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6 min
ESTAA BIEN
Terror |
26.07.15
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Sinopsis

Estaba bien, no podía estar en un sueño, estaba consciente, podía decir como había llegado ahí, aunque sus recuerdos no eran más que una secuencia de percepciones difusas y entrelazadas como una sola. Simplemente le había sucedido otra vez, otra vez estaba mal. Pero eso fue ayer, hoy estaba bien o por lo menos eso quiso suponer. Se sentón en la cama y reviso su estado, todo parecía estar en orden, cada cosa en su lugar, un poco abombado tal vez, pero nada de qué alarmarse. Se levantó y fue para la cocina, estaba toda su familia almorzando, se ve que había dormido mucho, saludo a su mama y se sentó, seguro de que le haría mejor, pinchó contó y empezó a llevarse los bocados a la boca, a masticar, tragar, todo perfecto. Sin embargo en eso empezaron a hablar, su conversación le pareció estúpida e insulsa, se preguntó si ellos también estaban como él, no eso no tenía sentido, pero bueno tampoco lo tenía que aquello que estaba tragando estuviese hundiendo su garganta en un vacío circular en el que se hundían sus sentidos de ser, producto del cual, en definitiva, se estaba tragando a sí mismo. No queriendo volver a lo mismo, dejó de comer y le dijo a su mama que no tenía hambre. Volvió a su cuarto, tal vez lo mejor sería volver a acostarse, por lo que se vistió y salió afuera. Todo estaba tan lindo, hermosamente predispuesto, un fresco acogedor, acompañado de los cálidos rayos del Sol que recibía como sonrisas teledirigidas, los árboles que lo saludaban con sus gestos petrificados en sus ramas retorcidas, las baldosas que le decían hola con cada contacto seco con su suela, los autos que ronroneaban en su suave roce entre goma y asfalto al pasar, las miradas enigmáticas de la gente con tanto que descifrar en un corto lapso de segundos. Por suerte sus ojos no se marchaban, las imagen se iban conservando como un todo, para que él se tomase su tiempo para verlas, aunque no, eso no podía ser, imposible, el tiempo no funcionaba así, no podía estar viendo lo que ya había pasado, si fuera así donde estaban sus miradas del presente. Se detuvo un rato para ordenar sus  pensamientos, todo estaría bien mientras se tranquilisace, ahora tenía que tomarce el coletivo, no sabía porque pero tenía que hacerlo. Así que sin pensarlo se embarco en aquel viaje de ventanas gigantescas e imagenes difusas, con la precensia de los pasajeros a la muestra como en un museo, siendo cada uno una escultura, tallada por sus pensamientos en las expreciones de lo hecho, pintadas por sus emociones en las facciones de sus rostros y con la firma de sus vidas grabadas al costado de sus miradas. De esta forma todo se encontraban ajenos a sus presencia, como obras de arte esperando a ser observadas, somergiendolo en la paz del sereno paseo que se tomaba su vista. Sin embargo esta tranquilidad fue herida nuevamente producto de unos ojos que alguien le estaba clavando descaradamente. Lo sintió primero como una herida a su ser indefenso, luego lo confirmo al voltearce y estar cara a cara, etrelazando las miradas y la sensación de vacuidad, que nacía desde la nada en su pecho y terminaba en aquellos dos circulos concentricos, decendentes hasta lo imposible de la penumbra, en las aguas cristalinas e inertes que las rodeaban. Ahora como si estubiese tratando de desetrañar una memoria errática, esa imagen, de ella sentada en la mitad de los ascientos del fondo, con su espalda arqueada hacia el, sin tocar el respaldo, le quedó como una foto para el recuerdo. A continuación se bajo, caminó un poco y se paró ante el portón de un estacionamiento, creyendo por un tiempo que estaba cerrado, pero viendo mejor, había un claro telón de sombras anticipandoce al espectaculo que encontraría adentro, así se lo anticipó el miedo que punsaba su cuerpo, solo que este ya no tenía a su conciencia por dueño. Mientras se adentraba pudo distinguir los contornos de las paredes que enmarcaban aquel pasillo alargado, hondo, sin recordar si había luces o no en el techo, pero lo cierto era que allá a la distancia, no había más que negro, tendiendole una mano palidecida en la quietud de su gesto, con las sombras cual figuras, imponiendo sus altas precensias a los lados del camino que le marcaban. Y cuando su calor acarició la la suavidad de su piel cual brisa de invierno, descubrió que se trataba de una pequeña, ocultandoce tras el silencio que dibujaba su rostro y mirandolo con los ojos del olvido. Así lo llevó, tomados de la mano, hasta el abismo de lo que nunca fue, como la verdad indesifrable en el gesto petreo de una calabera.      

De esta forma siguió avanzando, como en un túnel de sensaciones pasadas a presentes que no seguían un orden ni un lugar específico. Su cuerpo ya se había perdido como un niño en un pelotero infinito, tranquilamente podría estar en el piso, corriendo, caminando, de una forma u otra forzado por la mano que ya enterraba sus dedos como estacas en su brazo. Ahora había un montón de caras sonriéndole con la contorción retorcida de sus risas, lacerando sus oídos que sangraban miedo. Quiso llorar pero sus ojos ya no le pertenecían sino a las imágenes, quiso gritar, pero su boca ya no servía para comunicarse con el resto. Solo le quedaba hundirse, en aquel agujero que representaba todo lo que no era capaz de entender, hundiéndose a los límites de la nada, llevado por el gesto que él mismo aceptó, porque el sentido y significado se había esfumado junto a la existencia misma de la mentira ilustrada, como país de fantasías que era todo. Ahora llegaría a las cosas tal cual son, solo que no tenía con qué captarlas, solo garabatos trazados por luces y pintados en sombras, para que sus cinco se deleiten, haciendolo bailar errante, sin las ataduras de un espacio o lugar determinado, sin comprender, ya todo estaba dicho, ese sería sus cielo en el que dejaría descansar su sufrimiento, todo junto, todo entrelazado en un mismo lugar, como su mano y la de ella, que a su vez no estaba ahí, no estaban en ningún lado, porque era eso exactamente.  

 

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