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14 min
Feliz Cumpleaños
Terror |
13.03.15
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Sinopsis

Únete a una fiesta inolvidable...

Desenvolvió el paquete de carne y la sangre fluyó hacia los bordes, deteniéndose en las arrugas del interior plastificado, una jugosa pieza de fiambre de cerdo, lista para ser troceada y empanada, cuchillo en mano, deslizó la afilada hoja y descuartizó la vianda,  una bandeja de deliciosos nuggets, la freidora salpicaba el aceite hirviendo como fuegos artificiales ante la satisfactoria mirada de Javier. Llenó el inmenso bol de ponche de huevo, añadió medio litro de brandy y veinte cucharadas soperas de azúcar de caña, melaza qué suavizaría el alcohólico brebaje con un generoso toque dulzón, aquello pondría a buen tono la inolvidable fiesta de cumpleaños.

De nuevo sonreía, orgulloso de su menester, el encargado del buffet.

 

Mario colocaba los regalos sobre la mesa, decorada con frases dedicatorias, firmas y divertidos dibujos en honor al homenajeado.

 

Alberto planificaba la sesión musical, temas de festiva actualidad, un kit de baladas y una recopilación de techno para el tramo final.

 

Sandra y Mónica recargaban el local de serpentinas y globos, preparaban el cotillón, paquetitos de confeti y un gran baúl de disfraces.

 

El resto de invitados llegaron entre las seis y las ocho de la tarde, a las nueve llegaba Alfonso para celebrar su cuarenta aniversario en aquel convite sorpresa, en aquella gran nave de alquiler que por aquel entonces cumplía todos los requisitos de la que parecía, iba a ser una gran juerga.

 

Laura, la novia de Alfonso, debía llevarlo allí sin que él sospechara nada, la mayoría dudaba de que así fuera, a Laura le costaba muy poco abrir el pico en los momentos más inoportunos.

 

La idea había sido de Sandra, la hermana de Alfonso, organizadora del encuentro, delegó las tareas, elaboró el plan sorpresa con Laura y reunió al resto de invitados. También propuso el tema de la fiesta, un cumpleaños al más puro estilo infantil, como esos a los que habían asistido muchos de los que estarían allí aquella noche, amigos de toda la vida recuperando la diversión olvidada del ambiente inocente y colorido.

 

No faltaría un buen payaso para amenizar el guateque, de eso se encargaría Ismael, el gracioso y chistoso del grupo, maquillado de blanco y con una gran sonrisa roja, párpados violeta y cejas gruesas de negro, una peluca rosada, nariz de goma, zapatones y traje de coloridos lunares, un payaso de los de siempre. Show y risas aseguradas, Ismael era puro cachondeo.

 

Las nueve y media, todos escondidos, las puertas se abren y entran Alfonso y Laura.

 

¡¡¡¡ Sorpresaaaaaaaaaaaaa!!!!

                                                           

                                                              *   *   *

 

Los bafles de alta fidelidad retumbaban con el insoportable "Pollito Pío" mientras la mayoría se desenvolvía estupendamente en la improvisada pista de baile, realizando a cual movimiento más ridículo, batiendo los codos, cacareando y despegando los pies del suelo con bochornosos meneos de trasero. Habían arrasado con la merienda cena, volaron las patatas chips, los bizcochitos de chocolate, las mini pizzas y un sinfín de delicias de latas en conserva, pero lo que verdaderamente triunfó fueron los exquisitos nuggets que, tan minuciosamente, había preparado Javier.

 

Bien hinchados de comida basura, ahora bailaban los temas musicales festivos del momento, ingiriendo dulzón ponche de huevo como cosacos.

 

- ¿ Tu nueva novia? - Preguntó jocoso Alfonso a su hermana-.

 

- ¡Alfonsito! Se llama Mónica, llevamos dos meses juntas.

 

- Un placer Mónica, cuida bien de mi hermanita, ¡Eh! ¡Ya parece bien borracha!

 

- ¡Alfonsito! Sé cuidarme sola y tengo veintitrés años, puedo beber lo que quiera.

 

Los tres rieron, se abrazaron y continuaron el baile, envueltos por una buena onda fascinante, la fiesta estaba siendo todo un éxito.

 

Laura se puso de pie sobre una silla y exclamó a viva voz:

 

- ¡Que abra los regalos, que abra los regalos!

 

El resto de invitados se unió al instante.

 

- ¡¡¡ Que abra los regalos, que abra los regalos!!! - Dieciséis adultos como niños chillones

incontrolados por la ausencia de sus padres-.

 

Un emocionado Alfonso abría los regalos... Corbata de Star Wars, camiseta de Los Vengadores, DVD del making off extendido del Señor de los Anillos, un friki desbordado de alegría, sus grandes amigos lo conocían bien y acertaban con cada uno de los presentes, pero lo qué más ilusión le hizo fue aquella foto enmarcada, donde con diecisiete años posaba junto a sus mejores amigos, Mario, Javier, Alberto e Ismael, cinco chavales de aspecto gamberro ante las puertas del Chrysler azul del padre de Alfonso, con pícaras sonrisas y valiosa amistad grabada en sus rostros. El homenajeado alzó el brazo, mostrando aquella foto con inmenso orgullo y gritó:

 

- ¡Gracias colegas! ¡¡¡Qué siga, qué siga, la fiestaaaaaaaa!!!

 

La mesa, donde antes estaban las bandejas de comida, rebosaba ahora de botellas de licor y refrescos, cubata viene, cubata va, embriagados, les llegaba el turno a las baladas, Alberto  daba al play, era la dulce hora de bailar pegados y magrearse un poco envueltos por la tenue claridad de los pocos focos que quedaban encendidos.

 

Un corro se creó al rededor de Laura y Alfonso mientras sonaba, "Sé un poco de tí" de Damián Serrano, se besaron suave y lentamente, con infinita ternura, ante un unísono... "Ooooooh" de todos los presentes.

 

Sandra y Mónica se subieron, agarradas y a trompicones, por la ebriedad del alcohol y la atmósfera festiva, sobre la mesa de los regalos, anunciaron nuevo tema:

 

- ¡¡¡ La hora del payaso ha llegaaaadoooo!!!

 

Ismael, como una cuba, logró ser el descojone de la noche, tan solo aparecer en escena bajo el único foco encendido, iluminando su protagonismo, con su vestimenta de payaso, hizo saltar las lágrimas,  acompañadas de sonoras carcajadas, por parte del entregado público, sobretodo de sus cuatro amigos qué, literalmente meándose encima y haciendo la croqueta por el suelo, vitoreaban sus chistes, sus simuladas, y otras no tanto, caídas y tropiezos, monumental borrachera lucía en su divertido y picantón show, repleto de auténtico desmadre.

 

Luego fue el momento de la tarta, Sandra decidió junto a Laura sacarla un buen rato después de empezar con las copas, así podrían bajar un poco el subidón del alcohol con el azúcar del rico pastel y luego, continuar bebiendo al ritmo de los temas techno que había preparado Alberto, hasta acabar la fiesta a altas horas de la madrugada.

 

La mayoría de los asistentes, excepto la joven Sandra y su acompañante, tenían entre treinta y tantos y cuarenta y pocos años, muchos de ellos, padres, habían colocado a sus hijos y no abandonarían la posibilidad de disfrutar de una larga noche.

 

                                                           *   *   *

 

Trás soplar las cuarenta velas en tres veces y una ronca tos de fumador empedernido, después de pedir mentalmente su deseo, Alfonso cortó la tarta en dieciséis partes, más o menos, iguales.

Zamparon como chiquillos en honor al tema infantil de la fiesta, tiraron confeti y serpentinas, se pusieron los gorritos y se llevaron a la boca los matasuegras del cotillón, pero...

 

... En un mortífero instante... Todo se sumió en la más completa oscuridad.

 

Silencio, la música seguía sonando.

 

Ceguera, tres focos continuaban alumbrando la inmensa nave.

 

Uno a uno fueron cayendo los invitados inconscientes al suelo, tras un fuerte mareo y un dolor de cráneo insoportable, todo fue oscuridad, los presentes se fueron desplomando, desmayados por la potente mezcla de somníferos y ketamina líquida con la que alguien había bañado la cremosa nata que cubría el delicioso y sumamente intoxicado pastel.

 

Al pasar unas cuantas horas, poco a poco se fueron despertando, con un terrible dolor de cabeza, los allí presentes, se hallaron sentados, uno al lado del otro, creando un amplio círculo, alrededor de una silla clavada al suelo por listones de madera y clavos, bien atados, con las manos a las espaldas y amordazados con cinta americana.

 

En la silla central estaba sentado Alfonso, atado y amordazado al igual que el resto de sus compañeros,  junto a él, ataviado con el traje de coloridos lunares y una máscara del color del blanco folio, de la resplandeciente luna llena, se presentaba con voz distorsionada, por algún tipo de aparato, oculto bajo aquella siniestra careta inexpresiva...

 

- Ahora empieza el verdadero y auténtico espectáculo de la fiesta.

 

Nerviosismo, temor, pánico, llantos, respiración nasal.

 

Todos se sentían morir ante aquella macabra figura que les amenazaba inquietante y en diabólica pausa, sujetando el mismo cuchillo con el que el homenajeado había cortado la somnífera tarta, sosteniéndolo en una de sus manos, enfundadas en negros guantes, con la afilada hoja acariciando el temeroso rostro de Alfonso.

 

- Mira allí - señaló con la punta del cuchillo, más allá del círculo de invitados-.

 

Con las piernas descubiertas y los pies descalzos, en bragas y sujetador, encapuchada con un saco, con la boca tapada, gemía una mujer, apartada del grupo.

 

- Esa de ahí será una de las sorpresas que he preparado para ti en esta noche tan especial.

 

Arrancó de un fuerte tirón, la cinta de la boca de su principal apresado.

 

- ¡¡¡ Sueltameeeee !!! - Lloraba -. ¿ Que haces Ismael? ¿ Porque haces esto Ismael? - Sollozaba -.

 

Alfonso daba por sentado, por la vestimenta de payaso, que se trataba de su amigo.

 

- Mira ahí, en frente tuyo - volvió a señalar- .

 

Y ahí se encontraba Ismael, atado y amordazado junto al resto. Todos sudorosos y respirando dificultosamente por la nariz, llorando, sollozando, interiormente blasfemando y maldiciendo pasar por aquella terrorífica y horrible experiencia.

 

- ¿Porque? ¿Porque, preguntas? ¡Hijo de puta! ¡¡¡ Hijo de Satanás!!! - Gritó mientras alzaba el cuchillo de nuevo y lo dejaba caer, penetrando el filo en la carne del moflete de Alfonso, cortando una gran loncha hasta desfigurar su labio superior y luego tajando el inferior, dejó colgada, como una panceta, la mitad de su rostro.

 

Un dolor inimaginable se apoderó del cumpleañero, brotó sangre para llenar un cazo, empapando su pecho.

 

Los demás cerraban los ojos con fuerza para no ver y los abrían con la inútil esperanza de despertar, se ahogaban con sus propias mucosidades.

 

Les destapó a todos las bocas, arrancó las cintas para que no volvieran a caer desmayados por la falta de oxígeno. Todo olía a mierda y orín.

 

Agarró a la chica encapuchada, la arrastró al centro y la dejó allí, frente a Alfonso.

 

- Observa, - dijo con su aguda y distorsionada voz -. Y le descubrió la cabeza.

Algunos gritaban y la figura del terror los mandó callar con tremendo éxito al acercarse a ellos, cuchillo en mano

 

- ¡Sandra! ¡ No! ¡ Sueltalaaaaa porfavoooor! - Pedía con bramidos y clemencia -.

 

- Tu hermana , la puta de tu hermana, la puta lesbiana de tu hermana.

 

Apoyado en una pata de la silla descansaba un mazo de hierro, el enmascarado soltó el cuchillo y cogió el mazo, se acercó a la hermana de Alfonso, levantó el mazo a un metro  sobre su cabeza y con tremenda fuerza...

 

Los ojos de Sandra salieron de sus cuencas, como dos pequeños y veloces proyectiles, creando una larga parábola en el aire y cayendo irremediablemente en el enorme bol vacío de ponche de huevo.

 

La superficie del cráneo, de la ipsofacta fallecida Sandra, estaba totalmente pegada con los dientes de su mandíbula inferior, un cuadro un tanto tétrico  y sangriento para la vista de su pobre hermano y la de los allí presentes.

 

                                                          *   *   *

 

La asesina y brutal presencia dejó caer algo sobre las piernas del qué, entre llantos y alaridos, permanecía sentado y maniatado. Posiblemente era la peor fiesta de cumpleaños que jamás había celebrado.

 

Aquello que posó encima de Alfonso era la foto enmarcada de él y sus cuatro mejores amigos.

 

- ¿Quién te ha regalado esta maravillosa fotografía? ¡Yo! ¿ Quién hizo esta maravillosa fotografía?

¡Yo! ¿ No me recuerdas querido Alfonso? ¿ No recuerdas tu diecisieteavo cumpleaños? ¿Aquella fiesta en la montaña? Me llevaste en el coche de tu padre, nos encontramos allí con tus amigos. ¡Hijo de puta! ¿ No lo recuerdas? ¿ No me recuerdas, Alfonsito?

 

- Tu último regalo - sentenció la persona tras la máscara de temible inexpresión - Yo no olvido aquella noche en la que os hice aquella fotografía a ti y a tus amiguitos, no olvido como me violaste, ni como tus putos amigos te observaban desde la lejanía sin mover un solo dedo, no olvido como me violaste y me engendraste, ¡Cerdo hijo de puta!. ¡Acércate Mónica!

 

Mónica se levantó de entre el grupo, fingía estar atada como el resto, pero tan solo permanecía con las manos a sus espaldas en aquel diabólico y vengativo juego.

 

- Hola papá - masculló la joven - .

 

Laura, por fin, se desenmascaró y cedió el cuchillo a Mónica y esta, sin más demora, atravesó el petrificado corazón de su padre, dándole una instantánea muerte.

 

- Este era tú último regalo, ¡Cabrón!.

 

Empaparon de gasolina al resto de invitados y prendieron fuego a la nave, serpentinas, confeti, carne humana, todo ardió aquella misera noche de juerga hasta altas horas de la madrugada.

 

Después de tantos años, Laura explicó a su hija lo que le había ocurrido en aquella salvaje fiesta en la que le fue arrebatada su inocencia y cuál era el origen de su terrible y constante tristeza.

 

Laura se reencontró con Alfonso, él la había olvidado, no recordaba su mirada inocente, ni su rostro de pánico en aquella fatídica noche. Se lo cameló de nuevo como quiso y acabó por conquistarlo, Mónica hizo lo suyo con Sandra, un ligue más, una nueva invitada a la fiesta de cumpleaños.

 

Ambas, tocadas por la roja mano del diablo, sentían sed de venganza, necesitaban saciar su hambre de horror, marca que llevaban las dos desde el mismo momento de su nacimiento.

 

Aquella noche fue la última para catorce personas, algunas inocentes, otras culpables, y un nuevo comienzo en las vidas de madre e hija, en un camino tenebroso, que tan solo cobraba sentido con el cuchillo y el mazo, con el fuego, capaz de borrar las huellas y el pasado, con el terror y la sangre.

 

                                                           Fin

 

                                                             

                                                                              

 

 

                                                           

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  • Gracias por tu constructiva crítica compañero, creo que la violación es un motivo más que suficiente para la venganza y que madre e hija, como se aclara en el texto, estaban marcadas por la mano del diablo desde su nacimiento, ya eran personas malvadas antes de padecer nada, en cuanto a la longitud del relato y la dilatación de la parte de los preparativos añado que, es un relato de cuatro actos, donde inicialmente se presenta el escenario y a los personajes, en el segundo se crea la atmósfera y se evocan sospechas sobre algunos de ellos, en el tercero empieza la venganza, la acción y en el cuarto se concluye y se le dan los pertinentes motivos a los protagonistas por sus acciones. Me alegra que hayas leído el relato y de tu puntuación, un tanto elevada creo, en el contexto de tu comentario. Saludos! Pd: Me encanta la frase perfecta de tu perfil.
    Me ha gustado mucho, sin embargo siento que la introducción, en que narras la fiesta, está un poco larga. Si no hubiera sabido que era un relato de terror y no esperara que algo sucediera quizás hubiera soltado la historia antes de llegar al final. Por otro lado, no siento que los motivos de las asesinas estén definidos. Si cada mujer que fuera violada se convirtiera en una psicópata ya no habrían violaciones, estoy seguro, pero a la vez creo que sólo algo realmente monstruoso podría ser el equivalente a esto. Creo que tocaste los motivos muy superficialmente y que hubiera sido mucho mejor si nos hubieses contado la historia de lo que sucedió con más detalle. No obstante: 5 estrellas para ti
  • ... Segundas partes nunca fueron buenas...

    Únete a una fiesta inolvidable...

    Damián os invita a ser testigos de su horrible experiencia...

    Julia y Román te invitan a ser descubiertos...

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