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13 min
¡ G I G A N T E !
Terror |
05.10.20
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Sinopsis

1

¡G I G A N T E!
Así con mayúsculas, signos de exclamación y con las letras separadas fue la palabra “gigante” impresa en las primeras páginas del periódico. El artículo de media página mostraba también una foto del niño.
Carlos Cervantes fue un bebé normal, más corriente que común. Nada especial tampoc con sus padres y abuelos. De hecho fue un niño pequeño que no llegaba a los 50 cm, estatura promedio de un bebé al nacer. No era sorpresa para nadie ya que su padre era un poco más bajo que su madre, una mexicana de estatura promedio. Fue registrado con 47.3 cm y un peso de 2.9 kg, pequeño y delgado.
La primera persona en notar su crecimiento acelerado fue la enfermera encargada de ponerle la vacuna de hepatitis en su tercera cita. La segunda vez que lo midió a sus dos meses de edad, escribió 56 cm. Era un niño muy saludable que había dejado de ser un bebé pequeño gracias a la buena alimentación. Fue en la tercera cita dónde los números dejaron de cuadrar. En vez de 74 cm a sus once meses, Carlitos medía 93 cm. Lejos de ser un niño pequeño era el record del hospital para esa edad, y lo superaba por mucho.
Carlos era un niño normal, jugaba como todos; no había nada especial en su comportamiento o capacidades mentales, solo era su crecimiento apresurado lo que comenzó a preocupar a los doctores al año y tres meses de nacido. Lejos de medir 79 cm como cualquier niño normal, el enorme Carlos pasaba del metro por 9 cm, como si tuviera 6 años. Fue la primera vez que salió en el periódico, una nota muy breve en un periódico local.
A pesar de no estar enfermo ni padecer mal alguno, más que recomendado fue obligado a asistir al Centro Médico de la Ciudad de México, al área de investigación. Ahí solo se aceptan los casos médicos más extraños porque son tratados por los mejores doctores e investigadores del país. Eran exactamente 4 cm al mes, el niño crecía un centímetro a la semana. 
No había tumores, dolor, malformaciones, insomnio ni comportamientos extraños. Física y mentalmente el niño estaba bien, solo que no dejaba de crecer. Todos somos así al nacer, este es el ritmo normal de un recién nacido los tres primeros meses, pero Carlitos no cesó el paso. Sí, era extraño verlo porque era un niño con cara de bebé, se comportaba como bebé (incluso seguía succionando hasta la última gota de leche del pecho de su madre).
Todos en el Centro Médico estaban asombrados y obsesionados con “Cervantes”. Nadie pudo dar alguna explicación ni sugerir un tratamiento pues todo en el niño funcionaba como era debido. Las teorías se dispararon hasta llegar a sinsentidos imposibles. El niño cobró fama a nivel nacional en su segundo cumpleaños, midiendo casi lo mismo que su mamá en la foto de la primera plana del periódico más importante del país. “Bebé de casi dos metros” anunciaba el titular, pero solo era metro y medio. Un niño de dos años mide 88 cm, Carlitos media casi el doble.
A partir de ahí las cosas empeoraron aún más. Su madre era primeriza y no solo debía aprender a ser mamá, también tenía que ingeniárselas para solucionar los problemas que el crecimiento acelerado acarreaban, y ahora a la gente y el internet. El Centro Médico ofrecía consultas gratuitas pero la ropa y la comida del niño no estaban incluidas. Su madre no pudo dejar a Carlos solo, no volvió a trabajar, se la vivía con el niño en el hospital. Su marido la engañó y se divorciaron, su familia no tenía dinero para apoyarla; fue muy duro. La fama nacional lo empeoró todo porque era imposible caminar con él en la calle sin que una masa de celulares la rodeara y le impidiera el paso. Algunos hasta picoteaban al pobre y hasta le arrancaban cabellos. Carlitos se asustaba y lloraba, su madre se ponía furiosa y se desesperaba con facilidad, cayendo en la locura y la violencia de una fiera que protege a su cría.
Decidió dejar el Centro Médico, salió a empujones y patadas porque los guardias y enfermeros tenían instrucciones de no dejar salir a Cervantes. Lo metió al coche escapó de la Ciudad de México. Trató de vivir en la playa con una de sus primas pero fue más difícil que en la ciudad porque a sus dos años y medio  Carlos media dos metros. Era más alto que un mexicano adulto promedio. La gente lo señalaba por su altura, no porque fuera un bebé. El frenesí se desataba cuando se acercaban y le veían el rostro. Debido a esto su madre lo alentó a disfrazarse en todo momento con ropa de superhéroe y máscaras. Solo así pudo salir a la calle con él por unos meses. Los 4 cm mensuales no cedieron. Día a día dejaba de ser considerado un humano y empezaba a ser admirado o temido como un monstruo. En México no había nadie que midiera 2.24 m, y mucho menos con la cara de un niñito de 3 años.
Una nueva etapa comenzó para la madre y el hijo, tortuosa en su mayor parte. El niño no cabía en vehículos pequeños, necesito comprar una camioneta para transportarlo. Jamás fue a la escuela, lo que mermó sus capacidades cognitivas y su lenguaje. La gente lo acosaba, lo que lo volvió temeroso y hostil. Solo estaba tranquilo ante la presencia de su madre y de algunos animales. Le juntó dos camas para que durmiera pero su cuarto le empezaba a quedar chico. Tenía varias cicatrices en la cabeza por todos los golpes que se había dado al no medir bien la distancia al entrar o salir de varios lugares. No podía comprarle ropa, se acostumbró a hacerla toda ella. Los zapatos era lo más difícil pues cualquier par que fuera cómodo le empezaba a apretar en pocos días.
No tuvo amigos ni familia. No entendía porque la gente era tan pequeña y porque debía de esconderse. Su madre lograba calmarlo, era la única que podía, pero en un berrinche la empujó con todas sus fuerzas y la lastimó. Su madre salió volando y aterrizó sobre su tobillo, se lo fracturó en tres partes. Al llegar los paramédicos, Carlitos estaba en shock. Nunca había escuchado a su madre gritar así y nunca había recibido extraños en su casa. Los paramédicos forcejearon con él y tuvieron que someterlo para poder atender a la señora.
Fue sin duda la época más dura para su madre, pues tuvo que depender algunos pocos familiares dispuestos a ayudar y varios desconocidos para cuidar de su hijo. La operaron y estuvo incapacitada dos meses, tiempo en el que ni siquiera pudo hablar con Carlos por teléfono. Al niño lo mandaron al Centro Médico pero debido a sus ataques de ira tuvieron que mandarlo a otro lugar con el personal y las instalaciones necesarias para atenderlo: el Instituto Nacional de Psiquiatría.
No estaba loco, tan solo era un niño de tres años y medio, con dos metros y medio de altura. Cuando su madre trató de recuperarlo lo vio muy asustado y descuidado. Estaba desnudo, tenía heridas en todo el cuerpo, las uñas y el cabello largo. El médico a cargo de su caso le dijo que era imposible cortarle las uñas o el cabello, que era difícil si quiera acercarse a él. Casi no hablaba, lo que más gritaba era “¡No!”. No pudo sacarlo del instituto sola, tuvo que luchar con abogados.
Su vida mejoró radicalmente después de superar la altura de Robert Wadlow, el hombre más alto del que se tenga registro. Robert midió 2.72 m y tan pronto un notario de los Guiness Records certificó la altura de 2.73 m de Carlos a sus cuatro años de edad, el dinero y la fama mundial les cambiaron la vida. Al cruzar los tres metros a los cuatro años y medio, no solo gozaba de un ingreso fijo sino que renombrados científicos e instituciones de todo el mundo se peleaban por él. Si una universidad en Estados Unidos ofrecía un departamento y asistencia médica sin costo alguno, otra farmacéutica alemana trataba de convencer a su madre con una casa más grande en la zona de su elección, con camión y chofer a su disposición. Su madre negoció las ofertas y se quedó solo con las mejores. Carlos viajó por el mundo y gozó de cierta paz con lujos.
A los seis años festejó su cumpleaños siendo la estrella principal del Cirque du Soleil por unas semanas, era un acto de luz y sonido dónde el bailaba al centro del escenario, aumentando y disminuyendo la velocidad al ritmo de la música. Empezaba acostado y en el gran final terminaba de pie. Fue un buen ingreso pero no podía seguir instrucciones. La gente no creía que el gigante del centro era un sujeto sin zancos, hasta que se quitaba la manta, medía casi cuatro metros. Fue la mejor época de su corta vida; tenía dinero de sobra, una casa adaptada a sus necesidades con una enfermera en todo momento y por primera vez en su vida tenía zapatos de sobra. Las marcas de tenis más renombradas se peleaban por hacerle zapatos a su medida para hacerse de la publicidad más ingeniosa y barata.
Al llegar a los nueve años viajar se volvió imposible. Era difícil mantenerlo quieto por lo que no podían saber exactamente cuánto medía pero se calcula que llegó a los cinco metros. Su madre no lo dejaba salir de casa. Vivían en el campo en Francia, cerca de Aux en Province. Era una casa enorme rodeada por un infinito jardín bardado. La cerca medía menos de cuatro metros, por lo que era posible verlo desde afuera. Había gente que incluso llevaba sus propias escaleras para poder asomarse a verlo, y un par de locos se brincaron la barda para tomarle fotos y video de cerca. Se requirió de más personal para su cuidado, más comida y más espacio. Probablemente algún contrato con alguna institución dedicada a la ciencia hubiera cubierto con los gastos pero Carlitos murió.
Un día se aburrió de estar en casa y brincó la barda. Caminó hasta Trets y tuvo un altercado. Hay dos versiones, una donde el comienza la pela, la otra donde fue atacado y solo se defendió. Un hombre murió y dos más quedaron gravemente heridos. Carlos escapó y se escondió un par de horas pero no fue difícil encontrarlo. La policía tuvo que dispararle porque hirió a un oficial y no había manera de someterlo ni calmarlo.  Murió a causa de la pérdida de sangre, no de un impacto certero. Se fue de este mundo asustado y enojado, llorando y gritando el nombre de su madre. Su esqueleto fue de gira a diferentes museos de todo el mundo, donde fue expuesto junto a una réplica de plástico de cómo se veía en vida.

 

2

El mundo se olvidó del primer gigante. Un virus que se expandía por doquier a gran velocidad y una posible tercera guerra mundial dejaron a Carlos enterrado en la memoria del mundo, hasta que un médico brasileño publicó la noticia de un posible segundo bebé gigante. La panza de la madre era gigante para sus siete meses y no soportaba el malestar. Fue trasladada de emergencia pero murió antes de la operación. De sus entrañas salió un gigante de 77 cm, con un increíble peso de 23 kg. El bebé fue devuelto a su padre y no se volvió a saber de él por un tiempo.
El internet, llenó de fotos editadas, mostró a Diego, el gigante brasileño de lejos. Supuestamente era un humano lo que se veía, no un gorila. Algunos decían que simplemente era cuestión de perspectiva, donde el bebé estaba cerca de la cámara sobre un terreno plano, generando la ilusión del gigantismo. Cuando un reportero fue a investigar, el niño y la madre habían desaparecido. No se supo nada de Diego por varios meses, hasta que circuló por el internet un video tomado desde una avioneta, donde Diego miraba al aeroplano desaparecía en la jungla del amazonas. Después se corta y sale un hombre hablando en portugués, caminando por la zona donde supuestamente grabó al gigante. Si aquello fuera cierto, Diego tenía dos años y medía un poco más de siete metros. l video, como es de esperarse, es de muy mala calidad y parece falso. O puede que sea cuestión de perspectiva. Hay otros videos del mismo hombre recorriendo la zona, mostrando árboles tumbados, huellas y demás evidencias del gigante; el hombre de las nieves brasileño. Nadie más logró tomarle fotos ni videos. Había muchos rumores y gente que juraba que la historia era real.
Dos años después salió otro video de Diego, a sus cuatro años de edad. Estaba en una especie de laboratorio militar. El video dura unos pocos segundos y el niño está sentado pero aun así mide más del triple del científico junto a él. La imagen es tan clara que parece ser de una película. No hay explicación de quién ni dónde tomó el video. Los rumores del monstruo brasileño apuntaban a una instalación militar altamente protegida en Estados Unidos pero fue opacada por una noticia más escalofriante. Varios casos de bebés y niños gigantes confirmados por instituciones reconocidas. Como si todos lo ocultaran y de pronto todos decidieran sacar la información a la luz, o como si fuese imposible seguirlos escondiendo.
Cinco casos en Latinoamérica, diez en Europa y casi cincuenta en Asia. Todos coincidían en un mismo número, cuatro metros al primer año; un centímetro al día.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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