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18 min
Ganándose el pan levantando catre
Amor |
10.12.14
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Sinopsis

un perfil de la prostitución con entrevistas de mujeres que viven del oficio desde diferentes escenarios. Las entrevistas van intercaladas, con algunas reflexiones sobre el que algunos H.Ps llaman "el oficio más antiguo del mundo"

GANÁNDOSE EL PAN LEVANTANDO CATRE (Perfiles)

Las que buscan sus clientes en las calles parece que históricamente fueron las pioneras del ‘oficio más antiguo del mundo’ y en la literatura y en imágenes de recordadas películas las vemos  tentando a los hombres solitarios:, en los mercados de Babilonia, las plazas de la antigua Roma, en nublados callejones del Londres del siglo 19 y bajo los puentes del Paris antiguo y moderno en el que “el Ruiseñor de Paris’, Edif Piaf, trabajó de callejera, en sus tiempos difíciles en medio de la 2ª guerra mundial, a la par que cantaba por unas monedas en los bares, antes de hacerse famosa, sin olvidar a las que referencia Miguel de Cervantes Saavedra,  en el  ‘cartucho’ de Quenopodio, en Sevilla, España,  donde después de ejercer su oficio,  iban a celebrar con vino, junto con sus amantes ladrones, mendigos, tullidos, ciegos y mancos falsificados.

Hasta hace algunas décadas la prostitución en los centros urbanos  estaba circunscrita a las llamadas “zonas de tolerancia” delimitadas por las autoridades municipales. Los sitios donde estaban concentradas las ‘mujeres de la vida’ se caracterizaban por el bombillito rojo y sugerentes avisos de neón.

En nuestra época siguen existiendo los prostíbulos al estilo antiguo, con numerosas mujeres exhibidas en un establecimiento y para los diferentes estratos socioeconómicos, pero las zonas de tolerancia ya no están tan definidas como antes y abundan desperdigadas en diversos sectores de los centros urbanos, al igual que los moteles.

A diferencia de las ‘prepago’ que trabajan por teléfono y a domicilio, las callejeras se exponen a la vista de todo el que pasa, al calor, la lluvia, la persecución de las autoridades cuando hacen redadas y a diario caminan por sitios donde hay gran actividad comercial y abundan las residencias que alquilan los cuartos a bajos precios, “por un rato”.

En Popayán los sitios preferidos están ubicados en los alrededores de las galerías La Esmeralda, del barrio Bolívar, Alfonso López y en el barrio El Empedrado, donde gracias a la presión de la comunidad y la policía ha mermado considerablemente.

Para conocer sobre la vida cotidiana de algunas mujeres que viven de la prostitución contactando sus clientes en la calle, en encuentros aparte, me reuní con tres de ellas y una que trabaja en un local fijo.

PATRICIA

Patricia ya tiene definida su profesión y no piensa cambiarla pues  “me acostumbré a trabajar en esto, gano buena plata en comparación a los trabajos que tuve antes y hasta me gusta porque siento placer cuando me cae bien el cliente, o lo finjo por ganarme la plata y también le sirvo de  compañía momentánea  a tanto hombre solitario, aburrido de la rutina del matrimonio o simplemente arrecho, después de tomarse unos tragos”.

 Es prostituta -desde que mi marido se fue para España cuando el hijo mayor cumplió 8 años y la niña uno y quedó de mandarme plata para pagar la cantidad de deudas que tenía…no me mandó nada, ni escribió, ni llamó y no me tocó de otra que ponerme a putiar, pues lo que me ganaba en trabajitos chimbos que conseguí en almacenes no me alcanzaba… a duras penas para la comida y pagar arriendo y con las culebras que dejó… azarándome por la plata… me tocó dejar a mis hijos con mi mamá y perderme para Medellín y ubicarme con la ayuda de una amiga…al principio fue duro acostumbrarme…yo era de la casa, con mi familia…al principio trabajé en un local, donde me explotaron…pero una amiga me ayudó a volarme para Bogotá y me enseñó a trabajar en la calle…una se acostumbra…como todo…me va mejor que antes… además en este oficio, puedo viajar por distintas ciudades, donde permanezco  varios días, si me está yendo bien, hasta que me aburro y  decido cambiar de aire-.

No viste, ni se maquilla de manera escandalosa, como la mayoría de sus colegas. Con sus 37 años, se conserva atractiva. Tiene un  cuerpo proporcionado, de piel canela y largo cabello negro ondulado y con facciones de gitana.

Acaba de llegar de Medellín donde estuvo tres semanas, a veces va a Bogotá y viene a Popayán a terminar la gira de principios del año 2014, antes de irse unos días  a Jamundí, a descansar y donde viven sus hijos: Humberto de 22 años, que empezó a estudiar veterinaria en la Universidad Nacional de Palmira y Marta de 14, que estudia 8° de secundaria.

-En la casa les monté una tienda bien surtida y de eso viven. Mi hijo que es juicioso, grandote y gordo, se encargaba de todo lo relacionado con el negocio y la casa y de comprar el surtido a los distribuidores, Ya no dependen tanto económicamente de mí, aunque yo no dejo de llevarles regalitos y aportar para el surtido del negocio con lo que me gano en las correrías. Mi hijo que mide más de uno ochenta y es gordo, de tanto tragarse el mecato que vendemos en la tienda, no me ha dado problema y el único vicio que tiene es el cigarrillo y comer… pero bueno eso no importa.  Él cocina y cuando estoy en la casa me ayuda en todo, a cocinar, a barrer,  al verme atareada o de mal genio…ahora me llamó avisándome que mañana llegan los distribuidores de Yupis y hay que tener cincuenta o cien mil lucas…ahora que entró a estudiar carrera mi mama deberá encargarse de la tienda-.

Cuando visita una ciudad en son de trabajo, alquila una pieza en alguno de los hospedajes baratos –aunque me gustan que no sean muy boletas y más vale con gente decente…pobre pero honrada, como jubilados, vendedores…procuro llevar a los clientes a otras residencias para no dar visaje_ agrega.

-En Popayán me gusta trabajar cerca a la galería del barrio Bolívar…los clientes ya me conocen-

-Por mi edad ya no trabajaría en un prostíbulo de caché, aunque podría hacerlo en algún pueblo pero no me gusta estar encerrada recibiendo órdenes. Me conservo, pero si fuera más joven preferiría la calle, pues no dependería de nadie, ni estaría presa en un salón ganándome un porcentaje…cuando empecé en Medellín conocí lo que es estar encerrada, con vigilancia a toda hora y hasta con los papeles retenidos por los dueños del negocio…aquí cobro menos pero me lo gano todo sin que nadie me controle y pida cuentas  y trabajo cuando quiero y donde me da la gana…si me aburro en una ciudad me voy para otra…eso sí, no trabajo en Jamundí, ni en Cali que están cerca a mi casa…Popayán me gusta por el clima y la clientela que tengo…siempre lo hago con condón.  Soy buena en la cama y si el cliente paga hay que atenderlo bien para que se acuerden de una y la extrañen… algunas compañeras se acuestan como una vaca muerta y los apuran  para acaben rápido…soy una profesional y hasta que el cuerpo y la edad me lo permitan seguiré ganándome el pan en la cama… cuando vea que no sirvo, me voy para la casa a trabajar en la tienda-.

 

La abundancia de hombres y mujeres sin pareja permanente es muy común en la sociedad moderna. El acelere de la vida cotidiana, las barreras, sociales, geográficas, sicológicas, culturales y económicas impiden la comunicación franca y fluida entre las personas que permita establecer relaciones estables. En este marco y ante las premuras económicas de mujeres de distintos estratos sociales que no encuentran trabajo y ya no tienen prejuicios antiguos sobre la sexualidad, es fácil que la prostitución se convierta en una alternativa laboral rentable. También lo es la prostitución masculina, pues cada día las mujeres son más preparadas académicamente, ganan buenos ingresos y muchas no tienen parejo o están aburridas con el que tienen y a veces, - cuando están solas, ardientes y con tragos en la cabeza -, buscan compañía de jóvenes atractivos y bien dotados, llamándolos por teléfono, internet o en visitando sitios seguros que conocen previamente,

En las civilizaciones antiguas cuando las guerras de conquista eran la principal fuente de riqueza, los soldados se alejaban por meses y años de sus hogares y, a donde iban, siempre encontraban esclavas y prostitutas para satisfacer sus apetitos sexuales alborotados por el consumo de vino, otras bebidas alcohólicas y afrodisiacos comunes en diversos continentes. También abundaban en sus lares, como hallaron lupanares fosilizados en las ruinas de Pompeya, con las paredes en las habitaciones de las prostitutas, decoradas con coloridas pinturas  representando escenas de sexo explícito y la especialidad de la hetaira, tal como lo mostraron en un documental difundido por History Channel, pero eso sí, nunca faltaron las callejeras.

CARMENZA

Carmenza, es una ‘mona teñida’, tiene 38 años y aparenta menos, con pelo crespo y facciones negras. Como la mayoría de las de ancestros africanos, tiene un cuerpo atractivo bien proporcionado, con trasero prominente. Es caleña y a diferencia de Patricia no alberga prejuicios para trabajar en su ciudad por la antigua zona del centro. –Yo sé en qué sitios me meto-  y no teme que la vean -pues por las residencias donde voy no andan conocidos - a pesar que en Cali vive su hija de 14 años estudiando secundaria y a la que ha traído a pasar unos días de vacaciones en el hospedaje donde se queda en Popayán, la cuida celosamente  de los gallinazos que se le acercan a piropearla convencidos que también ejerce la misma profesión de su madre.

-Al hijueputa que se meta a irrespetar a mi hija lo daño-  dice con una convicción que no deja lugar a dudas.

Siempre exige que el cliente acepte hacerlo con el preservativo que lo carga ella. Aunque es buena en la cama con los hombres complaciéndolos en casi todo lo que pidan, -pues para eso pagan, no beso la boca- también le gustan las mujeres y a veces amanece con una jovencita de 18 años, aunque ahora que está con su hija se cuida de que no la vea ejerciendo su oficio con hombres y menos que se acerque su ‘novia’.

Al preguntarle cómo llegó a la profesión, resume con una frase contundente: -yo soy puta desde chiquita, empecé a pichar desde los 10 años y a mis amiguitos les cobraba de a dos pesos, aunque también me gustaban las mujeres y a mi novia le hacía regalos.-

 

A lo largo de la historia de la humanidad y en distintas épocas y pueblos, mucho se ha dicho escrito, pintado y esculpido sobre la sexualidad y la prostitución, y en el caso de la civilización occidental, en algunos documentos,  en la mitología griega y romana y en el Antiguo Testamento de la Biblia, ya hay referencias al que se considera el oficio más antiguo del mundo.

Las otras especies animales pasan por períodos de celo limitados, cuando las feromonas de la hembra se activan y por el olfato llegan a los machos que inician la competencia física por fecundarla.

El humano a diferencia de los otros animales, además de ser racional, tiene despierto el apetito sexual durante todo el tiempo de su vida, aunque con mayor ímpetu, desde la adolescencia hasta los 60 o más años, dependiendo de la salud, las costumbres y cultura y de que acuda a tratamientos de sustitución hormonal, en el caso de las mujeres y al Viagra, en los hombres. Este exacerbamiento cotidiano de la sexualidad en una sociedad que a diario la estimula través de los medios masivos de comunicación es otro incentivo para que prospere la prostitución en sus diversas modalidades.

CLAUDIA

Claudia, también es caleña del barrio La Floresta. De 24 años de edad, aparenta más. Tiene tendencia a la gordura. Dice que -llegué a la profesión por accidente pues vivía arrejuntada con mi compañero que desapareció hace más de un año y me dejó con una hija de dos años. Era soldado profesional estaba en un pueblo del Putumayo y no volví a saber de él-. Cree que lo mataron, está desaparecido o de pronto se consiguió otra más joven y bonita. Estudio hasta 9º de secundaria y después de quedar sola, trabajó unos meses como empleada doméstica en una casa grande del barrio La Pamba en Popayán, -pero me aburrí, por el oficio que me tocaba hacer, aseando cinco habitaciones, dos salas, un comedor, cocina grande, dos baños y un patio y por la poca plata que me pagaban y la joda de la viejita que me creía su esclava…al final me cansé y un día que me trato de india zarrapastrosa la mandé a la mierda y me fui -.

 -Lo hice por recomendación de una amiga y antes lo había pensado pues en Cali conocí a vecinas que vivían de este trabajo, andaban bien vestidas y en sus casas no aguantaban hambre…hay días en que me he ganado hasta cien mil pesos, a veinte mil cada servicio, aunque hay otros malos en los que sólo levanto los $12.000 de la pieza y para la comida -.

Su padre, murió hace cinco años. Era jubilado del Ferrocarril del Pacífico. Josefina, su madre  que le cuida la hija, heredó la pensión. Dice que - este trabajo  buscando hombres en la calle, ¡es muy horrible! , cuando se le arriman borrachos sucios, feos y hombres pecuecudos y chuchentos que no se bañan y a veces son groseros y le pegan a una -.

 

Según algunos siquiatras y sexólogos, el componente sexual en nuestro cuerpo y cerebro es muy grande, pues es una necesidad biológica natural tan imperiosa como el buscar alimento y refugio. A diferencia de lo vivido en sociedades cristianas (católicas y protestantes) de la edad media, el período de la Inquisición y las sociedades puritanas y mojigatas de los siglos 18, 19 y principios del 20, en la sociedad moderna, especialmente después de la revolución sexual de la década de los años 60, con el desaforado desarrollo de los medios audiovisuales y el internet, las imágenes relacionadas con la sexualidad circulan por todo el mundo a la velocidad de la luz, exacerbando los instintos primarios de adolescentes, adultos y ancianos de todo el mundo. En este ardiente panorama, a diario el hombre y la mujer tienen pensamientos y con los sentidos estimulan sus apetitos y fantasías eróticas, aunque estos no son explícitos por restricciones morales y culturales y en la mayoría de los casos se quedan en deseos, masturbaciones presentes y por teléfono e internet, guiños de ojos, sonrisas, copulas con muñecas y muñecos plásticos, piropos y en miradas descaradas de los hombres cuando por la calle se encuentran a una mujer de figura despampanante y con ropa ligera que resalta los atributos de su cuerpo. La rutina de largos años en los matrimonios en numerosos casos lleva a la pérdida del apetito sexual con el conyugue y quienes no consiguen una amante, ocasionalmente y por lo general cuando están ebrios buscan a la(o)s prostituta(os), para salirse de los polvos rutinarios.

Para no hablar de las geishas del Japón - que eran las mujeres más cultas del archipiélago (Sabían conversar, cantaban, danzaban, interpretaban instrumentos, recitaban poesías, etc)  y además expertas en las artes amatorias -, en los reinos europeos  y asiáticos existieron las cortesanas, que eran una especie de prostitutas del rey y sus allegados, escogidas entre las más bonitas y ‘mejores familias’ del reino. Sus servicios eran pagados con propiedades rurales, mansiones, títulos de nobleza, dinero y joyas.

ISABEL

Su familia vive en Roldanillo, Valle, es la tercera entre cinco hermanos tres mujeres, dos casadas y dos hombres. Su padre tuvo una pequeña finca donde cultivaba café, pero se enfermó y sus dos hijos se fueron a trabajar a Pereira y Medellín, viéndose obligado a vender la parcela y comprar una casa en el pueblo, -donde estudié hasta 10º… por joven y enamorada no pude  terminar el bachillerato al irme a vivir con mi primer amor… en esa época tenía 17 años y él 18…imagínese…unos culicagados calenturientos. El trabajaba vendiendo cacharrería en las calles de Pereira, Cartago y otros pueblos vecinos... es bien parecido y coqueto… a los dos años y unos meses terminó la relación, porque la convivencia diaria, la falta de plata y el vicio del trago y por las mujeres nos obligó a separarnos...o mejor dicho… me le fui-.

Consiguió trabajo en un almacén de ropa, en Pereira, pero lo poco que ganaba no era suficiente para  satisfacer sus aspiraciones. Una amiga le sugirió que trabajara en una casa de mujeres pues era mucho más rentable que estar de empleada todo el día, ganándose menos del salario mínimo y sin seguridad social, que ahora sí tiene. Lo pensó varios días hasta que se decidió. Ahora con 22 años de edad lleva tres años en la profesión trabajando en burdeles de varias ciudades y pueblos del sur occidente colombiano, donde las chicas son escogidas por sus cuerpos esbeltos y caras bonitas y no superan los 30 años de edad, siempre y cuando se conserven atractivas. Están en promedio una semana en un mismo sitio. Recorren ciudades como Manizales, Pereira, Armenia, Dosquebradas, Cartago, Tulúa, Buga, Palmira, Cali, Jamundí, Santander de Quilichao, Popayán, El Bordo, Pasto e Ipiales.

Al preguntarle si le gustaría trabajar en la calle, contesta con un rotundo -¡No, ni pensarlo!, me daría pena que me vieran mis familiares y conocidos. Además aquí llegan clientes más seleccionados y en mayor cantidad. En los fines de semana y de mes, cuando hay pago o los sábados y domingos de los puentes, me pueden visitar  en un día, 15 o 20 clientes, empezando a trabajar desde las diez de la mañana y me puedo ganar doscientos, trescientos mil pesos libres-

Recibe un buen porcentaje de los $30.000 que debe pagar el cliente en la caja del negocio, donde también venden trago, por el que también le dan un porcentaje sí se sienta con un cliente tomador y hace que compre licores caros.

De pelo largo, teñido color café claro, ojos café tirando a verde y piel canela, sus facciones son finas y tiene pinta de modelo, pero no de las anoréxicas. Es de mediana estatura y un cuerpo en el que no le falta ni sobra nada para ser provocativo.

“Soy muy caliente y, sí me gusta el cliente, le pido que me bese y acaricie por todo el cuerpo, desde la nuca, espalda hasta los talones, pasando  por codos y nalgas y de la frente y el cuello hasta los dedos de los pies,- que los tienen pintados con esmalte de varios colores-, pasando por muslos y rodillas. Eso sí, no permito que me besen en la boca”.

De las entrevistadas es la más atractiva por su modo de ser y físicamente y la que eróticamente disfruta más de su trabajo… -ganándome la vida levantando catre- como dice sonriendo mientras se le dibujan dos hoyuelos a lado y lado de las mejillas.

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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