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4 min
Furia indomable
Suspense |
18.02.18
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Sinopsis

No existe en el planeta Tierra, ni aun en la inmensidad del Universo, fuerza alguna con la que se pueda comparar.

 

                       RELATO BASADO EN HECHOS REALES.

Un buen día, o malo, según se mire, llegó bramando de ira, en busca de los hijos que le habían arrebatado.
Cuando al fin logró localizarlos, su furia de madre se multiplicó hasta el infinito. Embistió con rabia, una y otra vez, tratando de derribar los muros que la separaban de sus amados retoños.

En su torturada memoria, cósmica y primigenia, latía el recuerdo, insufrible tormento, del momento aciago en que sus adoradas criaturas le fueron arrancadas de las entrañas.
Guiada por su atávico e intemporal instinto, rastreó las huellas anheladas entre las arenas de innumerables playas. Ebria de dolor, derramó sobre ellas sus lágrimas blancas. Con bríos renovados, trepó los acantilados. Desesperada, berreó su impotencia, cuando las rocas hostiles sofocaban sus ansias y destruían sus esperanzas. Exploró las cuevas. Barrió todos los rincones. Voceó sus nombres al viento. Nada. Sólo abismos. Negros y vacíos. Y por toda respuesta, los ecos tristes del silencio.

 

Anduvo por los muelles, lamiéndose las heridas, como un perro vagabundo y apaleado. Yendo y viniendo, yendo y viniendo. Durante el día, siempre los mismos pasos. Durante la noche, siempre los mismos lamentos.
La vieron merodeando entre los barcos. Meciéndose al compás de su infortunio. Acunando nanas fúnebres. Susurrando melodías, salvajes y desgarradas. 
Fueron días, meses, años de búsqueda sin tregua. Una interminable década laborando sin pausa. Toda la energía en el empeño. Todo el tiempo batallando por la causa.
 

Y una tarde de febrero, oscura y tormentosa, sus denodados esfuerzos se vieron, al fin, recompensados.
La larga espera y el odio desbordaron la energía acumulada. Su fuerza creció hasta el paroxismo. La cárcel de sus pequeños fue un juguete entre sus garras. Némesis implacable, abatió las barreras como castillos de paja.
Penetró dentro y los halló muertos. Los cuerpos añorados, flotaban incorruptos. Parecían dormidos, eso pensó y así los recordaba.
Al fin comprendió. Un feroz alarido de rabia estremeció el edificio hasta los cimientos. Luego se retiró llevándose con ella los ataúdes de cristal. Por delante, el horizonte interminable. Tras ella, sólo destrucción y caos.
Reventó, después, los féretros transparentes y retornó con sus hijos al hogar. A las ignotas profundidades, de donde nunca deberían haber partido.
Después de largos años, había encontrado aquello que tanto había buscado. La epopeya había consumido sus esfuerzos. Recuperó lo que le habían robado, lo que por Ley era suyo y por Naturaleza le pertenecía.
La madre, tranquila, descansó feliz. Ahora, todo estaba bien.
 

La noticia apareció un lunes, 3 de febrero de 2013, en el diario “La Nueva España” de Asturias:
“Un terrible temporal, con olas de 15 metros, destruye el aula del Cepesma de Luarca. El Museo del Mar albergaba una decena de ejemplares de calamares gigantes. Se trataba de especímenes de hasta 11 m. de longitud, parientes lejanos del fabuloso Kraken que atacaba los barcos y asesinaba a los marineros. Su hábitat se localiza en una fosa abisal situada frente a la costa asturiana, a la altura del cabo Peñas. Estaban tasados en unos dos millones de euros, pero su valor como tesoro oceanográfico es realmente incalculable, por tratarse de ejemplares únicos e irremplazables.
A lo largo del muelle y el espigón aparecieron esparcidos los restos retorcidos de las grandes urnas de cristal que contenían los colosales cefalópodos. De sus cuerpos, en cambio, no se halló el más mínimo despojo.”
 

El mar, la mar, calmada, descansó satisfecha. Sí, realmente, todo estaba bien, ahora.

                                                          

 

 

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  • Curiosa historia donde mezcló sabiamente ficción y relidad. Bárbaro
    Excelente trabajo. Impecable tu caracterización del mar como madre. Me han encantado muchaa frases que haz acuñado. Un abrazo. A continuar escribiendo.
    Muy bueno. Me encantó
    Muy bueno, Paco. Un abrazo.
    Buen relato
    Como siempre Paco consigues enganchar desde la primera linea... Has convertido una noticia más en un imaginativo relato...
    Magnífico relato Paco. Un placer leerte. Saludos
  • 42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

    El pueblo de Castropol, con el histórico palacio de Valledor como protagonista estelar, es el singular y pintoresco escenario donde dos antiguos compañeros de estudios en la Escuela Hogar de Castropol se encuentran 40 años más tarde para revivir la emocionante "Búsqueda del Tesoro" en la que compitieron a finales de los años 70. Los enigmas y acertijos se suceden sin respiro en una lucha trepidante y sin cuartel contra el ingenio del retador y el tiempo límite para superar la prueba. José Villamañe dispone de 777 minutos para resolver 7 endiablados enigmas y encontrar el cofre con 7 lingotes de oro.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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