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6 min
Entomancer (3)
Varios |
02.04.18
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Sinopsis

Capítulo 3 de entomancer

                                           Capítulo 3: La cueva de los grillos

 Llevamos ya un rato caminando por la frondosa selva en la que nos encontramos. No me había dado cuenta pero, apenas desperté he estado en situaciones tan críticas, ni siquiera pude echarle un ojo al mundo que me rodea.

 Grandes árboles de todo tipo, junto a plantas y un suelo húmedo. No tengo la menor idea de qué tipo de bosque es este, de hecho, todas las plantas si bien, tienen semejanzas con mi mundo, son realmente ¡Enormes!

-Tienen el doble del tamaño… ¿Cómo es esto posible? Es como si toda forma de vida aquí fuese prehistórica.

 Dio y el grillo no le prestan atención a mis balbuceos, eso es bueno, tengo la mala costumbre de pensar en voz alta a veces.

-Crii.

 Parece ser que hemos llegado. El grillo nos hizo de guía todo el camino, estando siempre al frente de nosotros. Dio seguía enredado a mi cuerpo, supongo que por protección, pero ¿Quién sabe? Quizás solo quiere una excusa para estar pegado a mí y masticarme en cuanto tenga la oportunidad.  

-¿Wryyy?

-¿Qué pasa Dio?

 Dio comienza a actuar extraño mientras más nos acercamos a la cueva. ¿Será una emboscada?

-Crii, crii, crii.

 De repente, comenzamos a escuchar a una gran cantidad de grillos al mismo tiempo. No pude evitar sentirme intimidado por sus numeros.

-¡Crii!

 El grillo que nos guió hasta aquí se detiene produciendo ese sonido característico. Poco a poco, comienzo a divisar cada vez más grillos juntarse en las cercanías.

-Crii.

-Parecen querer que los sigamos, vamos Dio.

 Luego de seguir a los grillos no tardamos en llegar a una extraña cueva; esta tenía grandes cantidades de alimento almacenado, aparte de crías superpuestas una sobre la otra.

-¡¡Crii!!

 Luego de que el grillo que nos hiso de guía pegara un grito, un grillo de un extraño color apareció del fondo de la cueva.

-¿¡rii!?

 Este produjo un sonido fuerte y rasposo, diferente al de los demás grillos. Siento un aura de grandeza viniendo de él. ¿Este es su líder?

-Crii…

 Durante unos minutos, los dos grillos intercambian una plática compleja, en la que incluso se llega a pensar en el futuro de la colonia… ¿Cómo carajos es que sé todo esto?

-rii.

 El grillo líder finalmente decide. Parece ser que quieren formar una alianza con nosotros. Veamos, para empezar, ¿desde cuándo los insectos son así de inteligentes?

-Está bien, pero… esperamos que por lo menos acepten nuestros términos al respecto.

-rii.

 El grillo líder me da la palabra, en un intento de descubrir cuáles son nuestros términos.

-Pues, son términos y también condiciones ahora que lo pienso… bueno, eso ya no importa. Primero: les daré suficiente de mi piel como para alimentar solo a una pequeña parte de la población. Esto es debido a que no dispongo de tanta, y tarda en regenerarse. Segundo: voy a requerir asistencia de al menos dos grillos, los cuales usaré como mis soldados y guardias personales. Tercero: ¡No! Y recalco severamente, ¡¡No seremos de vuestra propiedad!! Esto solo es una alianza.

-Entonces… ¿Quedó claro?

-…

 El grillo líder se puso pensativo. De cierto modo puedo llegar a entenderle, pues esta decisión es de vital importancia para su colonia.

-rii… rii, rii.

 Él lo acepta, pero solo si cumplo mi trato de suministrar comida a la colonia cada cierto tiempo.

-Entonces tenemos un trato.

 Y así, sin comerlo ni beberlo, pasé de llegar a este extraño mundo, intentar ser comido, y por supuesto, estar en peligro de muerte múltiples veces… a formar una alianza, con nada más y nada menos que una colonia de insectos… en menos de un día.

………………

 Al día siguiente fui despertado por Dio. Me encontraba en una cama hecha de hojas, construida obviamente por mí; a diferencia de los insectos yo no duermo cómodo en el suelo.

-Buenos días Dio.

-Wryyy.

 Dio se levanta y comienza con su ¨desayuno¨, el cual obviamente es la piel de mi cabeza.

 Luego de levantarme y alistarme, me dispuse a realizar mi nueva misión…

-Necesito algo con que cepillarme los dientes…

 Me encontraba en un serio aprieto, acompañado del mal olor de mi cuerpo y boca.

 No tengo la menor idea de por dónde empezar a buscar, pero necesito de forma urgente un baño y un cepillado. Sin embargo todas mis preguntas solo me llevan a más preguntas… ¿cómo diablos en un mundo primitivo, puedo cepillarme los dientes y bañarme?

 Nunca, en todos los años de mi vida como adulto joven, en la era moderna, me hice esa pregunta… y es que es normal, pues ¿Para qué carajos quieres saber eso? Claro que, no evita que me llene de culpa. Si tan solo me hubiese tomado el suficiente tiempo para buscar más información al respecto. ¡Si es que soy muy tonto! ¿Cómo esperaba llegar a otro mundo (obviamente más atrasado que el mío), sin tener idea de cómo realizar mis necesidades básicas?

 Mientras me debatía entre que tan estúpido soy, del uno al ocho mil, Dio deja de masticar y dirige su atención hacia un sitio en particular.

-¿Qué pasa Dio?-Le pregunto a mi compañero-.

-Wryyy…

 Dio se encontraba extrañado, mirando hacía un extraño riachuelo cercano a donde estábamos durmiendo (más concretamente, cerca de la cueva). Me levanté con cierta curiosidad, rumbo a ese riachuelo.

 Al salir de la cueva algo captó mi interés. Más allá del riachuelo: aproximadamente treinta grillos, se encontraban compartiendo alimento, otros veinte estaban en los arboles, moviéndose de uno a otro con más destreza que cualquier mono. Simplemente una vista tan única como extraña.

 Volviendo al riachuelo. Ya Dio se encontraba en él, no sé en qué momento llegó hasta allí… supongo que me quedé muy embobado con los grillos. Al acercarme al riachuelo los vi: pequeños insectos, de transparente color; simplemente algo muy curioso para la vista.

-… ¿Eh? ¿Por qué mi mano está?-Mi brazo comenzó a moverse por sí mismo, mientras mi mano se abría-.

 Sin mi consentimiento, mi cuerpo se agacha, tomando a uno de esos pequeños insectos. Entonces… me paralizo.

-¿¡Q-qué está pasando?!

 Entré en pánico. Aquel pequeño insecto, lentamente, comenzó a subir por mi brazo, hasta llegar a una de las marcas de mi enfermedad, y entonces.

-¡¡AAAAAAAHHHH!!

 Comenzó a abrir mi piel… adentrándose en mi cuerpo.    

 

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