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7 min
Exilio forzoso
Ciencia Ficción |
07.06.14
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Sinopsis

Si se prohíbe la existencia, la base de la misma y el amor hacia la vida, se prohíben las ganas propias de querer continuar existiendo, hasta que éstas se corrigen, por supuesto.

Pasillos inmaculados, blancos como la pureza que emana de sus rincones más significativos, similar al alma de un bebé recién nacido, producto de la fusión de dos ángeles deseosos de interceder por el bien y hacia el bien. Pero, incluso así, hay un pequeño rincón donde se puede uno fumar su cigarro sin prisas, escondiéndose de los juicios de valor que causan el llevarse ese pequeño objeto a la boca y aspirar su tóxico humo, una y otra vez, hacia un público que prefiere y opta atacar a quien no se refleja en su espejo todas las mañanas, tal vez por miedo; o simple causa absurda sin sentido de su naciente crítica impersonal. En ese momento, Ricardo y Venn se dirigen directamente a uno de esos rincones proscritos, el primero recién llegado a las instalaciones, quienes hicieron amistad de forma instantánea al momento de conocerse. El punto por el cual esa amistad nace, es sin lugar a duda al ser ambos expatriados de las Naciones Divididas o simplemente, cuestiones de índole moralista ciudadana, como gusta llamar al gobierno a esos casos tan… sensibles. Por supuesto, no tiene nada que ver la delincuencia común y agresiva, la cual te hace quedar condenado a la Pena Capital, es decir, incorrección forzosa de la memoria selectiva determinada. Algo impensable, pues incluso en aislamiento, ese final es el peor de los posibles.

Eres, sin ser.

Entre proscritos, hay clases, pero quienes decretan dicha condición, no suelen desviarse por la tangente, así que son, eso mismo, dos proscritos uniformados sin final ni principio. Condenados sin condena, porque aunque se encuentren recluidos, la libertad limitada les sostiene el modificado carácter inicial. Porque, es el motivo, del encierro, de condena, de pena final, cuando llegas a la pubertad el comportamiento se encauza -salvo que tengas los medios suficientes para conseguir entrar directamente en el Sistema de Reprogramación de Neonatos-, hacia la dirección que el Sistema ha decidido para ti, más correcta y acertada, pero hay fallos. Fallos que consiguen que algunos pocos rebeldes rompan los parámetros establecidos, y se desvíen hacia cauces anormales que la Policía de la Moral se encarga de corregir mediante el exilio forzado. Si se prohíbe la existencia, la base de la misma y el amor hacia la vida, se prohíben las ganas propias de querer continuar existiendo, hasta que éstas se corrigen, por supuesto.

Todo se modifica.

- Creo que no debería de haberlo hecho, a día de hoy - Indicó un dubitativo Ricardo - Aunque es cierto que, de cualquier manera, no conseguí llevarlo a vista del público. No se puede llamar éxito, me temo, pero dediqué mucho tiempo a redactarlo para que al final se fuese por el sumidero del olvido.

- No creas - Intercedió Venn dando una calada a su cigarrillo, tranquilo y pausado como es él - Nosotros sí lo leímos aquí, ¿Irónico, verdad?, en este lugar la censura no nos llega... pero no lo es tanto si lo piensas. No hace mucho tiempo, quizás un par de años, claro que antes de dar con mis huesos en este recinto, escribí un manifiesto proclamando mis quejas sobre las factorías de Neonatos Programados que comenzaron a proliferar hace tres décadas, en ese momento no pensé que nadie le hiciese caso, pero el Comité por la Defensa de la Moral, lo aceptó y fue distribuido por todo el continente. Digamos que tu libro es menos polémico.

Ricardo se quedó pensativo unos instantes, en los que optó por dar una calada a su cigarro antes de que éste se consumiese entre sus gruesos dedos.

- Creo que los comités antes, eran bastante más permisivos con ciertos asuntos… por cierto, hoy invité a la chica morena, como habíamos quedado, a salir.

- ¿La modosita?

- No, no, la otra. Esa que lleva siempre un par de carpetas a cualquier lugar que va, y suele evitar el contacto visual.

Venn cayó en cuenta.

- ¡Ah, demonios!, ¿Virna?, creo que es una de las especialistas más destacadas, además está bastante buena, campeón - Dijo con sorna y burla, pero sin una chispa de deseo en sus palabras, pues eso para Venn hacia ellas no existe, no se cataloga como algo útil- ¿No estaba aquí por haber penetrado en el Sistema Virtual Central?, si no estoy muy confundido, creo que tiene condena intermitente.

- Así es, si.

- Pero hoy dan lluvia, lo vas a tener difícil para ir al exterior.

- Exacto, por eso mismo decidí hacerlo hoy, bueno, ella lo propuso en realidad. Pasear bajo la lluvia, cogidos de la mano, me dijo que es un acto romántico que se practicaba hace tiempo con bastante asiduidad por las parejas enamoradas.

- Ten mucha suerte, y cuidado… o te caza. No queremos verte perdido entre las faldas de una mujer, Ricardo, o al final acabarás por parecerte a uno de esos inmaculados.

- Calla, hombre - Actuó con pesar y cautela, guardándose una respuesta algo más violenta.

Venn no es una persona comprometida con los seres humanos, no le gusta el contacto con personas que no sean de su mismo sexo, y en muchas ocasiones, repele a las mujeres del complejo de forma violenta. Él dice que siempre ha sido así, pero tal vez exista algo más profundo que no desea ser sacado a la luz, al principio pensó que su inclinación sexual no fue modificada una vez llegado a la pubertad, pero se siente atraído por mujeres, está claro. Simplemente, las odia.

Ambos dieron las últimas caladas a sus respectivos cigarros y regresaron a sus lugares acordados, separando el camino hasta el próximo día, cuando el proceso regresa para repetirse. Y así, de forma sucesiva, se convierte en un bucle infinito.

[...]

Esa noche, fue una de las noches.

Entre la fina lluvia, envueltos en los lejanos asteroides que revolotean entre sistemas no descubiertos, estrellas candentes que alumbran el alma encarcelada, ella se movía dando saltos, cual niña disfruta del paisaje más hermoso, entre la tristeza forzosa e ilimitada. Su figura resalta intensamente ante la luz artificial que compensa la falta de calor que invade el pequeño reposo obligado, delineadas por el traje, sus curvas prominentes embelesan a un Ricardo absorto en su hermosura., deseoso de poseerla de forma inmediata, contra todo y todos. En su casco, reflejado el perfil a la tenue luz, la tierra se contempla a quinientos mil kilómetros de distancia.

Cuando volvieron abajo, ambos eran ya conscientes de que aquella sería ya su primera noche de amor. Amor prohibido.

Naufragar en los intervalos de la memoria nos llevaría tanto tiempo, que no se le ve sentido a sumergirse en los recuerdos que tienden a acompañarnos cuando no sabemos hacia donde ir. Llegados esos momentos en los cuales, nuestros objetivos tienden a modificar el rumbo por otros menos precisos y correctos, anclamos nuestra ignorancia en mares menos profundos, para así, sentirnos seguros de que cada río a navegar no se convierta en un océano repleto de criaturas sobre las cuales no queremos escribir, saber o contar nada. El miedo mismo ejerce la presión, el miedo a existir y creer que la existencia que se nos dibuja al frente, es el único camino que se puede tomar. Por eso mismo, cuando dejamos el legado en manos de aquellos que nos temen y a la vez, idolatran, nuestro futuro se transforma de forma irremediable en un sin fin de cosas inconexas, dentro de un rompecabezas que fabricamos nosotros mismos con las dudas que nos embargan durante la existencia.

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