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2 min
Entre fotos antiguas y almanaques caducados
Amor |
30.08.16
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Sinopsis

Eran las 8.30 de la mañana. El despertador sonaba como todos los días. Mientras, él parloteaba unos insultos en vaya a saber qué foráneo dialecto.

Eran las 8.30 de la mañana. El despertador sonaba como todos los días. Mientras, él parloteaba unos insultos en vaya a saber qué foráneo dialecto.

Después de unos minutos en que abrazó a la almohada y se acurrucó con las frazadas pudo incorporarse, levantó las persianas (mientras continuaba vociferando) y empezó con su día.

Comenzó con sus clásicas mañanas de estudio. En una mano sostenía su infaltable resaltador amarillo fluorescente y, en la otra, una taza de café que parecía haberse convertido en parte de su cuerpo.

La jornada prosiguió con alguna de sus horribles comidas. Él les llama “delicatessen” y, afirma, con total convicción, que si de fondo no suenan los Red Hot Chili Peppers, no podría cocinarlas.

Religiosamente emprendió su camino hacia la facultad. Siempre es el mismo camino. Su rutina no comprende de ningún tipo de contingencia.

Al volver de aquel atareado día se dio cuenta que no es capaz de convivir consigo mismo. La música y los libros pueden dar fe de esto: no hay un solo momento en que se halle en profundo silencio o tranquilidad.

Y creo saber sobre la causa de aquello que le ocurre. Parece haber un fantasma que lo persiga a donde sea que se dirija.  Él nunca lo evita, ni en sus peores momentos. Hasta, a veces, se encuentra risueño cuando éste realiza sus efímeras (pero continuas) apariciones.

Da la sensación que, las cualidades del fantasma provienen de una naturaleza divina; una especie de rubí engreído. Engreído porque sabe lo que puede provocar en él, y sin remordimientos interrumpe el ritmo de su cotidianidad.

Y así transcurren los hechos, entre melodías y café, una sombra que grita en el recuerdo entre fotos antiguas y almanaques caducados.

Quienquiera que sea este díscolo espectro, puedo afirmar que entró en su vida, le dio un giro de 180 grados a su cabeza y, luego, paulatinamente, fue desapareciendo. Pero él supo que, desde el primer momento en que entró en su historia,  nunca más volvería a ser el de antes…

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