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4 min
Exposición pública
Varios |
30.06.16
  • 3
  • 2
  • 1387
Sinopsis

Un paseo con los que pululan por el mundo del Arte


     La inauguración de una nueva exposición ha convertido la galería en un lugar donde encontrarse para una parte de la alta burguesía local; esa parte con ínfulas de apreciar e incluso saber de Arte. Con esas señoras emperifolladas que revolotean por la sala mirando las obras expuestas mientras cuchichean entre ellas; “Hum... qué bonitas”. En su momento, comentarios de este tipo, ya habían dando suficientes razones a Degas para mantener su recalcitrante soltería y por esta circunstancia adquirir injusta fama de misógino.
     También suele presentarse algún que otro pintor en busca de ampliar su cartera de clientes, aumentar sus relaciones; o simplemente dejarse ver y de paso criticar lo que se expone; siempre, claro está, que no sea suyo.
     Tampoco suelen faltar; el grupo de los recién licenciados de la Facultad de Bellas Artes, unos genios por descubrir que miran por encima del hombro a los pocos autodidactas que tienen la entereza de presentarse y algún que otro conocido arribista sin ocupación conocida. Todos ellos atraídos por su afán de progreso rápido o, quien sabe, por el catering gratuito. No es raro descubrirlos escamoteando alguna que otra vianda en sus bolsillos. Siendo, por lo general, generosos en la ingesta y alabanza de los vinos que se sirven. Aportan un cierto color bohemio y dan tema para conversaciones peyorativas entre las gentes de bien.
     Los verdaderos aficionados son pocos, discretos y generalmente desaparecen pronto; acuden para apoyar al artista, o eso dicen a quien amablemente les quiera escuchar. Los críticos de Arte, cuando tienen la deferencia de pasar, dejando importantes compromisos pendientes, tratan de evitarlos como si fueran apestados, esquivando, de paso, una confrontación de conocimientos de la que, probablemente, saldrían escaldados.
     Milagrosamente, muy de vez en cuando, acude algún que otro comprador de verdad, no de esos que dicen que ya no lo hacen con sus señoras, comprar, por no tener sitio donde colgar tanto cuadro. Una locura.
     El resto del público suele ser un variopinto surtido de personas entre las que se encuentran; hijas de, amigos de, conocidos de y curiosos en general; que en el fondo no saben muy bien que hacen allí, ni a que hora entrar, ni cuando es el momento adecuado para marcharse.
     Y yo; que, siendo ecléctico para el Arte y también para las mujeres, suelo demostrar con mis actos que no sería galerista, como Renuar no habría  sido pintor, si Dios no hubiera creado el pecho femenino.
     Por lo tanto, una vez cumplidas las obligadas y siempre tediosas atenciones protocolarias y tras desechar a una coleccionista, muy asidua desde su reciente viudedad, decido acercarme a la desconocida y atractiva mujer que juguetea con el folleto de la muestra mientras observa, con curiosidad no disimulada, al resto de los presentes. Luce un bonito vestido que, gracias a un escote de vértigo, pone a funcionar la imaginación y por otra parte también permite apreciar la rotundidad de sus formas; no serían del gusto de Rubens, pero casi. Aunque solo fuera por eso se merece, en principio, la proposición de una visita guiada a la exposición. Sabiendo, por supuesto, que no tengo la más mínima posibilidad de venderle un cuadro y que me dejo arrastrar, una vez más, por mi sempiterna y desinteresada adoración por la belleza en todas sus manifestaciones.
Bueno, allá voy... ¡todo sea por el Arte!
        

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