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10 min
Estimado compañero
Amor |
27.08.15
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Sinopsis

A veces, creemos en el amor y tomamos acciones a su costa. A veces, confundimos el amor con el deseo. A veces, erramos y nos convertimos en almas en pena. Porque todas las historias de desamor son iguales.

Estimado compañero,

He tenido que leer varias veces tu carta para asimilar todo lo que me comentabas. Todavía sigo dándole vueltas en mi mente como si un pajarillo me repitiese palabra a palabra tu escrito. Sé que no soy nadie para decirte nada, sé que ni siquiera me conoces, que soy una desconocida que opina sobre tu vida, una cotilla a más no pedir, pero considérame un hada de los bosques que te ofrece ayuda sin esperar nada a cambio, Cupido armado de arco y flechas en boca de nadie o incluso tu único y verdadero ángel de la guarda. Por eso nunca me conocerás, nunca sabrás de mí mi verdadero nombre, nunca verás el color de mi alma ni escucharás las palabras que se escapan revoltosas entre mis labios. Ya sabes que no soy nadie, solo una espada a medio afilar. He oído mil cuentos de amor y desamor procedentes de los árboles de la noche, de las dunas del desierto y de las olas del mar y todos se parecen y se diferencian en lo mismo. Los errores y los aciertos son todos iguales y nos edifican como personas. Eso dice mucho de nosotros. 

Tu historia si he entendido bien, se remonta años atrás, cuatro para ser exactos, donde conociste a ella, a tu rosa perfecta, tu chica ideal. Llamémosla M.  Sin embargo, cruel fue el destino que estaba con otro. Pero de las locuras que se hacen por amor, apareciste tu cual guerrero luchando por tu amada. Ella, que decía que sentía cosas por ti, profundas como la noche, no dejó a su novio por tu amor y tú lo único que pudiste hacer fue alejarte de ella. Sin más. Y bien que hiciste, compañero. No podrías haberlo hecho mejor pero decidiste mantenerla en tu vida como tu mejor amiga, lo que fue un grave error. Con el tiempo, se curaron las heridas de tu alma y comenzaste a mirar hacia otro lado, hacia otra rosa, hacia la chica que despertó de nuevo tu interés por el amor. Llamémosla S. La amaste como el aire que respirabas, la rodeaste de infinitos abrazos, de maravillosos obsequios de amor. Viviste por ella cada segundo de los que estuvisteis juntos. Te entregaste en alma y corazón, tanto que te habías olvidado de tu amor por la anterior rosa, de M, aún manteniéndola en tu vida. Y es aquí donde empieza la pesadilla. En un momento de debilidad, fruto de alguna discusión banal sin sentido o una pequeña decepción con S, te acurrucaste en el regazo de M. Y se sentía bien, te abrigaba entre sus brazos mientras le contabas lo que te sucedía con S e intentaba mitigar tu dolor. En ese momento, algo en ti se encendió como mechero cerca de su cigarro, la volviste a ver con los ojos ardientes, creíste ver en ella la roca sobre la que edificarías tu vida.  ¿Qué podías hacer si estabas con S? Seguro, y no lo dudo, que te costaría tomar la decisión, pero dejaste a S con las más pobres excusas. Me las imagino revoloteando en mi cabeza: “Somos demasiados diferentes….”, “no eres lo que quiero en mi vida…”, “quizás en el futuro nuestros caminos se vuelvan a unir…”, “esto tenía que pasar tarde o temprano…” ¿Me equivoco? Pondría una mano en el fuego por un no. Todas las mujeres saben cuando las dejan por otra y siempre en estos casos, las palabras con las que se corta el acero del amor son las mismas. Pero sigamos con la historia. Comenzaste a perseguir de nuevo a M como caminante de caminos perdidos, soñador errante de amores sin destino. Ella seguía con el mismo tipo que hace cuatro años y continuaba diciendo que sentía cosas por ti. Decidiste que era mejor tenerla en tu vida que no tenerla, habiendo olvidado ya por completo a S casi como si no hubiera existido. Ahora mismo estás ahí, esperando un error del otro para poder hacerte hueco entre la maleza brincando como un conejo para poder ver de lejos. 

Perdona compañero, pero vamos a hacer un parón. Me gustaría que volvieras al principio de la carta, empieza de nuevo a leer la historia. Espero y confío que te des cuenta tu solo del problema que es peligroso y siniestro como una matanza. No dudo en tu capacidad para ver las cosas, sin embargo ahora mismo estás deslumbrado y me negarás varias de las aquí escritas. Siempre he pensado que soy una espada mágica y que por lo tanto, poseo poderes que los mortales jamás podréis imaginar. Por eso estoy leyendo ahora mismo en tu mente: “te equivocas Tizona, dejé a S porque no la amaba, no me llenaba como M” o “M siempre ha sido mi verdadero amor, es ella el motivo de mi existir” o “M no influyó en mi decisión de dejar a S, acabé con la relación por otros motivos” e incluso, “No llegué a amar jamás a S, fue todo una mentira, mi corazón era de M, jamás habría funcionado.” Todo esto, en lo más profundo de tu ser, allá donde quizás no lo puedas encontrar jamás, revuelto entre los recuerdos de pasados inciertos, sabes que es mentira. Pero como ya lo he dicho, no lo puedes ver, estás ciego.

Ahora es cuando mis palabras escritas en el reverso de mi empuñadura, entran en acción. Desde aquí, en mi viaje místico en busca de lo desconocido y lo falto de interés, más allá de las sombras y de la luz, de lo material y lo esencial, te invito a pensar, a que dejes volar tus pensamientos hasta que te inunden y te permitan salir a flote del naufragio que estás viviendo. Te voy a proponer varias situaciones que probablemente no quieras reconocer, verás a cuál mejor:

Supongamos que ella jamás deja a su novio, lo que es muy posible porque hasta ahora no lo ha hecho. Mira tu futuro. Con cuarenta años solo, soñando por una persona que no va a aparecer de repente a lomos de tu caballo blanco. Una persona con la que no habrás podido saborear el amor en sus cabellos ni la habrás mecido en tus brazos en el atardecer en una playa desierta. Seguramente, casada y con dos o tres hijos con la persona con la que se encuentra ahora, porque negarte a ti, fue el mayor acto de amor que le hizo a su pareja. ¿Quieres eso, compañero? 

 Supongamos que M decide dejar a su novio y por fin consigues lo que has andado buscando, que sea tuya. ¿De verdad crees que algún día lo puede llegar a ser? Medítalo porque sé que tu mente sabe cuál es la verdadera respuesta a pesar que tu corazón quiera escuchar una afirmación por contestación. Ha estado cuatro años con otro y mientras tanto, diciéndote lo mucho que anhelaba tu amor. Si la tienes a tu vera, ¿por qué no puede hacer lo mismo con otros? Cuánto durará vuestro “amor verdadero”, ¿dos, tres, seis meses? No más de un año. Y ahora viene la pregunta: “¿Pero por qué dices eso, Tizona? Nuestro amor es real.”

Esto pasa porque no es amor lo que sientes por esa rosa, es lo que se llama deseo. Déjame que te lo explique, ella no te ama ni jamás lo hará, le gustas porque no te puede tener, al igual que tu a ella. Le haces sentir apetecida y, aunque no lo admita ni ella ni tú nunca, está jugando contigo. Puede que seáis seres completamente iguales y que os llevéis muy bien pero nada más. Es tu amor platónico, estás hipnotizado por su belleza, por su parte buena. Si todavía recuerdas lo que era el amor que sentiste por una vez por otra persona como fue S, saldrá que amaste de ella hasta sus pequeñas imperfecciones, esas que te sacaban de quicio y querías tirarlas por la ventana más de una vez. Fue tu debilidad al futuro lo que falló en la relación. Has dejado pasar quizás el amor de tu vida por el deseo de un momento. Y este, querido compañero, es el mayor y más cometido error del ser humano. Ansiar lo que no se puede tener porque lo que se tiene ya no se aprecia. Y después de todo esto, ¿sabes lo que viene? Te darás cuenta de quién fue tu verdadero amor, quién de verdad te amó todos sus días junto a ti, quién no te dejó de segundo plato ni mucho menos de postre, qué rosa dio su piel por tu pellejo, y empezarás a echarla en falta, verás que ya no estará ahí para ti y la rosa idolatrada que perseguías jamás lo estará y llorarás porque cuando te des cuenta, ya será demasiado tarde.

Solo soy una espada, camarada. Lo más probable es que no me leas, que conforme recibas mi carta, la tires a la basura como pelota de baloncesto. Y si la lees, a lo mejor todavía estarás cual cabezota irremediable pensando que me equivoco, qué yo no sé nada de vuestro amor que es perfecto y que así, separados lo lleváis bien. Por ello te invito a errar, compañero,  así valorarás un día las palabras que te dije. En unos meses o años, me volverás a sacar de la estantería, me  leerás y me dirás cuánta razón tenía. No te preocupes, eso demostrará que eres humano. Quizás sea yo tu ángel que desde la nada ha aparecido para mostrarte el sendero, tu verdadero caminar, tu luz. Por eso no me conoces ni me conocerás pero te digo las palabras que nunca antes te han dicho, que tu entorno, tus devotos amigos o tu corazón  no pueden o no se atreven a decir.

A veces, creemos en el amor y tomamos acciones a su costa. A veces, confundimos el amor con el deseo. A veces, erramos y nos convertimos en almas en pena. Porque todas las historias infelices son iguales a su manera. Sé feliz, compañero, la decisión es solo tuya. Siempre nosotros somos los que elegimos nuestra felicidad. No te arrepientas del camino que eliges, porque ahora mismo estás en el equivocado. Un abrazo fuerte,

Tizona.

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  • Y eso que es bastante largo. Gracias, Oscarlifornia!
    Muy bueno, se me hizo corto.
  • .

    ¿qué es un segundo? ¿quién controla el tiempo?

    Para una persona que conocí por la página y que ha sido una gran amiga para mí. Gracias por aguantar mis ralladas emocionales.

    A veces, creemos en el amor y tomamos acciones a su costa. A veces, confundimos el amor con el deseo. A veces, erramos y nos convertimos en almas en pena. Porque todas las historias de desamor son iguales.

    Mi presentación en un par de líneas. Mucho más que una espada, pero menos que el oro.

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Muchas palabras por decir. Procedente de la nada y el todo.

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