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6 min
Entre compadres
Varios |
10.05.18
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Sinopsis

Los dos compadres estaban arando un terreno con bueyes la mañana  aquella cuando dicen que ocurrió. Habían madrugado porque la parcela era grande y la intención era terminar temprano. El compadre Rafael arreaba los bueyes y el otro guiaba el arado de madera. Así transcurrió la mañana sin el menor contratiempo. En la pradera solitaria solo se escuchaban sus voces que los dos animales conocían desde siempre y el canto de los pájaros en los matorrales del monte que bordeaba el campo de labranza. Eran alrededor de las diez cuando el compadre Rafael llamó al compadre Ángel, en ese momento estaba alejado recogiendo algunas papas recién brotadas de la tierra removida.

­-Compadre, venga a ayudarme que el arado se atascó.

De nuevo el compadre Ángel arreó con fuerza los bueyes y como no podían avanzar hizo chasquear el fuete sobre las carnes de ambos animales. Sin embargo tardaron buen rato en remover el arado que casi se rompe antes de desatascarse del aparente obstáculo. Al principio parecía una enorme raíz incrustada, otras parecía una inmensa  piedra  empotrada  a varios centímetros bajo la tierra.

Cuando lograron hacer salir el arado después de chasquidos y maldiciones, un hueco en forma de remolino se empezó a ver en la tierra y los dos animales empezaron a arrastrar un objeto que al ir emergiendo empezó a tener forma al salir a la superficie. Los dos fueron mirándolo surgir, al principio sin asombro pero luego con el rostro perturbado por la sorpresa.

--Compadre, vea, es un baúl.

Ambos dejaron arado y bueyes y se acercaron a mira el viejo baúl de madera, húmedo de estar enterrado con los bordes forrados en metal. No les fue difícil romper la tapa con un azadón y darse cuenta que estaba lleno de monedas de oro, miles de monedas, por eso pesaba tanto que casi no lo pudieron mover.

--Compadre somos ricos, esto debe ser mucha plata.

--Si. Debe valer mucho—dijo el compadre Rafael, soltemos los bueyes y vámonos con el baúl. Pero como pesa tanto es tan difícil de llevar. Compadre, porque no va hasta la casa y trae el burro para llevarlo.

--Si, compadre, y de paso traigo un guarapo pa celebrarlo ¿No le parece?

Y se fue por el camino empedrado que bordeaba el monte. El otro compadre se quedó sentado sobre una piedra mirándolo alejarse con su paso rápido. Luego volvió la vista hacia el baúl con la tapa despedazada y pensó de nuevo en la frase de antes: Somos ricos, si, somos ricos. El contenido debía valer mucho dinero. Cuando el compadre ya se había desaparecido en la primera curva del camino, una idea en principio inconcebible y vaga se le fue anidando en sus pensamientos “es mucho para los dos, no me parce que deba darle la mitad a mi compadre. ¿Por qué hacerlo?” Y como presintiendo que no debía esperar, empezó a bordear el camino y se internó en el monte hasta llegar a una pequeña ladera. “una piedra grande, eso es” pensó. Una piedra  en forma de cubo de casi un metro, “una piedra por el rodadero cuando pase con el burro y quien va a saber, una piedra mató a mi compadre y yo lejos con la plata del baúl” Y se sentó sobre un tronco a esperarlo.

El compadre Ángel llegó a la casa, enjalmó al burro que pastaba cerca y antes de entrar a la vivienda se quedó un buen rato parado en el patio pensativo. Aun con la ansiedad del momento del hallazgo. “No es justo que tenga que darle la mitad a mi compadre si el baúl me lo encontré yo. La suerte era para mí, por eso no quería dejarse sacar cuando él llegó. Y ahora tengo que darle la mitad. Esto no me gusta y no me parece bien y no creo que deba hacerlo” Y en medio de esta y otras cavilaciones entró por fin a la casa, buscó una garrafa desocupada y empezó a llenarla de guarapo. Antes de terminar ya había tomado la decisión y fue al lugar donde guardaba los elementos de trabajo, sacó entre los innumerables chécheres un frasco de vidrio y vació una buena cantidad en el guarapo. “Por el camino veré que hago con el cadáver”  Otra vez tomó por el camino de vuelta l terreno.

El compadre Rafael calculó que ya vendría cerca y acercó la piedra al borde del barranco. No podía fallar. Cuando se acercaba aguzó sus cálculos y esperó a que pasara el burro. La roca rodó durante segundos a gran velocidad  quebrando chamizas y ramas del suelo. Pensando en la forma como se iba a gastar el dinero, el compadre Ángel apenas tuvo tiempo de voltear la cara y transformarla en un gesto desesperado que no le alcanzó siquiera para pegar un grito.

“Pobre mi compadre, menos mal que no sufrió casi nada, le voy a pagar una misa tan pronto pueda” Luego rápido hasta alcanzar el burro que continuo la marcha con su paso impasible e indiferente. Lo hizo detener y se acercó a la angarilla donde estaba la garrafa del guarapo amarrada. “Voy a hacer lo que dijo mi compadre, un garapito pa celebrar y me voy pronto con el baúl antes que alguien pase por el camino” Se sentó placido encima de una piedra de la orilla. Con cierta sonrisa de triunfo absoluto destapó la garrafa y empezó a tomárselo con ganas por la sed del esfuerzo. Bebió casi la mitad hasta que sintió algo horrible en el estómago y empezó a correr con desespero hacía el terreno donde había quedado la guaca, antes de caer al suelo y no poderse poner en pie.

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