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4 min
Grumetillos, dejen de lloriquear
Reales |
12.07.15
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Sinopsis

"[...] Tenemos la piel endurecida de habérnosla raspao con la tierra, y suficiente pelo en la dehesa como para seguir lloriqueando. Cada uno es dueño de su barquito. Tenemos el poder de chocarlo contra las rocas o de llevarlo a buen puerto. Y tengo otra noticia impopular para quien busque lo segundo: hay que echarle pelotas. Bueno, digo narices que ando algo cansadita de tanta masculinidad [...]".

“Ser solución, no problema”. Una afirmación muy big a pesar de no ser mía, y que resume muy bien mi filosofía. Que Kierkegaard fue el padre del existencialismo ya lo sabíamos. Que no conoceremos nunca si tú y yo vemos el mismo azul, gracias a Kant, también. Incluso, que existimos porque pensamos (aunque no lo tengo yo tan claro). Pero lo que no parece entrarnos es aquello de dejar de crear problemas, de poner excusas y tomar las riendas.

Es más cómodo echarle nuestra mierda a los demás. Que si el otro tiene la culpa, que si pobrecit@ de mí, que si el mundo es una mierda…que si tal que si Pascual. Señores, cuando nos sentamos en la mesa de juego nos reparten cartas, eso creo que ya lo saben. Las que son; no podemos elegirlas. Pero, luego comienza la partida y si queremos ganar dos reales y no quedarnos sin dientes (por el metal de los empastes, ¿cuánto nos dan?), nos toca, a cada uno, jugarlas como nos dé la absoluta gana. Marcarse un farol, apostar por dobles parejas o intentar una escalera de color depende de cada uno. ¿Por qué? "Son MIS cartas, es MI partida…" ¿Qué sujeto tienen ambas frases? Ahí, muy bien. Si es que las palabritas esclarecen conceptos que es una barbaridad. Benditas.

Tenemos la piel endurecida de habérnosla raspao con la tierra, y suficiente pelo en la dehesa como para seguir lloriqueando. Cada uno es dueño de su barquito. Tenemos el poder de chocarlo contra las rocas o de llevarlo a buen puerto. Y tengo otra noticia impopular para quien busque lo segundo: hay que echarle pelotas. Bueno, digo narices que ando algo cansadita de tanta masculinidad.

Decidir según el objetivo que cada uno busque. Decir más veces de las que nos gustaría “NO” y torcer el volantito. Seguir, con vientos a babor, olas de frío o de calor, hasta conseguir. Ningún otro marinero va a venir a girarnos el timón porque no nos dé la gana hacerlo o porque no sepamos girarlo. Sí, son todo buenas noticias, pero de aquí saldremos hechas personas de bien.

Después de una piedra, nos comemos otra, luego otra, y quizás otra más. Vale, ¿y? Es todo un viaje. No le echéis la culpa a los dioses, ni a las bicis públicas que no os lograron llevar esa noche. Buscad cualquier otro medio que os dirija a donde queráis llegar. Es vuestra responsabilidad. Si bebes, no conduzcas.

Generar recursos, soluciones, oportunidades para hacer de vuestra islita un buen lugar que habitar. Y luego poder abrirla al público que en ella quiera “vacacionar” (la moda de inventarnos palabritas yo también usar). Dejar los malos rollos, las malas vibras, la exigencia de que el resto de mortales han de servirnos porque somos bisnietos de Zeus o un rollo similar.

Hacer más por uno mismo y por todos los demás. Crear. Aportar. Ayudar. Generar. Compartir. Decidir; construir. Dejar de berrear y de criticar. Sacar lo bueno de las cosas, de nosotros mismos y de los demás. Hasta que venga un golpe de viento y nos mande el barco a lo profundo, sin solución de continuidad. Hasta que el mar se quede sin una sola gota ni un gramo de sal (ahí lo cambiaríamos por otro transporte; un quad, quizás).

Feliz y larga travesía, grumetillos.

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