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5 min
¡ESTO ES UN ATRACO!
Reales |
13.06.12
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Sinopsis

En cualquier momento, en cualquier lugar, puede suceder un hecho inesperado, como un atraco.

Me di cuenta cuando los pelos se me pusieron de punta por sus vestimentas, sus movimientos y la forma tan decidida en que entraron  en el banco. Hasta ese momento no había pasado nada, pero la cosa no pintaba bien y no fui el único en darme cuenta.

Le hice un guiño a Paco, que estaba a mi lado, para advertirle de mis sospechas,  de que habían entrado a saco unos tipos sospechosos y a cara descubierta.  Pero Paco ya estaba demasiado entretenido tocándose sin parar la corbata como  si fuera un amuleto, e intentando esconder la mirada, como si al no verlos se volviese invisible. Los demás comenzaron a imitarlo.

Se distribuyeron con rapidez, como si estuvieran en casa. Cerré los puños con fuerza. Nos reunieron a todos y me pregunté por las posibilidades de de salir de esta.

Uno de ellos nos ordenó con voz ronca que no nos moviésemos de donde estábamos, que permaneciéramos quietos y que si hacíamos todo lo que nos dijesen saldríamos pronto de allí.

Al pasar la sorpresa aparecieron los nervios, después el miedo, y al pasar los primeros minutos comenzaron a aparecer las horas y estas comenzaron a amontonarse.  No sabía que coño buscaban, pero debía de ser muy importante.

Al final de las horas llegó un nuevo día con más horas. Entonces nos volvieron  a reunir  a todos contra una pared. Paco estaba cagado y le dije: “Tranquilo, por lo menos estamos comidos  y meados. Aunque también jodidos.”.  Paco, que seguía a mi lado tocándosela corbata, me preguntó al oído: “¿qué crees que pasará ahora?”.  Le contesté: “No lo sé. Pero dudo mucho que nos lleven a cenar a un buen restaurante”

 Nos apuntaron con sus corbatas de seda caramelizada y sus trajes oscuros, y se adelantó uno que se identificara antes como el nuevo jefe, que nos dijo:

-          Una vez repasadas las cuentas, contabilizado los depósitos y  los fondos, valorado y actualizado el valor de los activos y realizadas las provisiones, estamos en condiciones de afirmar que para esta entidad pueda seguir adelante se necesita una inyección de 15.000 millones de €, como mínimo, de dinero público. Esa sería la mala noticia –prosiguió-. La buena es con esa cantidad estoy en condiciones de garantizar todos los puestos de trabajo y salarios de los que están aquí.

Fue entonces cuando en un extraño ataque de honradez no me pude contener. Di un paso al frente y, aferrándome a mi corbata, me enfrenté a todos ellos.

-          ¡Esto es un atraco!¡Son ustedes unos ladrones! ¡Unos estafadores! ¡Es una mentira!-Sabía muy bien lo que decía porque las cuentas del banco eran mi cometido,  las conocía a la perfección y solo hacía una semana que habíamos cuadrado todo a la cifra máxima de 4.000 millones de nada. Eso sí, después de conocer 15 años el banco y dedicar 6 meses a la tarea que a ellos les llevó un día y pico.

Se alzaron las voces, las amenazas, vinieron los reproches y los insultos. Al principio sólo de los de enfrente, pero en poco tiempo se sumaron los que estaban detrás, apilados contra la pared. Pepe me agarró por la corbata y me recordó que tenía familia, y dijo algo de la mía, por lo menos de mi madre. Lo comprendí todo, me calle y volvió la tranquilidad.

El jefe de ellos, bueno, ahora de todos, dio un paso al frente, me señaló con el dedo y me gritó: “ESTÁ USTED DESPEDIDO, gilipollas. Deme su corbata”

Todos silbaron y aplaudieron. Me la quité. Me acerqué a él, se la deposité en la mano y le susurré:

-          Me da igual. Tengo 10 millones de indemnización, capullo.

-          Ya. Y mí también me da igual que los tengas –Me contestó- Pero ya no tienes corbata.

-          Sí. Pero no te dará igual que de lo que vais a hacer se entere todo el mundo. Se te pondrá un nudo en la garganta y no será el de la corbata.

Miró para su mano con mi corbata y yo me desvanecí sin darle tiempo a contestar.

Un mes después estaba en el bar del club de pijos capullos donde mataba muchas de las tardes libres. Colgué el móvil. La última oferta eran 20 millones entre la indemnización y la jubilación, y en la práctica me duplicaban lo que ganaba. Sólo tendría que firmar un contrato de confidencialidad y no contar nada de nada a nadie.

Pedí otro Daiquiri Frozen. Cuando el camarero me lo sirvió me pregunté por lo que se sentiría siendo una persona decente como él. No tenía ni idea. Terminé el daikiry y me fui a comprar una corbata.

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  • Excelente, juega muy bien el papel del titulo del relato,
    El principio del relato es muy interesante. La ironía del final podría haber sido más graciosa. Al fin y al cabo, es ironía. Algo así pero con "puros y cenizas" me ha recordado el viejo cuento de Momo de Michael Ende.
    Brillante relato y muy actual desde luego. Me ha gustado la manera de enfocar la historia y la terrible y merecida crítica a los gestores de las entidades financieras. Enhorabuena
  • Sí. Estamos asistiendo al fin del mundo. Todos los días lo vemos en los noticiarios. Los informativos están plagados en noticias relacionadas con ello.

    De repente dejó de contestar mis llamadas. No era la primera vez que sucedía. Pero cuando se volvía a encontrar sola me llamaba de nuevo.

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    En cualquier momento, en cualquier lugar, puede suceder un hecho inesperado, como un atraco.

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