cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
FRAGMENTOS
Drama |
12.02.14
  • 0
  • 0
  • 1774
Sinopsis

Todo lo referente al pasado, solo debe pertenecer al pasado. Exclusivamente.

Una oscuridad profunda, un abrazo amargo de despedida, un llanto que rasga el cielo pero que nadie quiere escuchar  y una rosa solitaria que se marchita entre los dedos.

Hacia muchos años que se había prometido dejar de recordar, dejar de  husmear e indagar en el pasado y en sus consecuencias, permitir que el presente y el futuro ocupen su lugar y se instalen en la mente sustituyendo al dolor y al abatimiento. Sin embargo aquel día de enero cuando la lluvia comenzó a caer sobre Gotemburgo, el pequeño pueblo sueco en el que nació, nadie pudo impedir que las imágenes regresaran a su lugar de origen. La neblina que durante años había sido la mejor defensa con el fin de alejar los recuerdos, aquel día , parecía no poder resistirse ante las gotas de agua que se alojaban en el rostro del hombre y sobre la tierra funesta del cementerio.

Las imágenes parecían fotos en blanco y negro, muy deterioradas con el tiempo pero que seguían representando, como antaño, los rostros que podían apreciarse en ellas. Al principio eran rostros ajenos, extraños, desconocidos para él como si nunca hubieran formado parte de si mismo. Las imágenes eran arrastradas, como llevadas por un viento frió hacia algún lugar de la profundidad de la mente. Aparecían y se desintegraban, dando paso a otras. Poco a poco el hombre comenzó a sentir como los engranajes giraban y las piezas encajaban, no sin esfuerzo. Cerró los ojos, confuso. No quería volver a recordar, no quería volver a ver aquello que algún día había significado tanto para él. Quería hacerlo desaparecer, enterrarlo... bajo tierra en un lugar donde nadie, nunca más volviera a hacerlo resurgir. Los recuerdos hicieron caso omiso y con más fuerza que antes tiraron de los hilos de la mente. Deseaban recuperar su sitio, volver a instalarse en el lugar de donde se les había expulsado. Tal era la repercusión, las medidas tomadas por aquellos fragmentos que Roque cayó sobre la tierra mojada, ahogando un sollozo. Sin compasión alguna la mente alojó en su seno aquellos recuerdos que aunque lejanos eran extremadamente dolorosos para el hombre, que parecía un niño pequeño, tan frágil como un muñeco de porcelana.

El recuerdo de aquel fatídico día le inundó. Pudo ver a su hijo, un bebe sonriente de apenas unas semanas. Pudo ver a su mujer, joven y bella, deseándole un buen día. Pudo verse a si mismo yendo al trabajo como siempre. Luego hubo un corte muy breve entre los fotogramas. Lo siguiente que vio fueron las llamas enormes que habían engullido su casa, un infierno abrasador que todo lo sofoca. Unas llamas eternas que perdurarían para siempre en su corazón. Luego vio a su mujer, herida. Ella se dio la vuelta. Tenía los ojos hinchados y seguía llorando. Desconsolada le abrazó mientras le susurraba al oído el nombre de su niño, sin pausa, como una demente. En ese punto acababa el recuerdo.

Tiritando de frió ,ardiéndole el pecho, Roque se levantó de nuevo. Las lagrimas se mezclaban con la lluvia, una unión extraña e inusual. Como un autómata se dirigió de nuevo hasta la tumba en la que había depositado un ramo de flores nuevas minutos antes. Mientras se acercaba para acariciar la lápida cayó cuan largo era. Manchado de tierra acarició con infinito amor el nombre de su mujer y de su hijo. En ese instante pidió al cielo irse con ellos, dondequiera que estuvieran. Unas cuchillas de escarcha le atenazaban el cuerpo, sin dejarle ir junto a ellos, junto a su mundo perdido pero no olvidado. Estaba tan cansado de recodar y de sentirse culpable... En cambio sabía que debía seguir, seguir caminando, ya que en su interior algo le decía que no estaría solo.

 Con resignación, no sin antes lanzar un beso al cielo, se alejó de aquel lugar. A la distancia creyó escuchar el melancólico sonido de un réquiem; un triste violín y un piano vació. Junto con las últimas notas que alcanzó a escuchar los pedazos de recuerdos de aquel día le abandonaron, alcanzando el cielo, volando, marchando para no volver.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 41
  • 4.44
  • 427

A mis 18 años llevo toda mi vida escribiendo. Amante de la escritura, de la lectura, de la música y de la natación. Estudiante de derecho e ingenuo y soñador por naturaleza. También clarinestista, pianista y guitarrista.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta