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5 min
Están en las calles… están en las calles
Varios |
17.09.20
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Sinopsis

Este texto lo escribí en estos tiempos de cuarentena, tras leer algunas notas periodísticas y utilizando ese tiempo de ocio que nos permitió escribir, un poco más, sin el apuro que conlleva nuestra vida en tiempos "habituales", por decirlo de alguna manera.

Trabajo en una residencia para adultos mayores durante las noches. Libro el miércoles de cada semana; pero el resto de las noches paso con gente mayor cuyos familiares no pueden tenerlos en sus casas. La mayoría de los abuelos del hogar tienen alguna enfermedad o no pueden valerse por ellos mismos. Y ahí es donde nosotros los enfermeros podemos trabajar, más allá de hacerlo en los hospitales y sanatorios privados.

En mi caso vengo realizando esta tarea desde hace unos ocho años en el hogar Bosques del Rin. Este lugar lo regentea una pareja de alemanes de ahí el nombre. Ellos me contaron que existe un bosque a la derecha del Rin, cerca de la ciudad de Rhinau y de allí deriva el nombre de este hogar. Pero aquí estamos cerca del río de la Plata. Y los bosques más conocidos son las plantaciones de árboles que se usan para la industria maderera.

En las últimas dos noches pasadas, uno de los abuelos, Mauricio, me contó sobre la presencia de animales en las calles durante la noche. Yo le pregunté si eran gatos y me respondió que sí. Pero luego aclaró: “son grandes, no los gatos como la ‘mimi’, sino los grandes…”. Si bien yo estuve atento, me concentré en los pacientes y sus dolencias, en los cambios de pañales, en la medicación de algunos o en las historias de algunas de las mujeres que suelen contar historas cuando no pueden conciliar el sueño. Por lo que lo mencionado por Mauricio se me pasó, lo olvidé.

Esta noche, Mauricio me invitó a esperar a los animales, a los gatos grandes. Todos los pacientes estaban casi dormidos, sólo él y Julia, estaban, realmente, despiertos. Ninguno podía dormir. Julia escuchaba una radio - que la ponía muy bajito - y miraba con cierta atención hacia afuera. Supuse que eso la tranquilizaba.

Recordé a cierta altura de la noche que en estos tiemps de cuarentena se habían registrado la presencia de animales en ciertas ciudades del mundo; pero en los informativos nadie daba cuenat de que en esta zona se produjo algo similar. Asumí que tanto Julia como Mauricio pudieron haber sentido el tema en la televisión y creyeron ver a los gatos grandes…

La residencia está a unos dos kilómetros de una zona más descampada, pero todo en derredor es una zona urbanizada con casas bajas, de una planta todas. Muy arbolada, pero dista mucho de ser un bosque. Como a las tres de la mañana, Mauricio se inquietó y señaló la ventana. Julia lo vio hacer señas y dirigió la mirada hacia el mismo sector. No pude sino detenerme a mirar hacia el mismo ventanal, aunque estaba entretenido con un artículo que daba cuenta de la cantida de personas contagiadas con la enfermedad del nuevo Covid -19. No pude creer al principio. Se veía unas sombras de animales deambulando por la calle. Eran animales con cuernos como los chivos. Y no pude hacer otra cosa que acercarme. Y sí, eran animales en las calles, pero animales silvestres, no eran perros, ni gatos.

Mauricio sonrió y me dijo con voz pícara: “vez, vez, no te mentía cuando dije lo de los gatos grandes”. Él desde su posición en el sillón no lograba distinguir qué tipo de animales eran, sino que eran animales y las sombras daban un aspecto más grande a lo que se percibía directamente. Sin embargo, eran animales silvestres.

Los contuve, y me pidieron que saliera a ver y que luego les contara. Por lo que salí a la calle, más por propia curiosidad que por la sugerencia de ellos. Pero mis ojos no daban crédito a aquél desfile de animales. Y sí, no pasó mucho tiempo para ver aparecer en la esquina, que está a escasos veinte metros, a un gato grande. Sí, un puma de la zona de serranías. Me refregué los ojos y no lo podía creer. También pude ver algunos zorros, un buen número de mulitas y unos venados - que sé que hay al norte del país y en una zona del departamento de Canelones. Estuve escasos quince minutos. Sabía que estaban los abuelos allá esperando, y que cualquiera podía requerir atención. No puedes dormirte, siempre puede pasar algo, y más en la penumbra de la noche.

Julia y Mauricio me esperaban atentos. Los miré, y no pude mentirles. Sí, había visto a los animales en las calles. Pero cómo explicarlo.

Mauricio me había relatado así: “Están en las calles, están en las calles…” Y yo no debí restarle importancia. Su relato era cierto. Julia estaba cansada, pero su rostro se veía feliz. Cuando le conté que lo que ellos me habían dicho, yo lo pude comprobar, me miró feliz.

Mauricio se acercó un poco más a mi oído y me explicó, cómo sabía que eran gatos grandes. Y me narró cómo, una de esas noches, al sentir a los animales, se coló por una de las puertas y llegó a la calle. Allí vio a uno de esos gatos grandes, que lo olió, rozó su cabeza por las manos de él y luego siguió su camino. Parecía increíble; pero a esa altura, yo no podía dejar de creer, pues los animales pasaron muy cerca de mí sin hacerme nada, y yo simplemente atiné a mirarlos, parado frente al portón de entrada.

Pedro Buda

2020

 

 

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  • Me alegro que el texto haya gustado. Ana Gracias por tu comentario. Pedro vive esas experiencias que sólo el escritor vive, recorriendo su universo particular. francesc qué gusto tu lectura y comentario. Quizás sí, estamos ante puertas de situaciones caóticas. Pero... ¿servirá para repensarnos como civilización?
    Pedro...! gracias por compartir tan maravillosa experiencia! Y a la vez felicitarte por tan noble profesión. He tenido experiencia de acercamiento con la fauna de bosques y de selvas, pero la tuya es especial, sólo el que lo haya vivido y se identifique con el maravilloso reino animal, conoce la emoción extraordinaria de recrearse con solo verlos, contemplarlos, sentir que estás allí, a pocos metros de cercanía y olerlos...es fascinante! Siéntete feliz de haber sido parte de ese escenario natural.
    Aquí en España, en ciertas zonas también han aparecido jabalies, y otros animales en plena ciudad. Es una señal de que estamos en una situación caótica como nunca habíamos visto.
  • -Bueno, algunas veces responden, en realidad casi siempre dicen cosas, escriben cosas. Y me contaron que en ese/este mundo en el que están, un suspiro pueden escribirse en cientos de páginas en blanco, una sonrisa en un centenar de libros, una palabra dicha por un enamorado puede sumar varios volúmenes de páginas… Cosas así.

    Cuando te llaman y no podes hacerte el distraído...

    Eran como las tres de la mañana, más o menos. La noche estaba fría, pero el fuego del brasero encendido nos mantenía un tanto acalorados... [El cuento es ficción, pero basado en un hecho real, según me contaron siendo muy chico]

    Recuerdo perfectamente cómo llamó mi atención una portera que vi, una mañana que recorría un camino en mal estado. Era una ruta provincial que ciertamente necesitaba ser reparada.

    Quizás muchos conozcan sobre la vida, allá ité, en las tierras de las largas siestas e interminables tererés; pero supongo que todos no. Por eso les acerco estas narraciones de don Arturo, un viejo conocedor de la zona y sus pormenores.

    Este texto lo escribí en estos tiempos de cuarentena, tras leer algunas notas periodísticas y utilizando ese tiempo de ocio que nos permitió escribir, un poco más, sin el apuro que conlleva nuestra vida en tiempos "habituales", por decirlo de alguna manera.

    Hay lugares vinculados a situaciones que nos marcaron de por vida... Este cuento está basado en lo que me contó alguien hace tiempo atrás...

    Me dijeron que escribiera, que escribiera un informe de la situación para dejar un registro para los seres del futuro… Ese sería el legado de los que ellos llaman “Human”

    La Comisión Vecinal del Pueblo El Edén propondrá incluir como parte del patrimonio de la Comisión la motocicleta del P. Luis, quien fuera el celebrante en nuestra capilla, los domingos, durante muchos años de este siglo.

    “Esto es cuestión de cambiar de rutina. No hay otro modo de vencer… Repito -insistió- esto es cuestión de cambiar de rutina”.

Me considero un escritor pues parte de mis días están dedicados a esa actividad. Crear o recrear situaciones y personajes es un trabajo que disfruto realizar. Firmo como Pedro Buda. También produzco el programa "Página en Blanco", escuchalo en Ivoox.

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