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3 min
Estoy bien
Reflexiones |
24.04.14
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Sinopsis

Como relato no es de los que más me gustan, pero es algo que en cierto modo necesitaba escribir desde hace tiempo, y a ser posible compartir. Gracias por leerme.

“Estoy bien. Dicen que estoy bien. Creo que estoy bien. Tengo que estar bien. ¡Lo estoy!”

Me repito estas palabras cada mañana, desde hace ya un año, y aun me resulta difícil de creer que sean ciertas. Tras diez años enferma, durante los cuáles mi principal misión fue la de ser una ovejita obediente que se deja guiar por los médicos –ellos saben lo que hacen– para que la curen, es extraño volver a estar sana. Y también difícil. Pero sobre todo raro.

Ya no recordaba lo que es caminar hasta la tienda de la esquina sin tener que vender tu alma al diablo para conseguir llegar. O salir a la calle sin que la gente te observe por tu enfermizo aspecto y manera de andar. O tener un simple y molesto dolor de cabeza sin tener que preocuparte por lo que podría esconderse detrás.

En los últimos años, hubo quien me preguntó si no echaba de menos estar sana, llevar una vida normal. Mi respuesta era siempre la misma: no. No podía echar de menos algo que ni si quiera recordaba. Es como si mi vida antes de la enfermedad la hubiera vivido otra, y a mí me hubieran llamado sólo para comerme el marrón. Pero ahora no pensaba marcharme: había llegado mi hora de probar la salud.

Con el paso de los meses, había descubierto que no era tan fácil ni tan bonito.

Ahora tenía que tomar decisiones; decisiones sin gran importancia, como qué comeré hoy, pero que durante mis años de hospital jamás tuve que tomar.

También tenía que relacionarme con la gente. Durante estos años mi vida social se redujo a médicos, enfermeras, familia cercana y algún que otro paciente del que me hice amiga. Todos me conocían, sabían todo sobre mí y mis enfermedades. Ahora no, yo era una desconocida para la mayoría, tenía que darme a conocer… y no era tan sencillo.

A veces me encontraba deseando volver a estar enferma. Todo era más fácil entonces. Sí, volvería a tener los problemas de antes, pero si había vivido diez años con ellos, ¿por qué no iba a poder seguir igual? Estar sana también me provocaba problemas, así que si podía elegir, ¿por qué no quedarme con los que ya conocía? ¿Con los que, aunque me afectasen a mí, ni si quiera tenía que solucionarlos yo? Pero, claro, no podía elegir.

Además, al instante me entraba un sentimiento de culpabilidad. Mi familia había sufrido conmigo la enfermedad, y ellos estaban contentos con mi recuperación. Yo también debería estarlo. Y lo estaba. Por supuesto que lo estaba.

A partir de ahora, añadiría tres nuevas palabras a mi retahíla matinal:

“Estoy bien. Dicen que estoy bien. Creo que estoy bien. Tengo que estar bien. ¡Lo estoy! ¡Y quiero estarlo!”

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  • Hago mía tu reflexión, pero desde el otro lado, desde el lado del familiar del enfermó. No fueron diez, fueron tres años y no sanó, de eso hace seis años... el regreso a la "normalidad" es muy costoso.
    No sé si es autobiográfico pero es un monólogo muy bien logrado. Casi no se le pasa por la cabeza a la gente "normal" que estar bien no es necesariamente grato para las personas que luego de años enfermas han construido su identidad en base a sus dolencias. Muy interesante, en verdad
  • El creía vivir con un monstruo. ¿Se equivocaba?

    Como relato no es de los que más me gustan, pero es algo que en cierto modo necesitaba escribir desde hace tiempo, y a ser posible compartir. Gracias por leerme.

    Recuerdo aquel día, y sigo sin entenderlo. Por eso te escribo esta carta. Y necesito que me contestes. Lo necesito, ¿lo entiendes?

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