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8 min
¿ESTÁ USTED CONFORME CON EL MUNDO?
Ciencia Ficción |
02.12.14
  • 4
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  • 1364
Sinopsis

Crónicas distópicas.

I

 

“¡Tengo ganas de poner una bomba y matarlos a todos!”

El nuevo líder jamás olvidó aquellas palabras de su primera novia. Le rompió el corazón ese día, pero a la larga él terminó sufriendo mucho más que ella.

Más de tres décadas habían transcurrido desde aquel día y ninguna mujer volvió a quererlo tanto. Él no lo supo entonces, pero hoy no tiene ni la menor duda de eso. ¡Si tan sólo se hubiese dado cuenta del dolor que le estaba causando! Tal vez se habría detenido a reflexionar y otro habría sido su destino.

Fue este hecho lo que lo llevó a imponer sus tantas innovadoras leyes al poco tiempo de tomar el trono. Estaba dispuesto a terminar con la tristeza, a ponerle fin al dolor en el mundo. ¿De qué sirve un líder si no es para evitar el sufrimiento de aquellos a quienes lidera?

No llevaba ni un año al poder cuando dictaminó el Edicto 13: Cada adulto será abastecido de un control remoto.

Muchos han sido los edictos que impuso desde que gobierna, pero ninguno se compara al Edicto 13.

Los controles remotos que menciona el edicto no son más que pequeñas cajas con un solo botón en ellas. No tienen ni una inscripción ni un manual de instrucciones, todos saben que ese control debe usarse únicamente en caso de disconformidad con la vida.

¿Qué activa ese botón? Una bomba que destruye al mundo entero.

 

II

 

Tocó la inconfundible bocina de su viejo camión y enseguida su ex esposa salió a la puerta:

– Ya sale – le dijo –; se está cambiando.

Ya ni siquiera lo saludaba, todo el asunto se había convertido en un trámite.

“¿Para qué se queda parada en la puerta?, ¿acaso lo hace sólo para mostrarme que cada día está más linda?”

Sus reflexiones fueron interrumpidas por el furioso motor de un automóvil último modelo. El nuevo novio bajó y le dio un apasionado beso.

“Si así la besa estando yo cerca, no quiero ni imaginar como la besará en privado”

El galán lo saludó con una sonrisa que lo dijo todo.

Fue la tercera vez en el día que necesitó repetirse a sí mismo el antiguo pero nunca pasado de moda consejo: “Cuenta hasta diez, siempre cuenta hasta diez antes de tomar cualquier decisión”. Pero a veces no se puede contar, a veces no se puede pensar.

Para no ponerse en riesgo a él mismo ni al resto del planeta, hacía tiempo que había decidido emplear un método que lo obligase a esperar esos diez segundos antes de apretar el botón. En su tobillo tenía una cinta que había sido roja originalmente pero que se había vuelto casi negra por la mugre, de aquella cinta colgaba una llave que abría una pequeña caja debajo de su asiento, en la caja se encontraba otra llave que abría la guantera de su camión, adentro de la guantera guardaba nada menos que su control remoto.

La espera se hizo eterna y las risas de su ex con su nuevo novio le colmaron la paciencia. Se arrancó del tobillo la cinta que había sido roja originalmente pero que se había vuelto casi negra por la mugre, abrió con la llave la pequeña caja ubicada debajo de su asiento, sacó la llave con la cual abrió la guantera y de allí sacó nada menos que su control remoto. Tardó más de diez segundos en realizar todo el proceso, el viejo método de contar hasta diez no habría servido de nada en aquella oportunidad.

Estaba a punto de apretar el botón cuando alguien golpeó la puerta de su viejo camión, se asomó y vio a Natalie; la niña más linda de la faz de la tierra estaba ansiosa por pasar el domingo entero con su padre. Volvió entonces a guardar el control remoto en la guantera antes de que su hija se subiera al camión; y el mundo siguió girando.

 

III

 

“Estás muy linda, ¿acaso no te das cuenta de que podrías romperle el corazón a alguien viéndote así?”

Natalie jamás olvidó aquellas palabras de su abuela; era la típica frase de vieja, pero tenía toda la razón. El Edicto 5 había sido removido por el nuevo líder, pero el sentido común aún indica que arreglarse en demasía es una falta de consideración hacia los demás. Nadie debe llamar la atención en un mundo en donde todos los adultos poseen un control remoto, nadie debe tener derecho a decepcionar ni a hacer sufrir, ni a hacer desear ni a hacer sentir.

“Si me abandonas… ¡apretaré el botón!”

“¡Acuéstate conmigo o nos mataré a todos!”

Natalie fue martirizada numerosas veces debido a su aspecto pero, lo intentara o no, siempre fue muy atractiva.

 

IV

 

Ayer fui al hospital a ver a mi madre en pleno horario de clases; sí, soy de faltar seguido. Falto porque da lo mismo si uno asiste o no al colegio, de todas maneras el Edicto 8 indica que no debe haber calificaciones y que todos deben aprobar.

Natalie me dijo que me acompañaría al hospital, pero ayer cambió de opinión y fui solo. No es la primera vez que cancela una cita conmigo a último momento; algo le sucede.

No quiero ni considerar la posibilidad de perderla, aquello me destruiría. No dejo de pensar en ella, ninguna otra mujer me gustó tanto; claro que son pocas las que se ven así de lindas.

En la clase de historia aprendí que hace muchos años el nuevo líder dictaminó el Edicto 5 sobre la prohibición de verse atractivo, pero pronto lo removió por ser demasiado difícil de juzgar; además, algunos se ofendían si no se les llamaba la atención por no cumplir con este mandato. Mientras estuvo en vigencia, los desfiles de diseñadores, la producción de accesorios y en general todo lo que tenía que ver con la moda desapareció; luego de la remoción de este edicto, la falta de interés en el aspecto físico se mantuvo por costumbre.

En medio de una de mis tantas reflexiones llegué al hospital. Mi madre estaba bien, se trataba tan sólo de una operación de vesícula; nada por lo qué temer. La gente me preguntaba preocupada por su salud, no por ella en sí, sino por la posibilidad de que pudiera sentir que todo estaba perdido y apretara su botón.

Desde que se dictaminó el Edicto 13, nada causa más miedo que una persona que no tiene ganas de vivir. De todos modos no había riesgos de que mi madre hiciera estallar el mundo, sin importar que tan enferma estuviera ella jamás haría algo así. Pero la Señora Z, ubicada en la cama adjunta, atravesaba una situación completamente diferente y, a decir verdad, su afligido gesto era inquietante:

– Aquí están sus pastillas, Señora Z – dijo la enfermera – Y por favor cuente hasta diez, siempre cuente hasta diez antes de tomar cualquier decisión.

La Señora Z tenía apoyado el pulgar en su control remoto. ¿Por qué? Porque nadie jamás la había querido ir a visitar al hospital ¿Por qué? Porque nadie jamás la había querido.

Su pellejo gris pesaba demasiado como para fingir una sonrisa. De repente, sus labios secos y cuarteados dejaron salir un hálito de ultratumba:

– Uno, dos, tres,…

 

V

 

Natalie secaba sus lágrimas con un pañuelo mientras los rostros silenciosos del autobús la apuntaban. Parecía cuestión de tiempo para que ella metiera la mano en su cartera en busca de aquello en lo que todos estaban pensando.

El tiempo se detuvo cuando abrió el cierre, introdujo la mano y comenzó a revolver entre sus cosas.

“¡No lo hagas!, ¡por favor!” pensó más de uno, pero el Edicto 21 prohíbe entrometerse en los asuntos de los demás en lo que respecta al uso de los controles remotos.

Finalmente Natalie encontró lo que estaba buscando: un nuevo paquete de pañuelos descartables con el cual seguir secando sus lágrimas.

El autobús entero respiró.

 

VI

 

Odio estas charlas motivacionales de fin de curso, ¿qué sentido tienen? Intentan aconsejarnos sobre la elección de nuestras carreras pero todos los que trabajan tienen el mismo salario, y los que no trabajan… también. No hay razones para sobresalir del resto, de hecho eso es lo que todos quieren, que seamos iguales, de ese modo nadie siente envidia y nadie se siente disconforme con lo que la vida le dio.

No sé qué pensaran mis compañeros, pero a mí no me sirven en absoluto estos debates que impuso el nuevo líder.

Pronto terminaré mis estudios y no tengo ni la menor idea de lo que haré; es más, ni siquiera sé que haré en mi cumpleaños y es dentro de una semana. Sólo sé que el 2 de diciembre seré mayor de edad, justo ahora cuando no estoy de humor para festejos. Mi mente está demasiado ocupada en Natalie. Desde que me abandonó, no puedo dejar de pensar en ella… ni en el control remoto.

 

 

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