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3 min
Escribiendo de otoños en invierno.
Reflexiones |
30.04.15
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Sinopsis

Orquídeas muertas

     Viajando, caminando y pensando. Un otoño en el que hiela más el frío de la amarga soledad que la misma estación. Caminas, con la mano en los bolsillos y la mirada al frente, un tanto cabizbajo. Las hojas naranjas, con venas cargadas de sangre caen y marcan un camino aleatorio. Las pisas, las esquivas, te golpean, las eludes... discutes contigo mismo de lo que es el otoño para ti. Si es una simple estación que une dos sentimientos o un paso por la quebradiza eternidad. La contemplación de una nueva vida o el desarraigo de esta. Un caminar alterado por pequeñas grietas en el suelo, en las que tu estupidez y falta de coordinación por el frío hace tropezar. Pájaros cantando e intentando acomodarse al momento, mientras te bañas en un aluvión de hojas que golpean tus ideas. Pájaros que interrumpen las pequeñas partituras que has compuesto, escrito, quemado y guardado. Una escala melódica en su mayor auge y de los acordes más exquisitos. Pájaros piando y amargando lo restante de tu existencia.

 

 

     Viajando, caminado y pensando. Un otoño que odias, que se repite y te envenena. Rayos de sol, ilusiones, que atraviesan los dedos con los que aprendiste a apartar las hojas. Intentas abandonar el torrente de sentimientos y, sin embargo, te ahogas en todo aquello que amas. Caminas, caminas y caminas. Atisbas, a no más de cinco pasos del camino, un pequeño animal moribundo en busca de ayuda. Pero no de ti. Apartando las hojas en las que se escondía, lo acoges en tus brazos con la sonrisa de un niño ilusionado. Caminas con él en brazos, esperando a que abra los ojos y se mueva. Desgastando la punta de las zapatillas, golpeas las hojas y el suelo a cada paso que tu vida da. El camino, lleno de árboles que pretenden desprenderse de todo lo que no necesitan.  Pequeños susurros del viento, mezclándose con los rayos del sol y las hojas naranjas. El camino que tus pies han cogido generan una rabia en ti y ese color que inunda la el lugar. Cuando te das cuenta, el ser que en tus brazos estaba se escapa sin mirar atrás, sin buscarte y dar las gracias.

 

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