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13 min
Herido De Dudas De Amor
Amor |
17.05.15
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Sinopsis

Algo bueno. Creo.

Luego de una agotadora jornada laboral, me perfilo a un sendero ya conocido, ese que me llevara a destino, a mi hogar, aquel refugio en donde puedo colmar los pensamientos (no tanto), distrayéndome un poco, gracias a la convivencia del lecho.

—Nos vemos mañana— digo sin más ánimos.

—Sí, mañana— con una postura y tono similar a la mía.

Nos desviamos a nuestras respectivas vías, uno para el sur y yo para el norte.

La noche es áspera, me parece increíblemente fría, un tanto más que los otros días; se camufla en oscuridad, dejando prever todo su frio. Camino un tanto pausado, sobre todo ahora que estoy sin compañía, mi paso se enlentece cuando estoy sin alguien al lado, para así guardar un momento que se desvanecerá en olvido. El frio emerge enigmáticamente, calculo mi llegada a casa, con la serenidad de que al día siguiente no tendré que madrugar para asistir a un nuevo día en la rutina de la supervivencia.

Me voy alejando del punto de despedida con mi compañero, acercándome a un templo, o una guarida, parece una guarida, una estructura amplia y lujosa en donde se realizan costosas ceremonias. Paso con frecuencia por el lugar, debido que esta camino a mi paradero más próximo y de vez en cuando veo ese palacio contemporáneo, con luces que resaltan, una pileta artificial gigante, mucho verde y por ultimo una notoria cantidad guardias de seguridad de una indudable juventud. También sé, que no cualquiera puede acceder, por lo visto solo los practicantes de las enseñanzas del Torá, tienen un pasaje listo para entrar al recinto, con todas sus familias que también son promovidas por el mismo camino.

Cada vez que paso siento una gran curiosidad de su interior, me es llamativo, se ve hermoso por fuera, me cuestionó si por dentro será la gran maravilla, o será un perímetro decepcionante, pero dudo con reiteración que lo sea, algo tan hermoso por fuera no lo puedo ser tan terrible por dentro. Ni que fuera un humano.

Lo que me fastidia es que al pasar cerca de la guarida, los guardias juveniles te detienen, te hacen una pregunta estúpida y luego te dejan seguir. “Por donde, pasan los taxis” “que hora es” “a qué hora cierran la localia de enfrente” son algunas de las preguntas que hacen, llevando a nada. En algunos casos he notado que han sido más estrictos con algunos tipos, como por ejemplo los encapuchados, a la mayoría los detienen, los revisan de punta a punta y luego los dejan seguir, cuando vi tal escena me pregunte si era legal su accionar.

— ¿Oye, disculpa, que hora tienes?

Me detuvo en seco una muchacha rubia. Pude distinguir a la distancia su frecuencia en la vigilancia. Era un tanto más alta que yo, y un par de años más también.

Saque mi celular para ver la hora.

—Son las 9:15.

— ¿Y de casualidad sabes cómo se llama la calle del fondo? — haciendo una segunda pregunta.

La verdad es que no sabía, pero tenía que hacer yo la pregunta ahora.

—No, no tengo idea.

Asintió y gestualizando con su mano de manera inerte me mando a proseguir.

—Oye.

No respondió, y solo poso su miranda en mí.

— ¿Por qué siempre hacen ese tipo de preguntas? — dije anticipándome a cualquier decir.

Pero seguía sin decir nada, mágicamente empezó a sonar su radio, y se escuchó tan mal como cuando los taxistas la ocupan para dar su ubicación.

Se marchó sin decir nada, empleando un posible código verbal creado por ellos mismo mediante su aparato.

Había perdido una gran cantidad de minutos situado ahí, ya no tenía caso llegar a mi hogar a la hora correspondida, ahora mi curiosidad se oponía a la circunstancia.

Seguí de largo mirando con mi cabeza torcida hacia el recinto, esta noche había fiesta, los judíos no prorrogaban su entrada, hacían rápida e imprudente su entrada, algunos con autos ostentosos y otros solo recurriendo al paso. Me detuve casi al punto final del terreno, alejándome de la mayoría de los guardias que estaban concentrados en la entrada. Y vi un pasadizo medio abierto, no estaba moldeado, por ahí cabía una humanidad entera, calcule detenido si entraría por ahí, a pesar de ser ancho me decidí a entrar por ahí mismo.

Siempre había querido ver el recóndito, que son estas fiestas que desatan por las noches, esas ocasiones especiales, su fulgor me ha sido llamativo desde la primera vez que lo vi.

Al entrar me topé con unos niños jugando con el barro, eran niños y niñas jugando con barro, vestían sus ternos embarrados y las niñas sus vestidos el doble de embarrado (debido a su color claro, era más notoria la inmundicia). Nos quedamos mirando, por un momento pensé que gritarían, pero no fue así, me hicieron un gesto de silencio con el índice y los imite, luego salieron corriendo. Quede dubitativo si irme de ahí, ya no tenía mucho caso, ya estaba adentro y pude ver con mis propios ojos su interior. Era un lugar hermoso, la pileta era muy ancha, lo único que se notaba estando por fuera era el chorro gigante que sobresalía, estando ahí se podía ver lo prolijo que era y los detalles menores. También había una senda que estaba a unos 40 metros de distancia que te guiaba a ese templo vidrioso, al avanzar en la tierra se podrían ensuciar mucho los zapatos lustrados o puede hacerse dificultoso al circular, sobre todo a las mujeres que eventualmente usan tacones; de todas formas mi camino no fue por ahí, me escondí detrás las arboladas, hasta que todo entrasen y así tratar de entrar de ultimo.

Los guardias solo estaban en cantidad en la entrada y por el pasaje, aquí adentro no había mucho, solo un par. Tenía la certeza de que estando detrás la vidriera de ese templo, no habría tanto protección como lo es en el exterior. Los judíos avanzaban y entraban en masas, habían muchos niños, casi tanto como adultos, también se movían en masas, por suerte no me tope nuevamente con los niños embarrados de lodos, y esperaba no encontrarlos adentro. Sería difícil filtrarse con esta vestimenta, un pantalón manchado, una polera y un polerón negro que me cubría, parecía más un encapuchado de esos que acorralan que un invitado de gala. 

La fiesta había iniciado, era hora de filtrarse entre tanto glamur y tratar de pasar desapercibido y sacarse esa curiosidad de encima. Hace un rato atrás me encontraba agotado y abrumado por una rutina que ahora se difundió, transformándola en esta adrenalina, como si se estuviera en una montaña rusa.

Entre por la parte de atrás, que era una puerta bastante sencilla, que se habría por ambos lados, lo primero que me llamo la atención fue su interior: era hermoso, ya no había dudas, era majestuoso y bastante amplio, aunque por el exceso de judíos no lo parecía. Pero lo primero que me llamo la atención fue el antifaz que sostenían en sus rostros, el resto lo tenía totalmente plasmado a la altura de los ojos, de niños a adultos. No tenía uno, y eso me podría transformar en un objetivo fácil de mirar, nunca pasaría desapercibido.

Decidí quedarme un rato y luego irme. No tenía nada que hacer, me escondo detrás de una mesa y un pedestal. En la mesa hay mucha comida, cocteles y el típico ponche que se ven en las películas gringas. También la música era buena, habían tocado unas canciones en inglés y en español, la mayoría no la conocía, pero era grato al oído. Me pregunto qué clase de fiesta estarán celebrando, me considero un perfecto ignorante en el tema, creo tan solo conocer de una forma vaga la fiesta del bar mitzvah, desconozco algún tipo de rito que no sea aquel.

— ¿Alo? —Contesto.

—Cuanto falta para que llegues— me pregunta.

—Llego dentro de un rato más, es que nos quedamos haciendo un inventario, pero ya voy.

— ¿Qué es todo ese ruido?

—Son mis compañeros, que tienen la música muy alta.

Se hace un silencio detrás de la línea, aunque no tanto desde mi punto de vista.

—Ya, no te demores tanto.

—Sí, ya voy.

—Chao.

—Chao, nos vemos.

Me llaman de mi casa, veo la hora y no percato que van hacer ya las diez de la noche, no pensé que estando aquí adentro el tiempo volara, estos ambiente siempre hacen que el tiempo vuele.

Empieza a sonar una canción, una canción que me trae recuerdos de un pasado no muy lejano, la canción la podría reconocer en cualquier lado y si estuviera tocada en reversa también la reconocería, es inconfundible. Es la canción de Silvio Rodríguez interpretada por Los Bunkers:

Estoy buscando una escafandra,
al pie del mar de los delirios.
¿Quién fuera Jacques Cosusteaun?
¿Quién fuera Nemo el capitán?
¿Quién fuera el batiscafo de tu abismo?
¿Quién fuera explorador?”

Hay un juego de luces, uno en donde es difícil ver, ahora parece una fiesta universitaria, la gente es irreconocible, aprovecho el momento para colarme en la multitud y llegar hasta la puerta principal.

Hay mucho ruido en el espacio. Y escucho mi nombre de pila. Encuentro irracional que se estén dirigiendo a mí, miro para todos lados para saciar la duda, no distingo a nadie que se esté dirigiendo a mí, todos con antifaz, la poca luminosidad, no logro distinguir cómo alguien podría fijarse en mí y que me conociese.

“Corazón, corazón oscuro
corazón, corazón con muros
corazón que se esconde,
corazón que está donde,
corazón
corazón en fuga herido de dudas de amor”

 Mientras mis oídos absorben ese verso, quedo paralizado con un sudor extraño que emerge por todas partes, la adrenalina anterior se vio superada por esta actual, al ver mi emisor súbito. Sin dudas era ella. No era necesario que se quitase el antifaz, tan solo ver esos ojos “esos ojos” que nunca pude anhelar, esa mirada íntima que esta al descubierto pero no se manifiesta o al menos conmigo nunca intento.

Verla ahí me hizo actuar con prontitud. Abrí el portón gigante que estaba sellada con una cerradura. Salté al aire frio, el mismo que se presentía antes, hasta podría decir que disminuyo un poco su tensión, el frio aun deambulaba siendo un golpe congelante al salir. Había guardias que escoltaban la puerta, me quedaron mirando igual que esos niños, pero ellos no hicieron el mismo gesto, no hicieron nada, solo miradas. Luego avance a un paso exageradamente agilizado.

Atrás se escuchaba otra canción de Los Bunkers, ahora la canción que sonaba era “No me hables de sufrir”

“Me dices que es muy tarde
me dices que es mejor
parece que no sabes
lo que nos guarda el dolor
mejor que no me hables
no me hables de sufrir
el tiempo es implacable
si se trata de ti”

Ya ahí, estando a fuera no era muy captable la melodía. Me fui al rincón por donde había entrado, pero antes divise que ella había salidó al frio, ahí estaba, al igual como la música que no se escuchaba bien, la distancia hacía por su parte lo mismo para mostrar una imagen borrosa, lo que pude notar fue su vestimenta y su rostro borroso sin la máscara. Parecía buscarme.

 Estando completamente afuera, vi que los guardias seguían en posturas similares a las que estaban en un principio, notando a la joven extraña de las preguntas iterativas. 

Camine mi ruta, era muy tarde, perdí alrededor de una hora en todo este enredo y camine aún más lento, me puse la capucha y ahí iba, completamente extrañado, con una sensación inexplicable, una fisura torpe que parecía abrirse.

Ella no fue nada, parecía olvidada. No entiendo este dolor necio. Curiosamente cuando sonó la primera canción de Los Bunkers, vino un vago recuerdo de ella, después ocurrio lo fortuito.

Nunca tuve el tiempo de conocerla, no sabía ni que era judía, nunca supe nada de ella, solo sabía que escuchaba esa canción y yo le comentaba que me gustaba la otra canción. Que sonaran esas dos canciones parecía una coincidencia. “O no tanto”

Si tan solo me hubiera dado la oportunidad…

Antes de doblar la esquina para doblar e ir a mi paradero, por una extraña razón gire mi cabeza para mirar hacia atrás, completamente, como esperando algo, esperando que sucediera lo que no iba suceder, especulando como de costumbre, jugando a ser apostador y apostar toda mi imaginación a mi gusto. Pero no pasó nada.

Me quede parado en la vuelta de la esquina con los ojos cerrado, mientras las pocas personas y los pocos automóviles pasaban.

Nunca pensé volver a verla, desde cuando enlazo las palabras “Espero poder querer tanto, como tú lo haces” Pensé que nunca más volvería a verla. No debo ser el mejor tipo que haya nacido en este mundo, pero puedo ser el mejor si me lo permitieran, nunca he recibido una oportunidad, ella no fue la excepción y me quede plantado esperando en un lugar vacío en donde transitan millones de personas, esperando la hora de un momento de felicidad. Si tan solo hubiera sabido lo que tanto la afligía, lo que ocultaba; para ver si yo podría resolver algún flagelo íntimo. Pero nunca lo descubriré.

Abrí los ojos y me gire por última vez, esperando algo. Pero nuevamente nada. Mi próxima parada era el paradero y ahí fui a esperar esa locomoción que me llevaría a mi hogar.

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