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15 min
És Divendres
Amor |
05.03.15
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Sinopsis

Publicación semanal. Diario Personal Abierto al mundo. Cada viernes, compartiendo dias cotidianos llenos de emociones. https://esdivendres.wordpress.com/

I. POR SUERTE, SOMOS ÚNICOS.
 

Viernes, 13 de febrero de 2015

Me llamo Valentina. Tengo 26 años y soy modelo en una escuela de Arte, de Barcelona. Vivo rodeada de personas con vidas fáciles y otras con situaciones más complicadas, y las de vida simple me dicen que les faltan aventuras, que están aburridos. Ei, los que me aburrís sois vosotros. Al final todos vivimos lo mismo: nacemos, crecemos, quizás nos reproducimos y luego morimos para, quién sabe, volver a nacer y dale otra vez. En medio de la teoría avanzamos, nos caemos, aprendemos, lloramos, volvemos a motivarnos, vivimos momentos de felicidad y continuamos adelante con el día siguiente, no hay mejor solución que continuar. Lo dicho, todos vivimos lo mismo, lo que importa es como lo sentimos. Vale, quizás yo soy un tanto dramática y con esto lo vivo todo más intensamente… Pero oye, mi vida también me la busco yo. Mis “momentos de película”, como dicen mis amigas, no caen del suelo. Perdón, del cielo. Ai si, he decidido escribir tal cual, sin corrector ni filtro. En la vida tenemos que mirar con lupa todo lo que dejamos por escrito pero aquí decido pasar (soy una rebelde) y quiero ser yo misma compartiendo con vosotros mis semanas. Por esta razón, hoy empieza mi Diario Personal Abierto al Mundo. Digámosle así. Os contaré mis semanas, mis experiencias, mis miedos, mis días buenos y no tan buenos, mis lágrimas tristes y de reír, mis dudas, mi opinión, mis rabietas, mis pensamientos, mis emociones. No quiero tabúes, no quiero prejuicios. ¿Quién pone las normas de mi vida? ¿Quién me dice “no se lo cuentes a nadie”? Somos sentimiento y podemos hablar de ello.

Antes me he medio presentado. ¿Por qué acostumbramos a decir de qué trabajamos para presentarnos? Somos más que un puesto de trabajo. Vamos a hacerlo bien.

Hola, encantada. Me llamo Valentina, hace 26 años que estoy en el mundo y me gusta el color amarillo. También me gustan las personas que hablan mirando a los ojos, los chicos sensibles y realistas, las parejas que se quieren, el “¡uaaaau!” constante de los niños, los peinados de chica con pelo corto, los hombros de los hombres, las familias, la gente dulce y fuerte, las personas que hablan de sus emociones, los primeros besos, los chistes cortos, las joyas artesanas y delicadas de Dime que me Quieres (@dimeqmquieres, en Instagram), mi balcón soleado con flores dónde tanto me gusta escribir, las diferentes culturas, fotografiar los dias, las canciones que tratan de momentos cotidianamente simples y únicos como las de Joan Dausà, los amigos fieles, la sal del mar en mi pelo y chupar un poquitín de él (del pelo, digo), la opinión de los demás, la creatividad, el olor de La Cerdanya, el sexo con vínculo, el tonteo sin importancia, el queso, el bar-restaurante Artte de Barcelona, la mermelada, los desayunos… oh, adoro desayunar. Desayunaría a cada momento. Me gustan los sentimientos, aunque a veces me vuelvan loca. Me gusta la comunicación verbal y no verbal con las personas que quiero y las que quiero conocer. La comunicación clara, fluida, agradable, cercana. Y los animales, los adoro. Y bueno, a las personas también las adoro, a todas, por esta razón trabajo rodeada de personas que quieren canviar el mundo: artistas. Trabajo en una escuela de arte, normalmente como modelo para diferentes actividades de pintura, escultura y creatividad varia. Diciendo la palabra modelo no pienses que mi cuerpo es un modelo a seguir, de Victoria Secret no tengo nada y de angelito aún menos. Lógicamente, mi pasión por el arte no me da de comer lo suficiente, así que también trabajo en una tienda de antiguidades, objetos llenos de vida. Entre una cosa y otra, soy una simple mileurista que espera con impaciencia poder trabajar únicamente del arte… Mientras tanto, seguiré en este mundo de talento y creatividad y, para subsistir con mi salario, continuaré comprando la ensalada mediterránea más económica del Mercadona para poder ir a cenar fuera algún día, pagarme dos copas y salir en Sutton.

Ya sabéis un poco lo que me gusta, pero también no me gustan muchas cosas. No me gusta el ego de las personas, las sardinas en lata, la gente sumisa, los que no dicen lo que piensan, la matanza y pobre vida de los animales para que todos comamos carne cada maldito día. Tampoco me gusta pensar que si existe un Dios permite que haya guerras, pobreza, violencia y enfermedades cada día, y continúa sintiéndose todopoderoso viendo este panorama. No me gustan las entrevistas de trabajo que miran en qué escuela has estudiado, los empresarios machistas, mi obsesión con el gimnasio y la retención de líquidos, ni la gente que no escucha. Odio mis miedos, mis dudas, el “qué pensarán”, ser bocazas y pensar sin hablar. Ostras, ai, hablar sin pensar. Bueno, quizás aún odio más pensar sin hablar creo… sí, seguro. Y total, no me gustan muchas cosas más. El salmón ahumado tampoco.

És Divendres. Es Viernes. Tan simple como los pequeños placeres que tanto suman. VIERNES. Benditos santos días en viernes que nos pasan más rápido en el trabajo y te regalan un fin de semana por llegar. Quizás no harás nada, pero ES VIERNES. OH, QUE BÉ. Y cada querido viernes querré compartir con vosotros parte de mi, aquí, en este blog.

Y esta soy yo. Soy igual que tú, igual de diferente que el resto porqué, por suerte, todos somos únicos (uf, que celos tendríamos unos de los otros. Aún más que ahora). Estoy soltera, también es importante. Quiero encontrar el amor de mi vida pero siento terror por equivocarme. En una hora he quedado con Pol, llevamos unos meses conociéndonos. Vamos, que hablamos cada día, nos vemos uno o varios días a la semana, pasamos la noche juntos, por las mañanas nos damos arrumacos y desayunamos muy a gusto tomando el Sol en la terraza. Pero él es completamente libre y yo también, sin ligaduras, sin presiones ni etiquetas. Y si nos fuéramos con otra persona nos enfadaríamos y quizás dejaríamos de conocernos. Vamos, que no somos nada pero somos algo que no podemos decir porqué quizás alguno de los dos se agobiaría por el simple hecho de ponerle nombre a lo que tenemos y pam, todo a la mierda por una mierda palabra. ¿Pareja? ¿Nosotros? No no, solo nos gustamos y nos vemos rutinariamente. ¿Arroz con pollo?, pues digámosle así. No vaya a ser que nos entre un ataque de agobio completamente irracional.



II. ESTA NO SOY YO. ¿TE GUSTO?
 

Viernes, 20 de febrero de 2015

Voy en tren y tengo al lado una pareja romántica. Ella lee un libro apoyada en el pecho del chico. Él la rodea con un brazo y, en algunos momentos, le besa el pelo. Venga hombre (que maldita envidia). Son más jóvenes que yo, quizás unos 22 años… esto me reconforta: “Ai, pequeños jóvenes inexpertos, aún están estudiando y no tienen obligaciones reales. Viven en nubelandía”. Pero luego me escucho y me digo que sí bonita sí, deja de auto engañarte, te da rabia por qué tú no lo tienes y punto. Y a la vez voy pensando que no quiero pareja, que poco a poco. Qui t’entengui, que et compri (quién te entienda, que te compre).

Un día me quisieron mucho, durante unos cinco años. Nos entendíamos, reíamos mucho, estábamos muy cómodos el uno con el otro, resultaba un pilar para mí. Pero no era mi hombre. Caímos en la rutina y para mí ya no era suficiente, necesitaba sentir más. Estuve mucho tiempo pensando que hacer hasta que decidí que…fin. Decidí no conformarme. Quizás tanto tiempo retenida emocionalmente en esta relación me deja, ahora, con un miedo enorme a volverme a equivocar y a hacer daño.

Ahora en el tren escucho “Solo Dancing” de Indiana, estoy camino a Valencia. Me perderé un carnaval, pero vale la pena: Allí tengo cita en un showroom centrado en diferentes artes, y en la parte de pintura estarán unas 10 personas dibujándome. El trabajo me lo ha ofrecido uno de los alumnos de la escuela y participante de este evento, un hombre de unos 40 años que decidió dejar su trabajo de contable en una reconocida multinacional para hacer lo que realmente le apasiona: la pintura y la escultura. Se llama Rafael y es uno de los alumnos más atentos de las clases, siempre dispuesto a trabajar y regalar palabras agradables y sencillas. El otro día salí de la escuela conversando con Rafael y Pol me esperaba fuera, habíamos quedado. Según él, Rafael me miraba con ojos demasiado entusiasmados.

– Le gustas, es normal… pero, bueno, esto ya me gusta.
– No le gusto. Es un hombre apasionado por el arte y, hablando de tema, le brillan los ojos. Pero, si le gustara, ¿enserio esto te gustaría a ti?
– No me molesta que gustes a otros hombres. Al contrario. Pensar que hay más gente que te desea… esto me pone un poco.

Y aquí empezó la función. Fue aquí dónde me preguntó hasta que punto me dolería que él se fuera con otra, solo por placer, sin sentimientos; luego quiso saber mi opinión sobre las relaciones abiertas.

Hay tantos momentos en la vida en los que sobreactuamos. En algún instante en concreto la situación nos pide parar el mundo, vamos al camerino, cogemos nuestra máscara favorita y volvemos dónde lo habíamos dejado. Y es aquí cuando interpretamos el papel: el escenario es nuestro. Hablamos con seguridad, miramos a los ojos y sonreímos mientras damos nuestra opinión. O, mejor dicho, decimos convencidos lo que nos gustaría pensar, pero esto solo lo sabemos nosotros. Mientras tanto, el corazón se hace pequeño. El problema llega cuando al público le gustas, estas situaciones se intensifican y, al final, te olvidas de quitarte la máscara entre función y función. Y aquí…ya está, ya hemos perdido. Ya nos hemos perdido. Nos fuimos de nosotros mismos. Ahora, ¿Dónde estoy?

Pol me invitó a actuar. No podía mostrarle que, al preguntarme esto, las piernas me fallaban. Aceleré el paso para que no viera cómo de nerviosa estaba y, esperando un semáforo le dije, temblando, que tenía frío. Temblando de miedo me helaba por dentro. Lógicamente me hice la chica libre y feliz que vive el momento sin esperar nada de nadie. Que no me preguntaba este tipo de cosas y que tampoco tenía ganas de pensar demasiado, que solo quería estar bien.

El escenario había sido solo mío. Representaba el papel protagonista y al público le había encantado. Me aplaudían fuerte. “Que bien lo hace, qué actuación”, decían. Y así, con los aplausos, no me quité la máscara. Ofrecí lo que el público quería.

La chica de la pareja romántica del tren me mira, creo que le molesta que me pelee con las teclas del ordenador mientras ella lee amorosamente. Que quieres, ¿violines?

 

III. MALDITO "QUÉ PENSARÁN"

Viernes, 27 de febrero de 2015

Entro en la sala, me sitúo en el centro y me quito el albornoz. Antes, me habré leído el briefing de la sesión y, según objetivos, me colocaré de una forma u otra, a veces iré cambiando de posición. Lo que pintan, dibujan, fotografían… es siempre mi forma física pero el resultado final es todo alma. La mía y la del artista. Es muy simple y natural. Desnudarse delante de un extraño, alguien que deseas, es cincuenta veces más complejo que estar tres horas sin ropa con varias personas que te observan al detalle. Curioso pero real. El miedo al “qué pensará de mi cuerpo, de mi tacto, de mis besos” resulta mucho más difícil que posar sin ropa siendo el centro de atención.

El último showroom en Valencia fue un éxito. Había diferentes cubículos según materiales a trabajar y en la sección de dibujo y pintura estaba yo. Estuvimos dos horas, yo y seis pintores. Mi posición era sentada en un sofá cubierto con una piel de seda marrón oscuro, y todos los resultados fueron fantásticos… pero el que destacó, como siempre, fue Rafael. Todos los cuadros eran de mi cuerpo y rostro des de diferentes puntos de vista y con diferentes tonalidades de colores. Es muy bonito ver cómo te perciben diferentes personas y qué colores te atribuyen, qué sensaciones desean mostrar… Pero la pintura de Rafael era diferente: él había pintado únicamente una parte de mi cuerpo, Rafael solamente había pintado mi cuello. Mi cuello perfectamente definido con su clavícula marcada, mis tres pecas en la garganta i el principio de la mandíbula. Se apreciaban sombras y arrugas. Su pintura era delicada y transparente, con diferentes tonalidades de grises. Era una obra preciosa.

– Gracias… ¡No sabía que tenía un cuello tan bonito!_ le dije, riendo.
– Esta eres toda tú.

Y me explicó que el cuello es la parte de nuestro cuerpo que representa la comunicación. Según él, no puedo dejar de transmitir y yo pensé que quizás es él, que no puede dejar de percibir.

Pero la obra no fue lo más destacado de ese viaje. Volví a Barcelona con el coche de Rafael y de camino recibí mi primera propuesta profesional como modelo de Arte “freelance” (sí, digo freelance, esto que ahora está tan de moda decir que eres e ir de ilegal sin pagar autónomos). Al tema: Rafael quiere tenerme, en algunas ocasiones, solo para él. Me pidió que lo entendiera desde el ámbito más profesional posible, que está en un momento de auge creativo y con quién más se entiende y sabe crear es conmigo. Quizás solo sería un día a la semana, sin ataduras ni horarios marcados. Los dos nos pondríamos de acuerdo y buscaríamos el mejor momento.

Adoro mi trabajo, siempre he querido entrar por completo en el mundo del arte, su belleza y creación. Y ahora, ¿dudo?. Enserio, Valentina, ¡¿ahora dudas?! Pues así es señores míos. Esto me pasa por bocazas, por chillar “¡yo quiero, yo quiero!” y que el mundo al final me haya escuchado. El problema es que, sin querer, me voy a la sociedad y sus manías. ¿Qué pensarán algunos de mis amigos y familiares?, ¿Qué comentarios se harán en la escula?, ¿Cómo le cuenta mi madre a su vecina que su hija se desnuda delante de un hombre, solo para él, para que la dibuje? Y cobrando, claro. Cobrando por mi cuerpo, mi cuerpo solo para él. Vaya, que mal suena. Pienso en mis padres y como les costó aceptar mi trabajo: lo conseguí diciéndoles lo impersonal que resulta mi cuerpo, ya que es para varias personas con un objetivo marcado. Pero ahora es diferente. Rafael me busca para su inspiración, para su creatividad, para todos los “sus” que puedan surgir… profesionales. Aunque el arte de profesional tiene lo mismo que personal, que si no se hace con alma y carácter nada existe.

Prejuicios. ¡Prejuicios! Existen para marcarnos, nos paran antes de conocer, nos anulan antes de hacer. Y si me olvido de las reglas significa que estoy loca. ¿Estaré loca y habré perdido el juicio al no hacer caso a los prejuicios? Maldito mundo normalizado y su saber estar. Quiero estar dónde yo quiera, pero mi miedo al “qué pensarán” es real. Maldito “qué pensarán” que nos obliga a pensar y nos deja sin vida. Siento la opinión de la sociedad como las gaviotas que chillan al ver llegar un barco de pesca, hambrientas de algo nuevo que termina siendo lo de siempre: vidas ajenas. Entonces, qué: ¿Perder la oportunidad?, ¿Hacerlo sin escuchar al resto? ¿Llevarlo en secreto? Imposible, me consumiría el no poder compartir algo que me hace estar viva. Si lo siento lo vivo, y si vivo, comparto.

Lo hago, ¿verdad?. ¿Lo hago?


IV: Continuará.
Próximo capítulo, cada viernes en https://esdivendres.wordpress.com/

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