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4 min
GRITOS SORDOS
Varios |
03.03.12
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Sinopsis

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En la víspera de mi escarnio, yo, ingenuamente, pensaba que todo acabaría allí, en aquel cuartucho a oscuras. Cuatro tipos me habían pateado, sin miramientos: en mis partes, en el costado, en los riñones. En un momento de éxtasis, cuando el ardor fluía a través de los golpes, uno de ellos dio la voz de alto. Los demás obedecieron. Más tarde descubrí que su intención era únicamente debilitarme hasta el mínimo de mis fuerzas. Y tanto que lo consiguieron: El agua amarga que me dieron a beber me descompuso por dentro, el aceite que me untaron en los ojos me dejó medio ciego, y los polvos que me espolvorearon en los pies me tuvieron toda la noche despierto, restregándome contra el suelo para aliviarme el picor.

Al día siguiente me trasladaron ante una multitud. La gente me gritaba, jaleaba a los tres individuos que salieron a mi encuentro. La falta de sueño me había trastornado la mente y en aquel momento no sabía si lo que veía era real o producto de mi imaginación. Sin embargo, pronto acerté a descubrirlo. Un individuo a caballo se acercó a mí. Un caballo flacucho, sólo huesos y vísceras, que no aguantaría demasiados arranques como aquel. En la lucha el tipo pensaría que mi orgullo aún estaba vivo y, tras varias embestidas, se alejó con el caballo. Quedé seriamente dañado con aquellas puyas. Me habían provocado una hemorragia y la sangre que escapaba arrastraba mis fuerzas como el aire de un globo que se desinfla.

Y me acordaba entonces de la lunática Pasifae, y de su loca y fatal pasión, cuando un hombre por detrás me gritó. Me volví, y observé que llevaba en la mano dos objetos de colores llamativos. Entonces arrancó y vino hacia mí, al acercarse intenté defenderme, pero fue en vano.

Luego, otro tipo comenzó a jugar conmigo: Me llamaba, se ocultaba, y de nuevo otra vez, así un rato, mientras algo en mi espalda me destrozaba por dentro. Si hubiera podido arrancármelo. Si permanecía quieto, me inquietaba. Tenía que ir a por él. Cada vez que me rozaba con aquel lienzo, gritaba de dolor. Pero mis gritos no eran percibidos por nadie.

El momento en que debía morir se acercaba. Mis fuerzas me habían abandonado, y sin embargo, el propio miedo a aquella gente me impedía caer al suelo. Se acercó de nuevo el mismo individuo, me tocó la cabeza y la gente le jaleó. Se volvió entonces y al momento regresó con el aire subido, con una presuntuosa valentía estrellada en su rostro. Se distanció varios metros de mí y me llamó. Yo no respondía. Él me insistía. En un arranque golpeé la lona, tras lo cual me caí. Entonces otros dos tipos llegaron a acosarme, hasta que me puse de nuevo en pie. Después de aquella escena lo vi. Llevaba algo oculto tras la lona. Era mi hora, me dije, tras lo cual hice una última arrancada hacia el tipo. En aquel pase fue cuando me destrozó por completo. Sentí todos mis órganos atravesados por el objeto que me acababa de clavar. Era mi final, estaba destrozado, y sin embargo, allí estaba yo pensando en mi dolor, en mi desgracia. ¿Por qué no me moría?, pensaba. ¿Por qué seguía consciente de todo? Gritaba a Pasifae y le preguntaba: ¿es esto la muerte? Y pedía a todos los dioses del universo que acabaran ya conmigo, que me llevaran de aquel infierno. Oía gritos por todos lados, un estrépito ensordecedor, cuando, de repente, se hizo el silencio. Tres hombres se me acercaron. Me miraban atentos, curiosos. Entonces uno de ellos se puso frente a mí, subió algo que no pude ver sobre mi cabeza y de un golpe seco acabó conmigo.

Luego me enteré por otros amigos que aquello que me hicieron era parte de lo que allí llaman la fiesta nacional. Pero yo no quise creer cosa tan absurda.

 

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  • Gran relato antitaurino.Donde tu espíritu se adentra en el cuerpo de un toro para hacernos comprender el dolor ,el sufrimiento y la angustia que el pobre animal debe de sentir.¿Y a esto lo llaman algunos arte?. Por otra parte la imprecación que el toro hace a Pasífae es muy apropiada y el recurso que utilizas humaniza al pobre animal
    Está muy bien. Cuando comienzas a leerlo, piensas que se trata de una persona. Hacia la mitad del texto, comienzas a sospechar, sin saber bien por qué, que se trata de un animal. He llegado a creer que hablaba un boxeador. El sufrimiento que el hombre infringe a los animales es propio de una especie sádica. Ni los mismos animales, se tratan así.
    Excelente relato. Como le comenté en cierta ocasión a D.Miguel Angel Malavia (gran amante del mundo de los toros), personalmente éste tipo de espectáculos no me gustan. Realmente, sufro bastante en cualquier tipo de situaciones que puedan considerarse de maltrato, bien sea de personas o animales. Quizás, debido a mi horóscopo en Tauro, me siento algo identificado con “la bestia”. Pero después de acudir en alguna ocasión, por razones de mi oficio, a un matadero industrial, he cambiado mi forma de pensar. No me voy a extender sobre la silenciosa sordidez de tales muertes. Solo indicar que ahora creo que la muerte del toro bravo es una muerte bella. Morir luchando, aunque sea contra un enemigo invisible, tras una vida en libertad en la dehesa, es un destino noble dentro del cautivo mundo animal que regentamos. ¿Morir como gladiador o como recluso de un campo de exterminio?. Para mí, sin duda, la opción primera. Desgraciadamente, si se extingue la tauromaquia, se acaba también con el toro en libertad. Se extinguirá en aras de ganaderías más productivas. Un poco como lo que ocurre con la caza, en donde hemos llegado a la situación que el cazador es el mayor valedor de la fauna silvestre (Aunque sea un cazador de pago).
    Me gustó un montón joene, creo que el toro debe experimentar algo parecido. Una "fiesta nacional" para ponerlas entre comillas,y grandes. Saludos. Un placer leer tu trabajo.
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    Hay algo que a la postre es lo único que trasciende a la vida de los hombres: su memoria.

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