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2 min
Eres tuerto del ojo con el que me miras.
Amor |
26.03.14
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Sinopsis

Te digo que no van a haber lágrimas por un ciego que no quiere ver.

Eres ciego, eres ciego y no quieres verlo.

Quizá no te interesa.

 

El amor es una de esas cosas que o te engrandecen el alma, o te matan por dentro.

Mi caso es el segundo, el amor me consume, me destroza, me parte en dos.

¿Cómo es posible que seas el único que no se ha dado cuenta? Cada persona que nos conoce, que nos ha visto juntos es consciente de lo mucho que me gustas.

Dicen que me lo ven en los ojos, en cómo te miro, la forma en la que te sonrío o te busco tras los descansos. Hay quienes afirman que hay química. ¡Química! Ellos ven tanto, y tú ves tan poco.

 

Tal vez los errores fueran míos, los cometí, uno de ellos fue decir que jamás estaría con alguien que fuera mi amigo. Si, error número uno, ahí maté muchas posibilidades contigo, quizá hasta te desilusioné. Es posible que otro error fuera intentar buscarte novia hasta debajo de las piedras.

Ya, soy estúpida.

 

Supongo que la vida se basa en esas elecciones que tomas inconscientemente y que provocan que las personas se alejen o se acerquen. Se basa en las puertas que tú sin querer vas cerrando, como si fueran un par de párpados en mitad de una polvareda. Supongo que hay veces, en las que te has despedido de la oportunidad antes siquiera de conocerla.

 

Y así es como estoy yo, te veo pasar, sonreír, hablar, gastar bromas... eres tan jodidamente expresivo. Tan alegre.

Hablo contigo, bromeo como si no pasara nada, y sin embargo por dentro grito, grito tanto que me quedo afónica, te grito que eres ciego, que me gustas. A veces hasta pierdo el control y grito que te quiero.

 

 

Pero pasado un tiempo, algo me dice que realmente no estás ciego, sino tuerto del ojo con el que me miras. Que lo sabes pero prefieres fingir que no, porque es más fácil, es más cómodo. Sabes que los gritos se van apagando, como cesa el eco en una habitación vacía.

 

Y yo te digo que no van a haber lágrimas por un ciego que no quiere ver.

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Puedo decir de mi que adoro recoger un montoncito de semillas de arce y lanzarlas alto para luego intentar cogerlas; que olvido a propósito el paraguas los días de lluvia, y que paso mis noches mirando el cielo, buscando siempre lo mismo. Soy curiosa, y me encanta aprender. Adoro los buenos consejos, y las conversaciones que duran horas, las pausas y los silencios.

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