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7 min
Es la mirada y no los ojos
Reflexiones |
26.09.18
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Sinopsis

Cuento para explicar porque hay intentos de unirse en amistad o pareja, muchas veces buscando lo parecido y sin mostrarse a fondo para conquistar al otro; y que por más que fallen no implican un fracaso, ni culpables, ni traición. Tan sólo la evolución y pleno desarrollo de cada uno.

Estaban solos cuando se conocieron, ambos habían dejado sus jaurías y se encontraron en un montón en los alrededores del caserío. No se habían visto antes y en una primera instancia el ruido y asusto a ambos. Tras una breve inspección por parte de cada uno, reconocieron en el otro varias cosas que le resultaron similares a su grupo y con las cuales podían identificarse. Al zorro el perro le pareció algo débil e inseguro; pero no tan distinto a él mismo con sus cuatro patas, su pelaje y hasta los ojos. Le llamo la atención su alegría al moverse y la expresión de sus ojos. Al cachorro de labrador, le llamo mucho la atención el pequeño zorro; su pelaje era algo distinto, su hocico era algo exagerado y se lo veía algo cabizbajo, pero su mirada fuerte y combinada con el pelaje transmitía una fuerza única que lo atraía.

Tras una cuantas vueltas, ladridos y emboscada, se fueron sintiendo cómodos. Vieron que ambos conocían la zona y así habían llegado a aquel monte. El cachorro había visto a los zorros merodeando por la casa y el zorro recordaba haber visto a los perros echados en la casa o siguiendo a los caballos. Cada uno conto su historia familiar y que les gustaba a hacer, como se divertían, y que esperaban hacer. Por ejemplo, se dieron cuenta que la percepción que ambos tenían de las personas era algo distinta pero los dos vivían cera de ellos, aunque de manera distinta.

La amistad fue creciendo a medida que cada uno se fue mostrando y amoldando a los estilos del otro para pasar más ratos juntos. Mientras el zorro le enseñaba sus guaridas al perro, este último le enseñaba juegos y a disfrutar al sol. De apoco se fueron mostrando juntos cerca de sus grupos, las personas de la casa veían entre sorprendidos y divertidos la relación entre ambos en el campo. La confianza entre ambos fue creciendo, al zorro le gustaba sentirse más acompañado y cerca de la casa, pero a su vez tenía miedo y celos de cómo jugaban entre los perros y los cuidados que le daban las personas. Su familia era menos multitudinaria y su casa bastante más sencilla. Al perro le daba lastima eso, algunas veces hasta se enojaba de que el zorro prefiriera andar solo y se propuso tratar de compartir esta vida con el zorro, invitarlo a su casa y que pudiera disfrutar de sus amigos.

Fueron momentos muy lindos, la familia se fue acercando de a poco y el zorro fue perdiendo su desconfianza, le gustaba la idea de ser parte de esa vida. Como en todo, también había algunos malos entendidos. Un día mientras recorría la huerta, el encargado vio al zorro husmeando en el gallinero que estaba cerrado. Tanto el perro como el zorro sabían que no podían entrar ahí, pero el zorro tenía otra mirada sobre porque podían no podían entrar al gallinero y si dormir en la casa. No le pareció mal entrar, pero reconoció que no había estado bien en no avisar. El perro ya no era un cachorro y siendo uno de los custodios de la casa se sintió muy mal al ver al encargado enojado por lo que había hecho el zorro. El tiempo paso y las cosas volvieron a su lugar.

En otra ocasión los encargados del caserío salieron de la casa por un tiempo. Al estar todo más tranquilo los restantes zorros se fueron acercando a la casa. Los amigos compartieron varias tardes con ellos recorriendo la zona. Al cabo de unos días los perros se empezaron a preocupar porque escuchaban ruidos en el gallinero y hasta llegaron a encontrar muertas a dos gallinas.

Gracias a Dios al volver el encargado todas las cosas se calmaron y el misterio desapareció. Lo que no volvió a la normalidad fue la relación entre estos dos amigos. Junto con los encargados vinieron a la casa un par de niños. La vida en el caserío cambiaba y los perros jugaban más con los niños, mientas los encargados cercaban el jardín. Cada vez que el perro invitaba a su compañero a estar con las personas o correr con los caballos el zorro preferí que se quedaran en las pasturas o que el perro fuera sólo. A su vez el zorro no entendía porque ladrar y excitarse con la llegada de un auto, el perro sufría mucho el silencio del zorro que interpretaba con indiferencia. El zorro tendía a estar cada vez más alejado o con los otros zorros en las afueras.

La vida en el caserío seguía, compartieron muchas cosas juntos; desde salidas juntos a eventos importantes para el caserío. Si bien las cosas que atraían del otro estaban ahí, también empezaron a resaltar las cosas que no gustaban tanto, inclusive el tener que adaptarse al otro dejaba de ser una forma divertida de conocer experiencias nuevas para transformarse en un esfuerzo. Ambos sabían que ni el zorro ni el perro estaban haciendo la vida que le corría por las venas. Las costumbres y los recuerdos de aventuras pasadas mantenían unido ese vínculo y cariño, pero las diferencias se hacían más notorias y con la edad cada uno buscaba la vida que había aprendido y soñado antes de haberse encontrado.

Todo se cristalizo una tarde; mientras el perro saltaba sobre el zorro ladrando para invitarlo a jugar con los niños, el zorro se cansó del ruido y nordiquito al perro en su pata. Ambos sintieron su contribución a este nuevo evento, pero a la vez le parecía incomprensible la reacción del otro. El perro prefirió irse adentro de la casa a curarse junto las personas y los otros perros, el zorro se sintió ofendido y se alejó de la casa.

Nunca volvieron a compartir como antes. El perro se alegró mucho al saber que el zorro había tenido cachorros y se siente orgulloso al ver a su amigo correr por el campo, de la misma manera que hoy el zorro ríe al ver a su amigo correr tras los autos que llegan a la casa y ladrar para defender su casa. Los recuerdos están y a pesar de la distancia se sienten feliz de ver a cada uno creciendo en su vida. Nunca más serán extraños, al cruzarse reconocen los sufrimientos y los sueños que hay detrás de la mirada de cada uno. Ya saben que es la mirada y no los ojos lo que los hace quienes son. Se quieren y se respetan como perro y como zorro; y quien sabe, quizás la vejes los vuelva a juntar como niños.

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  • Un cuento más de un amor que se pospone, pero mi cuento de amor. Un motivo más de un miedo que gana, inclusive sobre la voluntad de un universo que hace todo para que las cosas pasen. Un cuento más del libre albedrío sobre la voluntad de Dios. Un cuento más de la violencia ganando sobre el amor. Un cuento más de que para amar primero se debe amar uno. Un cuento más de que en el amor...siempre hay esperanza

    Cuento para explicar porque hay intentos de unirse en amistad o pareja, muchas veces buscando lo parecido y sin mostrarse a fondo para conquistar al otro; y que por más que fallen no implican un fracaso, ni culpables, ni traición. Tan sólo la evolución y pleno desarrollo de cada uno.

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Totalmente aficionado, que ordeno mi mente y emociones transmitiendo mi energía sobre la pluma o el teclado. Siempre abierto a escuchar resonancias y consejos

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