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3 min
Gerard
Amor |
21.04.15
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Sinopsis

Yo siempre rechacé los libros de autoayuda pero había que hacer algo para que el recuerdo de Gerard no se convirtiera en una enfermedad crónica.

En la cama había otro hombre  ¡Y vaya hombre!  Pero a pesar de lo bien que estaba  no conseguía olvidarle.

Comencé a sollozar sin querer hacer ruido, pero él me escuchó.

-¡Por amor de Dios, no llores! -me soltó-. No sé que ves en él. Yo estoy mucho más bueno.

-Gerard no es guapo pero es muy sexy. No tiene buen carácter pero tiene buen corazón. No tiene dinero pero sabe cómo divertirse. No...

-Lo miras con demasiados buenos ojos. Sigues enamorada de él hasta las trancas.

Quiso besarme pero yo lo rechacé.

-Vete por favor.

-¿Quieres que me vaya?

-Sí.

Encendió la luz. Puso un pie sobre el suelo y después el otro.

-¡Ostia acabo de ver una cucaracha! ¡¡¡¡Es asquerosa!!!! –dijo él

 -Pues haz algo. Para eso eres el hombre de la casa. –le respondí

 Se puso el calzado avanzó hacia la cucaracha y la pisoteó.

-Ni siquiera le has concedido un último deseo. Qué cruel. -le dije

 -¿Qué hacemos con ella? -me preguntó- Como eres tan rarita a lo mejor quieres hacer un entierro.

-Cómetela. No te jode…

Me lanzó una mirada de niño desafiante. Buscó en el bolsillo de su cazadora hasta encontrar un mechero. Lo encendió. Puso la cucaracha colocándola al fuego y comenzó a tostarse. Después la llevó hasta su boca y se la comió. No debió de haber cenado suficiente por la noche.

 -¿A qué sabe? -pregunté simulando indiferencia. Aunque en realidad me había quedado maravillada. Nunca había visto a nadie comerse una cucaracha. Lo más asqueroso que se había comido Gerard había sido un yogurt pasado de fecha. No tenía ni punto de comparación.

-A patata frita crujiente.

 -Pero las patatas fritas entran primero por los ojos. Además, soy defensora de los animales. Debiste de haberla dejado en la casa del vecino. Eres un insensible que no tiene corazón.

 - Oye que yo no tengo la culpa de que ese tipo no te quiera. No la pagues conmigo.

 -Lárgate de una vez.

-Mocosa.

 Comenzó a andar hacia la puerta. Puede que pensando en que yo lo retendría. Pero viendo que no lo hacía me dijo:

-¿Quedamos luego?

-Bueno.

-Pues hasta luego.

-Hasta luego.

No le quería pero me había propuesto olvidar a Gerard como fuera.

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