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6 min
Generación vs Generación
Reales |
19.06.15
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  • 538
Sinopsis

Padre e hijo viven la misma situación, la visión de cada uno de ellos es totalmente diferente ¿A quíen no le ha ocurrido? La realidad supera siempre a la ficción.

 Ayer por la noche estaba con mi padre tomándome unos vinos mientras veíamos un rato el partido de fútbol en la tele cuando se le ocurrió una idea:

- Hijo, ya que estás tres años en el paro y no parece que vaya a salir nada para lo que has estudiado, ni tampoco hay trabajo por la zona, sube al desván y busca las herramientas del abuelo.

- ¿Herramientas del abuelo?

- Si, seguro que tu madre las guardó en el desván y están en algunos de los baúles del fondo.

- Nunca me hablaste de mi abuelo.

- Murió antes de que tu nacieras, era una buena persona y muy trabajador.

- ¿A que se dedicaba papá?


- A un trabajo muy respetable, uno de esos oficios que han desaparecido con el tiempo.

- No me jodas, el abuelo era sereno. Le digo entre risas.

- No, ese era tu tío abuelo Joaquín, anda que no me hizo la cobertura con tu abuela. Me dice mientras lanza una sonrisa desdentada.

- Entonces ¿a que se dedicaba el abuelo?

- Era limpiabotas

- ¿Limpiabotas? Le digo con sorpresa y a la vez desilusión.

- Si, era el mejor de la ciudad. Todos los señoritos querían que Juanito les limpiara sus botas de piel, las mimaba y las arreglaba de tal manera que las dejaba como nuevas. Todos le tenían envidia porque era el que más propinas sacaba de la ciudad.

- ¿Por qué no seguiste sus pasos? Le comenté un tanto enfadado.

- Porque yo aproveché la oportunidad de estudiar y conseguí alzarme con una plaza de funcionario. Me costó mucho conseguir aprobar las oposiciones. Me dice con cara de indignación.

- Papá, yo he aprobado tres oposiciones del grupo A, cuatro del B y dos del grupo C.  Le digo mientras lo miro enfadado.

- Lo sé hijo, lo sé, pero no puedes quedarte en casa todo el día esperando a que te den un trabajo. Tu obligación es salir y buscarte las habichuelas, yo no estaré toda la vida para mantenerte.

- Pero papá que tengo 36 años….

- Cómo si tienes 15, la situación es la que es, no puedes ir quejándote todo el día de que no hay trabajo y que los políticos son unos ladrones. Coge el toro por los cuernos y sal adelante. Ahora déjame que termine de ver el partido tranquilo. Me comenta mientras toma un sorbo de vino.

Dos días de discusiones interminables sirvieron para que mi espíritu se doblegara a la realidad y empezara a aceptar que mi futuro estaba lejos del puesto que siempre había pretendido. En los tiempos que corren hay que adaptarse a lo que viene, y si mi lugar está entre las mesas de las terrazas del barrio pudiente para lustrar zapatos hay que empezar a aceptar la realidad.

Tres semanas y parece como si mi abuelo estuviera reencarnado en mis manos, ya estaba entre los limpiabotas más aclamados del barrio de los señoritos. Todo el mundo quería que Juanito lustrara sus zapatos, para ello estaban dispuestos a entregar una pequeña propina por encima de la tarifa estipulada de forma regular por el propio ayuntamiento: 1 euro limpiar, 3 euros limpiar y abrillantar.

En una de esas jornadas agotadoras conseguí tomarme un descanso, y cómo me conocían los dueños de las cafeterías me invitaron a un café en una de las mesas interiores. Con mi maletín bajo la mesa disfrutaba de un descanso mientras leía el ascenso del partido de los empresarios en todas las encuestas, era lo mejor que nos podía ocurrir a todos los ciudadanos, ya que un cambio de gobierno podría provocar que perdiéramos nuestros trabajos.

- ¿Juan Gómez de Haro? Escucho desde lejos.

- Sí soy yo, espere un momento que termino el café y me pongo con usted en un momentico.

- ¿No me reconoces?

- No tengo el gusto de conocerlo señor.

- Soy Ginés Martínez, tu compañero en la Universidad. Anda que me has salvado poco el culo en los exámenes de Romano o mercantil.

- ¿Ginesito? Coño no hay quien te conozca con ese traje de chaqueta y ese maletín de cuero. ¿Qué haces ahora? Le comento mientras me levanto para ofrecerle mi mano.

- Estoy más que bien Juan, al final estudié la oposición para Notario y conseguí establecerme como tal en la ciudad. Después de tanto sufrimiento he conseguido seguir los pasos de mi padre. ¿Te acuerdas como me gritaba y me presionaba en la carrera? Me dice mientras me da la mano, para seguidamente coger una servilleta y limpiárse de forma disimulada.

- Me alegro mucho Ginés, mi padre siempre dice que el esfuerzo tiene su recompensa.

- ¿Y tú qué tal? ¿La familia está bien?

- Todo bien Ginés, seguimos en el mismo barrio de siempre y he cogido la profesión de mi abuelo mientras que no sale nada de lo nuestro.

- Me alegro Juan, me alegro. Me tengo que ir que he quedado con unos clientes, dale recuerdos a tu padre.

- Se los daré.

Mientras sale a toda prisa de la cafetería con su traje caro se acerca al camarero y le dice:

- Oye, yo pago lo que se esté tomando juanito y  cuídamelo mucho. Ese tío que ves ahí sentado leyendo el periódico es premio extraordinario fin de carrera y cuenta con un Doctorado Cum Laude que está considerado por los especialistas como una de las aportaciones más importantes de los últimos cinco años.

- Sin ningún problema señor, comenta el camarero.

Observo detenidamente como Juan se marcha con prisa a la oficina de su padre para atender a su cliente. Meto mi mano en el bolsillo para contar el dinero que he conseguido en una jornada más de trabajo: 15,35 euros. No está nada mal, a ver si mañana consigo algo más y puedo comprar la edición especial de ‘Las venas abiertas de América Latina’.

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Desde hace varios años la escritura es la mejor terapia para soportar una sociedad cada vez más insoportable. Mis historias intentan poner en movimiento las magníficas fotografías de un amigo, un proyecto que poco a poco va cogiendo forma.

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