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3 min
Gula
Terror |
23.03.15
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Sinopsis

Se cuenta que en la antigüedad hubo un tiempo en el que los siete pecados capitales caminaban entre los humanos en su forma física. Eran temidos por muchos, ya que sus acciones eran macabras y perturbadoras. Cuando la gente veía un pecado capital, todos corrían para meterse a sus casas, porque estos seres se deleitaban en hacer el mal. No tenían compasión alguna, no tenían misericordia, únicamente tenían deseos insaciables de hacer el mal. En este pequeño segmento, veremos uno a uno, los siete pecados capitales. Hemos recabado información de testigos que sobrevivieron a los ataques y manifestaciones de estos seres bidimensionales. ¿Estás listo para comenzar?

 

GULA

Un día caminando por las calles, a eso de las doce de la media noche, observé con detalle un cuerpo que se movía entre el monte. Mi curiosidad fue tal que me fui acercando poco a poco a donde se encontraba aquella figura para poder observar que era lo que hacía. 
La noche impedía que pudiera ver con claridad la forma de aquel ser; pero logré detallar algunas de sus características. Su cuerpo era muy gordo, su piel era muy grande, parecía que le habían estirado la piel porque le colgaba. Su peso aproximado era como de unos 400 kilos. No tenía cabello, sus brazos eran muy gruesos y sus manos muy grandes. 
Estaba arrodillado en el suelo y hacía ruidos muy extraños, parecía como si estuviese comiendo algo. 
Lentamente me fui acercando para que no escuchara mis pasos, y llegué a pocos metros de él. Mi sorpresa fue tal al ver que lo que estaba devorando era un cuerpo humano. Sus ojos le brillaban, emitían un color azul celeste y sus dientes no paraban de triturar huesos y carne. Sus manos apretaban con fuerza los intestinos que brotaban del estomago de aquel desafortunado humano. No me percaté y pisé una pequeña rama seca y esta hizo un ruido que alertó a esta criatura que sin vacilar me observó con sus ojos penetrantes. 
No tuve más que salir corriendo como alma que lleva el diablo, mi mirada estaba fija en la trayectoria que llevaba; pero mis oídos podían percibir que aquella criatura me perseguía con insaciable apetito. 
Mis piernas eran movilizadas por la adrenalina que sentía mi cuerpo, logré alcanzar una velocidad sobre humana por el miedo que enfundaba mi ser en aquel instante. No dudé, no pensé, no analicé, simplemente me dejé llevar por mi instinto de supervivencia y salté del borde un pequeño peñasco hacia la nada. 
Caí en una posa de agua que se había formado en el río, aquella criatura no se lanzó, al contrario comenzó a buscar la posibilidad de rodear el peñasco y llegar a donde yo estaba. 
Nadé y salí rápidamente de ese lugar, corrí tanto que no recuerdo cuanto corrí. Llegué a una pequeña aldea con mi ropa toda mojada, estaba asustado. 
El sacerdote de la iglesia local me acogió en el templo. Me preparó una rica sopa y me dio a tomar un rico café. Me preguntó porque huía, y yo con vos quebrada le relaté lo que hoy ustedes están leyendo. Se sorprendió; pero a la vez me vio con ojos de demencia, seguro pensó que yo era un lunático más, de esos que vagan por las calles del lugar. 
Ya no supe de aquella criatura; pero escuché de la boca del vocero del pueblo, que habían encontrado el cuerpo de un hombre que había sido mutilado y atacado por bestias salvajes. 
No fue ninguna bestia salvaje, yo sé lo que lo mato, y hasta este entonces el vivo recuerdo de aquella figura infernal no me deja dormir tranquilo.

 

 

P. Cardona 

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Soy una persona que disfruta redactar historias cotidianas y un poco extrañas. A veces están en mi mente y otras veces en el ambiente.

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