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9 min
“Esclavo de mi Pene”
Humor |
25.04.14
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Sinopsis

Hay hombres que no ven más allá de sus genitales. El pene no les deja ver el bosque

Si no fuera poco hacer dieta que la tienes que acompañar en algún tipo de actividad física. Me empieza a cansar el verano y eso que aun no ha empezado hacer calor. Después de un invierno relajado dentro de lo posible y acompañado por unas buenas cervezas, siempre surge esa barriga cervecera que te señala que no es la mejor tarjeta de visita en las estaciones estivales, donde hay que lucir cuerpo sano.

He convencido a un amigo para inscribirnos en un gimnasio de moda que ha abierto en el barrio. Poco debería ser el sacrificio para realizar las actividades deportivas al tenerlo tan cerca de nuestros domicilios. Terminada la jornada laboral quedamos en encontramos en las instalaciones del gimnasio.

Son las 18:30 y con exactitud británica ya esta esperándome mi amigo Carlos. Nos hemos marcado un calendario con las actividades a realizar y un planning de resultados a conseguir has la entrada del verano. Todo se está desarrollando  según lo establecido, sesión de maquinas para fortalecer espalda, abdomen, brazos y piernas. Terminamos la sesión en la piscina para quitarnos tensiones y podernos relajarnos.

Terminada el primer día de sesión nos disponemos a ducharnos en el vestuario. Mi sorpresa fue que las duchas eran compartidas dado que no había separaciones entre ducha y ducha. Creía haber entendido que eran individuales, Carlos como yo nos despojamos de nuestras prendas deportivas y nos colocamos cada uno en una de aquellas duchas. Según pasaba el tiempo se fueron ocupando todas las duchas.

Sin querer mirar, miraba los aparatos genitales de los compañeros de ducha ¡Que mala son las comparaciones! En aquel nutrido grupo de hombres había penes de todos los tamaños, largos, gruesos y colores, con  fimosis y sin fimosis. No es que tenga tendencias homosexuales o eso es lo que creo. Mi problema es que no me liberado mi sexualidad y sigo encerrado con mi obsesión por el pene.

Existe en mi subconsciente el mito de que un pene largo es más deseable para cualquier fémina en el coito. Este mito siempre ha estado presente en mi evolución de crecimiento de niño a hombre, comentarios siempre realizados entre amigos lo que han conseguido es que no deje de mirarme mi pene. Mirando aquellos penes me sentía ridículo con mis casi catorce centímetros de carne. Achacaba su pequeño tamaño por el efecto del agua, pero es que el resto de penes también tendrían que padecer tal efecto y a mi entender casi todos los penes que me rodeaban en aquellas duchas eran de tamaños superiores  al mío.

Se lo comente a Carlos cuando nos estábamos vistiendo.

--¡En lo que te fijas! Juan.

--¡Carlos no te lo tomes de cachondeo! La tengo enana, si hasta la tienes más grande tú.

--Si no fuera que te conozco diría que tú en vez de pensar con la cabeza, piensas con la polla.

--Como cojones no quiera que piense en el tamaño, viendo lo que hay por el mundo. A las mujeres les gustan “potentes” ¡Ya me entiendes!

--Que yo sepa por lo que siempre me has explicado, siempre te ha ido muy bien con las mujeres en asunto de la cama ¿Oh no?

--¡Siiiii…! Con las mujeres que estado, todas han quedado satisfechas ¿Pero si la hubiera tenido más grande, seguro que las hubiera dejado más a gusto?

--Deja de lado la obsesión  por el pene. Quítate la presión por el tamaño, los tiempos y las veces que eres capaz de copular con una mujer en un mismo día.  

--Tu dirás lo que quieras, pero como una polla grande no habrá nada ¡Debe ser la ostia!

Por mucho que mi amigo intentaba disuadirme que le tamaño no era importante, yo no hacía otra cosa que pensar en aquellos inmensos penes que había observado en el gimnasio. Me sentía más pequeño que mi propio pene ¡Que ya es decir! Estaba entrando en depresión  por culpa de mi ridículo pene. Cuando llegue a mi casa lo primero que hice fue llamar una muy buena amiga.

Anna es una mujer muy liberal, la conozco se podría decir de toda la vida. Con ella he compartido muy buenos momentos, tanto sexuales como personales. Es la perfecta amiga que siempre la tienes cuando la necesitas y una “follamiga” que nunca te dejara con el pene tieso. También es cierto que yo para ella soy lo mismo que ella es para mí un “follamigo”. Le explico que estoy pasando un mal momento.

--¡Juan estas tonto! Como se nota que eres hombre, los hombres sois esclavos de vuestros penes.

--¡Mujer no digas eso!  Tú sabes que yo nunca había reparado en estas cosas.

--¡Bueno eso también lo decís todos los hombres! Ahora solo te faltaría decirme que tu como todos los hombres en lo primero que os fijáis en una mujer son en sus ojos ¡Juan! Que para los hombres a las “tetas” le llamáis “ojos”.  Invítame a cenar y te echo una mano en el tema.

--Echo Anna mañana quedas invitada, a las 21 horas.

--Hasta mañana cariño. A las 21 estoy en tu casa ¡OK!

Anna es una maravillosa anfitriona y conocedora de la buena mesa, como cocinera es nefasta todo lo contrario a mí que se meda muy bien la cocina. Disfruto cuando viene a comer lo que yo le he preparado. Para esta noche le he preparado una cena afrodisiaca. Durante la cena estuvimos hablando de amistades que compartíamos en el ámbito social y algunas veces hasta profesional.

Terminada la cena nos sentamos en el sofá a tomar unas copas de cava acompañadas de fresas, era cuestión de empezar a ambientar la situación. Anna le encantan los preliminares y yo cuidaba con suma delicadeza. Ella no era de las de llegar y metérsela, necesitaba su tiempo, una liturgia que había que realizar siempre que mos reuníamos para copular. Ella siempre había sabido valorar esas pequeñas cosas de a las mujeres les gustan.

Pasamos al dormitorio y terminamos desnudos los dos mirándonos a los ojos, las caricias iban resbalando por nuestra piel. El roce de sus llenas de sus dedos sobre mi espalda estaba consiguiendo que mi pene estuviera tomando su forma más  erguida. Cuando Anna noto mi pene estaba presionado su bajo vientre se aparto delicadamente.

--¡Bueno, bueno! Ya se ha despertado la fiera.

Desplazando sus manos hasta mi pene lo acaricio hasta llegar a su base.

--Tienes una hermosa polla y lo más importante es juguetona como su propietario.

--¿Esa es la opinión que tienes de mi pene? Juguetona porque es pequeña.

--¡Juan! Que empiece la función, que yo ya estoy muy excitada.

Estuvimos haciendo el amor hasta que quedamos rendidos sobre aquellas sabanas. Anna dio el cien por cien de toda ella, estuvimos saboreando los órganos como  de ello dependiera nuestras vidas. Dos veces subimos al cielo y dos veces descendimos al mismísimo infierno. Tumbados boca arriba contemplado el aplique del techo los dos suspirábamos por lo experimentado.

--¿Qué nota le pones a mi pene?

--Juan solo puedo valora la totalidad. Has sido sensible, compresivo y respetuoso. Te pedido que fuera viril, fuerte y lo ha sido ¡Un excenete alto!

--¡Yo te preguntaba por mi pene!

--De quien crees que estaba dando la valoración. Acaso te pensabas que era de ti ¡Pues si que estabas equivocado! Estaba valorando tu pene.

No sabía que decirle a Anna, no era el momento más adecuado para insistir sobre valoraciones. Era uno de esos momentos mágicos que es completamente relajado, estas a gusto contigo mismo y con el resto de la humanidad.

Al despertar al día siguiente Anna ya no estaba en la cama. Hubiera podido pensar que todo fue un sueño lo sucedido la noche anterior de no ser que al despertar notaba algo que me molestaba alrededor de mi pene. Aparte las sabanas y encontré enrollado a mi pene una cinta haciendo la forma de un lazo ¡Cosas de Anna! Al desliar aquella cinta de mi pene observe que era una cinta métrica de medir ropa ¡La misma que utilizaban los sastres y modistas!

Al otro extremo de la cama en la mesita de noche una nota apoyada en la lamparita, fui desplazándome hasta la mesita y cogiendo la nota empecé a leerla.

 

“Buenos días Juan”  las medidas de tu esplendido pene son, largo: 13,5 cm  y tiene un diámetro de 4,3 cm. Quede muy satisfecha en el coito vaginal realizado con esos movimientos de cadera tan estimulantes en los labios sensoriales del clítoris. Para mi es más importante una buena erección que un pene largo. Para que me entiendas porque a los hombres algunas veces os cuesta de entender las cosas ¡Las prefiero gordas a largas! y ¡Tu pene es de los gordos!  Un besote fiera.

 

Tremida de leer la nota me quedo mirando mi flácido pene y miro la cinta métrica. Extiendo la cinta métrica del 0 cm hasta el 20 cm, sigo pensando que con un pene de 20 cm seria más hombre y seria más atractivo para las mujeres ¡Bueno! Y como la luciría en las duchas del gimnasio.

 

 

“Esclavo de mi Pene”  

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