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9 min
Que Nadie Cante Sobre Nuestra Muerte
Históricos |
04.02.15
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Sinopsis

"Solo transmite una cosa...Miedo"

Allí, con la mirada perdida y oculta entre las nubes, el corazón frío y abrumado por el atronador mordisco de la guerra y acurrucado entre miembros amputados se encontraba Alejo, sumergido en un submundo inteligible y aislado de aquel infierno terrenal donde los muertos le agarraban de su rajada malla y le arrastraban hacia la definitiva muerte. Pocos pensamientos deambulaban entre los solitarios salones de su mente, la muerte y el horror se habían ocupado de llenar esos bulliciosos y activos lugares en meras moradas de los más oscuros pensamientos. De vez en cuando, Alejo sentía como una pregunta furtiva se presentaba tímidamente en su ser y formulaba lo que tanto temían los Ejércitos de la Cruz...

"¿Por qué...?"

Si le hubieran preguntado lo mismo antes de que comenzar la batalla, el joven Alejo habría respondido orgulloso, y con talante de gran vencedor y guerrero del verdadero Dios que luchaban por la justicia, la verdad y por su fe.

"Fe.Verdad, Justicia." Aquellas palabras eran las que destrozaban los antiguos salones mentales de Alejo, eran las falsas esencias con las que un joven había alimentado su vida, sin saber que solo le provocaba hambre, un hambre que solo se podía saciar con muerte y sangre, hambre que lo hizo partir lejos de casa, por propia voluntad, hacia el propio infierno.

Casi podía ver las ánimas de los guerreros caídos ascendiendo hacia el firmamento, orgullosos y sonrientes por haber alcanzado porfín su objetivo de luchar contra la tiranía y maldad que suponía el mancillar Tierra Santa.

"Tiranía, maldad, santa...¿Acaso la santidad y pureza de un lugar implica tanto? ¿Debe regarse la pureza y la santidad con sangre y dolor? " 

Eran solo frases que se deslizaban por las abandonadas cúpulas y fustes que se desplomaban entre los palacios abandonados de las antiguas creencias e ideales del chico. Ni siquiera se planteaba las respuestas de las cuestiones que, por algún motivo que Alejo no conocía, se materializaban repentinamente en su mente. ¿Era aquello acaso su conciencia, una luz que le guiara verdaderamente a conocer el alcance de sus daños y las consecuencias de sus actos?

- Nos ha sido ordenado que terminemos con la vida de los desdichados que se amontonan moribundos por los suelos.- Alejo no sabía de donde venía esa voz, pero no era la primera vez que la escuchaba. En su tiempo también había sido una voz joven y llena de vitalidad, vitalidad que le llevó a acompañarlo al reino de la hipocresía...- Me alegro de que sigas con vida.-Sonó un hilo de voz taciturno antes de extinguirse la voz en la lejanía.

Alejo movió sus doloridas piernas y dirigió su mente al sangriento suelo. Sus ojos permanecían solitarios e imperturbables. Mientras había hablado el otro soldado, Alejo había advertido como la guerra apagaba la luz de otra alma joven. Era su amigo, aunque tenía la sensación que después de aquello, le costaría volver a calificar a alguien de amigo. Pero, al igual que él, un vacío profundo y abismal le corroía por dentro, y le robaba la jovialidad. Advirtió que el soldado no había dicho las palabras que no quería volver a escuchar nunca...

"Rey. Dios. Santidad. Papa. Victoria. Gloria..."

No había gloria en ver como la luz de un hombre se extinguía y como lloraba al saber que se iba de este mundo, que no volvería a respirar, a escuchar ni a ver el cielo, por culpa de aquel cristiano que le había arrebatado todo al clavarle el frío y despiadado acero en su vientre, y saber que ese hombre jamás volvería a reir, jamás volvería a vivir, solo por cometer el gran error de seguir a un fantoche que se calificaba de superior, y de adorar a un ídolo que solo le había traído dolor. Alejo veía en los ojos ya extinguidos de las decenas de cadáveres que se amontonaban en su periferia que se arrepentían, desde lo más profundo de su encadenado corazón, y veían en las caras de musulmanes y cristianos que con gusto hubieran roto aquellas cadenas y habrían vivido, lejos de la falsedad.

No, no había gloria en la muerte. No había expresiones de paz y sosiego al reposar por fín en los salones celestiales, sino solo sufrimiento y dolor, pues los que iban a morir veían como la luz al final del siniestro túnel solo era el recuerdo de los pocos años con los que habían podido gozar de su tierras y de los suyos. No, Alejo no consentiría que un vendedor de mentiras, un trovador, un poeta o un cronista, hablara de esa batalla como un acto de valntía y fe de honrados soldados que renunciaron a todo por su fe...No, no era así en la realidad. Ningún bando había ganado, no había victoria, no había grandeza en ver los ensangrentados rostros de los muertos y los desesperados mutilados no deseando la muerte para acabar de una vez con ese maldito mundo...sino llorando al saber que no podrán vivirlo más. 

"¿Como iban a pasar viajeros y peregrinos en el futuro y pensar que las flores de aquel sangriento campo nunca florecerán, y que las almas de miles de desdichados permanecían allí, en ese campo maldito, llorando su desgracia, escuchando en la lejanía a los trovadores cantar como un Rey, con ayuda de Dios, logró la victoria?" 

No...no había victoria, grandeza ni valentía. Alejo solo había sentido una cosa mientras daba muerte a algunos tristes hombres. Miedo. 

Alejo tuvo las fuerzas suficientes como para mirar a su derecha y contemplar como un desdichado agarraba fuerte su pecho y respiraba angustiosa y entrecortadamente, pues la muerte se avecinaba a él. Alejo ni siquiera se levantó, solo se desplomó hacia su derecha, para recaer encima de un cadáver ya frío y abandonado, y cerca del sangrante oído del moribundo, y, tras llevarse la mano a su rosario, lo sacó y le habló sosegadamente.

-Por esto hemos muerto, amigo. Por las palabras de gloria y grandeza de reyes y sacerdotes...por nada. Ellos segurán bebiendo y briandando en sus tronos, considerándose los dueños del mundo, los artífices de la victoria, y nosotros, sangramos...- Alejo se arrancó el rosario violentamente y lo depositó lentamente dentro del puño del guerrero con el cual se presionaba su fea herida del pecho.-Esta cruz no nos ha llevado a la victoria, pues no hay victoria en la guerra, ni los reyes nos han llevado a la eternidad ni a los libros de historia, pues mientras nuestros hijos crezcan sin pandres y nos olvidan, en los anales aparecerá como una dorada corona venció...Nadie ha vencido. No iremos al Cielo por quitar la vida de otra persona que luchaba por sus tierras, por los suyos, y cuyas mujeres esperan en vano en el vacío hogar, ni gozaremos de una vida eterna en el más allá, solo sangramos, y sufrimos.- Alejo se detuvo unos momentos mientras escuchaba como la situación del moribundo se agravaba y su respiración se tornaba más irregular y espesa, mientras el sangrante rosario aún permanecía en su fuerte puño.- Hemos muerto los dos, todos hemos muerto en esta batalla, nadie volverá a su hogar sonriente, jactándose de como mató a una decena de moros o como atravesó a otros diez con su lanza, sino que volveremos a nuestra ansiada realidad, y fingiremos reir y disfrutar de la vida y seguramente lo intentaremos de verdad, pero nuestras almas, como las de todos los muertos se ahn quedado en este campo, y no irán arriba ni abajo, sino que están condenadas a llorar toda la eternidad aquí y seguir sangrando, meintras nuestros inhertes cuerpos fingen ser felices entre recuedos de muerte y dolor. Todos hemos muerto, pero yo renuncio a arrastrarme lo que me queda de infeliz existencia junto al libro que me ha causado la muerte y junto a la cruz y la corona que me han engañado con falsas ideas de gloria. No se si he sido valiente, pero sin duda, la verdadera valentía en el caso de que yo estuviera en tu lugar, lléndome de este mundo, sería renunciar a lo que me engaó en vida para quizás poder asumir mejor que jamás volveré a vivirla.

Alejo por fín se levantó y decidió dejar al soldado en sus últimos momentos de vida solo, para afrontar lo que debemos afrontar todos tarde o temprano. Se alejó caminando dificultosamente entre los cadáveres. No sabía hacia donde iba, hasta que vio el sol levantandose por el este, hacia donde se encaminó. Mientras se alejaba del moribundo, un grito atronador sonó desde su espalda, y el joven pudo contamplar durante unos segundos, atónito, la verdadera valentía. El soldado herido había alzado muy alto su ensangrentado brazo, con el rosario en su puño, mientras sollozaba de tristeza. Entonces agitó su brazó y catapultó el rosario muy lejos de su cuerpo, mientras su corazón exhalaba los últimos suspiros de la vida y su fuerte puño caía con los muertos. 

Alejo nunca supo si  ese soldado era musulmán o cristiano, ni siquiera si lo había entendido, solo sabía que ambos sangraban por igual y sentían el dolor por igual. Pero el joven sonrió, pues supo que a pesar del dolor y la tristeza, el humano era capaz de abandonar sus creencias e ideales cuando veía derrumbarse el mundo sobre él o aferrarse aún más a ellos si era necesario. En aquel campo de batalla vio la verdadera oscuridad y maldad, pero también supo que el humano es valiente y justo, pero no eran reyes ni dioses los que debían imponer la valentía y la justicia a los hombres, sino que ellos mismos debían actual de manera propia como hombres libres, pues cuando no están encadenados, es cuando el humano es justo.

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  • Escrito en forma de rap (perdón a los tradicionalistas y melancólicos de la buena poesía, ya solo me sale esto) a una de las cosas mas bellas que he visto y vivido en toda mi vida

    "Solo transmite una cosa...Miedo"

    ... si Zarathustra se asomara por la ventana del tiempo

    Andaba Jesús por Nazaret cuando se cruzó con Judas, su fiel amigo.

    "Humano besa y asesina, abraza y recrimina"

    La efímera colisión visual entre un niño descalzo en un distrito pobre de La Habana y yo, un turista feliz y completo durante unos segundos a lomos de mi coche.

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    La música de la vida.

    El sobrino de un siniestro enterrador se enfrenta a la muerte que le envuelve desde su más temprana infancia hasta que una simple mirada le hace ver la realidad.

    La inevitable consecuencia

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