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5 min
Fragmento de historia
Varios |
26.03.17
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Sinopsis

No sé a qué viene esto. Me lancé a escribirlo en mitad de la noche sin tener una idea clara del argumento en mi cabeza, ni de si pretendía que fuese una historia independiente o parte de una más grande. En fin. Iré actualizando esta entrada conforme vaya teniéndolo todo más claro al respecto.

No tuvo tiempo casi ni de pensarlo. Antes de que las palabras hubiesen amagado con salir de sus labios, ya llegaban demasiado tarde. Se odiaba por ello; a fin de cuentas, le parecía que aquello era a la vez lo mínimo y lo único que podía hacer.
Estaban tumbados de costado en aquel terreno yermo, cara a cara, no muy lejos de una caseta de ladrillo y tejas comida por la hiedra y en evidente estado de abandono. Antiguamente, las Leyes de Protección de Cultivos de aquel lado del río habrían caído con todo su peso sobre ellos, pero en aquel momento lo único situado sobre sus cabezas era el eterno manto de la noche cerrada.
Daron alzó la mano; vaciló un poco antes de tocar el rostro de su amado con el dorso de dos dedos, para después deslizarlos lentamente por su mejilla izquierda hasta el mentón. Aquel tacto, que antaño había bastado para que entrase en calor en mitad de aquellas noches gélidas, ahora se le antojaba extraño y artificial; una mala copia de la copia.
—¿Adónde irás? —casi le exigió.
Él hizo una mueca beatífica, la cual provocó que Daron retirase la mano con suspicacia mientras notaba como su propia expresión se iba volviendo amarga como el caldo de hierbas de Mae.
—Contigo —le respondió con absoluta naturalidad.
Al oír aquello, el corazón le dio un pequeño vuelco; sin embargo, se obligó a no bajar la guardia, como siempre que discutían. La expresión se le agrió aún más.
—Ya estoy aquí. —Su tono era hierro azul de Vaulär—. No necesitas hacer el viaje.
—Y tú no tendrás por qué echarme de menos.
Frunció el labio inferior. La actitud de su compañero lo desconcertaba.
—Dioses, Alcan. —La voz se le quebró un poco al pronunciar su nombre—. No entiendo cómo puedes estar tan tranquilo.
Él le lanzó una mirada con un punto de condescendencia que lo irritó un tanto. Vio cómo esbozaba lentamente una amplia sonrisa.
—Incluso en este estado brillas con luz propia —repuso.
Daron apretó los labios con tanta fuerza que casi notó cómo se le ponían lívidos. Alcan sabía muy bien que esa era su estrategia para no romper a llorar en situaciones inoportunas como aquella; quizá por eso su semblante adoptó una expresión de sincera ternura.
—Oh. Vamos, vamos, pajarillo. —Imitó la caricia que Daron le había hecho hacía un instante, y a este se le erizó el vello de la nuca—. Nos tendremos el uno al otro. Eso no tiene por qué cambiar.
En aquel momento, Daron optó por cerrar los ojos y apartar el rostro rehuyendo aquella muestra de cariño, pues no iba a ser capaz de seguir conteniendo las lágrimas sintiendo sus pieles en contacto, aunque fuese tan levemente.
Oyó una honda respiración, a la que sobrevino el silencio; poco tiempo después, sin saber muy bien cómo, el joven supo con seguridad que Alcan se había acercado a él. Mucho; lo bastante para que en otras circunstancias le hubiera llegado con fuerza el aroma a lavanda del jabón que él usaba siempre para lavar la ropa. Entonces se dio cuenta de cuánto lo echaba de menos, y entonces ya no pudo evitar llorar un poco.
Dio un respingo y abrió los ojos de golpe al notar sus labios en la frente. Enfocó la mirada cuanto pudo justo a tiempo para ver cómo lo miraba fijamente con gesto serio y luego se separaba con deliberada lentitud.
Había veces en que Daron advertía pequeñas y delgadas grietas en la fortaleza mental de su compañero. Casi disfrutaba provocándolas, pues eran la evidencia de que en realidad no era tan perfecto como él había creído cuando lo conoció. Ese hilo de pensamiento le llevaba con frecuencia a recordar las conversaciones con Mae en su santuario. Una vez él le preguntó por qué las personas tienen conductas tan volátiles, y ella le había explicado que si son cambiantes es porque pertenecen a la Madre, y que su sangre siempre ha de estar caliente para que se sientan impulsados precisamente a no estancarse, a evolucionar.
—Es la misión de todo lo vivo devolverle a la Madre aquello que le dio lo mejor que pueda para acabar reuniéndose con ella —le había dicho.
A decir verdad, a Daron en ocasiones se le escapaban algunos detalles de las doctrinas de Mae, y por más que ella trataba de aclarárselas lo único que conseguía era que saliese con dolor de cabeza, aunque no había día en que no albergase renovadas ansias de aprender.

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  • Mucha gente critica relatos de este tipo porque dicen que no tiene sentido leer algo que no tiene ni principio ni final. Pero, sinceramente, a mi me encantan los fragmentos de historia. Los considero un regalo hacia el lector en el que le otorgas la oportunidad de imaginar, y creo que eso es lo mejor que un escritor puede hacer. 5 estrellitas para ti. ¡Nos leemos!
  • En el principio...

    No sé a qué viene esto. Me lancé a escribirlo en mitad de la noche sin tener una idea clara del argumento en mi cabeza, ni de si pretendía que fuese una historia independiente o parte de una más grande. En fin. Iré actualizando esta entrada conforme vaya teniéndolo todo más claro al respecto.

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Siete palabras bastan. Keep calm and follow the Lethani.

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