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Ficha n.º 16. La «redundancia». Del libro «El buen idioma» de María Antonieta Dubourg.
Varios |
10.08.15
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Sinopsis

Errores frecuentes (4) REDUNDANCIAS. Del Libro  «El buen idioma» de María Antonieta Dubourg.

 

La redundancia es la utilización de palabras o conceptos ya vertidos en el texto.

 

Se pagarán esas cuentas a partir del día viernes. (Incorrecto).

En «viernes» ya está implícito el concepto de día. Nada se agrega con esta palabra que, solamente, alarga la oración.

Se pagarán las cuentas el viernes. (Correcto)

Hace dos años atrás  compró ese auto. (Incorrecto).

El verbo «hacer» en su forma unipersonal (cuando se conjuga solo en tercer persona del singular) indica tiempo transcurrido. El concepto de pasado ya está en él; el término «atrás» es completamente inútil.

Hace dos años compró el auto. (Correcto).

 

Nos indignó su actitud porque no la previmos de antemano.

«Prever» significa «ver con anticipación», «Antemano» expresa el mismo concepto, por lo tanto, está de más.

Nos indignó su actitud porque no la previmos. (Correcto).

 

Tiene dos hijas mujeres y un hijo varón. (Incorrecto).

Tanto  «hijas» como «hijo» son vocablos que expresan claramente el sexo. Por consiguiente, las palabras  «mujeres» y «varón» no cumplen ninguna función.

Tiene dos hijas y un hijo. (Correcto).

 

Lo hicimos con la mejor buena voluntad.

«Mejor» es el superlativo de «bueno», significa el «más bueno».

Ninguna idea agrega «buena» ya que el concepto que ella expresa está contenido en «mejor».

Lo hicimos con la mejor voluntad.

 

Como vimos, la redundancia, es un defecto del lenguaje que se caracteriza por el uso de términos que no hacen más que reiterar ideas. El que escribe no tiene conciencia de que repite, lo hace sin intención, no persigue un fin expresivo.  «Sobran», por lo tanto las palabras.

En cambio, en otras ocasiones, los vocablos o expresiones utilizados repiten conceptos ya expresados, pero existe voluntad del escritor de hacerlo. Se busca agrandar una idea, enfatizar, dar una gracia especial, ser más comunicativo. Las palabras por consiguiente, no sobran, sino que cumplen una función específica. Técnicamente, ese manejo especial del lenguaje se denomina «pleonasmo».

 

Nota: Este texto es un fragmento del libro «El buen idioma» de María Antonieta Dubourg.

 

El «pleonasmo» lo veremos en la próxima ficha.

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