es cierto que no hay que dejar de pulirlos, a veces es imposible, y una vez se han escrito es dificil corregir cuando el estado de animo ha cambiado. Me ha gustado mucho.
    sencillamente emotivo. este relato me llego muy profundo
    a mi me ha gustado y me ha quedado muy claro el tema. Saludos
    Se te entiende aneleher y la idea me gusta, pero ya que tú mismo pareces no estar satisfecho, permiteme algunas observaciones, espero que constructivas Creo que redundas mucho en algunos conceptos que descritos una sola vez hubieran sido más efectivos. A veces incluso repites frases que -para mi- no tiene mucho sentido repetir una vez dichas. Esto hace que la lectura del texto abrume un poco. Por lo demás, repito. Se te entiende, y la idea es buena. Yo sí le daría otra vuelta a la historia y haría algunas podas, porque merece la pena. Saludos
    No me he quedado muy agusto con este relato se me ha liao un poco la historia, lo he arreglado (o liado más) a última hora, pero todavía le tengo que dar más forma. Mi duda es, se entiende de lo que hablo, o está muy confunso.
    Escribe tus comentarios...Es bueno tenerlas, entre el aplomo y la seguridad siempre hay un puñado de mentiras escondidas. Pero refleja esa lucha que mantenemos para superarlas.
  • Lo absurdo del lenguaje. las palabras limitan el conocimiento.

    Surrealismo, reato decadente, nihilista, absurdo. Moscas, muerte. ¿ sabes distinguirlas?

    “…la niebla no es buena, no….nunca lo ha sido, recuerda: no la mires, no la toques, pero sobre todo jamás te sumerjas en ella.”

    Esto sí que es una elucubración....

    CAPITULO VII. A ver que os parece, se admiten toda clase de sugerencias, correcciones literarias, remodelaciones, reestructuraciones...estoy aquí para aprender.

    No te fíes de oceanos llenos de incógnitas.

    ¿Qué hay después de la vida? ¿y después de la muerte?

    y si jamás ha existido...

    Qué mala es la envidia......

    tal vez está loca.....

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta