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5 min
Himno al otoño
Reflexiones |
04.08.15
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Sinopsis

La historia se refiere a una situación específica, aun así, cuando se lo he mostrado a amigos, todos la interpretan de manera diferente. Creo que eso ocurre por que al momento de escribirla me centré más en mi subconsciente crudo, sin tratar de detallar de manera objetiva, como un tipo de fluir de la conciencia. Por lo mismo, cada uno interpreta las palabras con su propio subconsciente.

Otoño, ciclo en el paso ordenado de la materia a través del espacio, el cual denominamos tiempo. Árboles que parecen dormir hasta la eternidad, entregando sus cuerpos desnudos a los golpes del afilado frío. Las hojas, muertas, cubren el camino como una alfombra, evitando el contacto directo de tus pies con el suelo. Suelas que descansan sobre el camino inerte, pasos que se elevan lentamente, entregados a la percepción subjetiva del entorno que se forma con los ojos cerrados. Crujen las hojas a tus pies,  liberando al aire su último canto de vida, que vuela por el espacio en la conformación del recuerdo. Sensaciones mezcladas de la primavera y verano, que, aún siendo de un lapso tan insignificante, contienen tanta forma, música, sabor, tacto, color, ¡Vida! Una sinfonía marcada al ritmo de tus pasos solitarios, la nostalgia que pronto embriaga con su líquido aromático y el alma que se despega paulatinamente del cuerpo para viajar entre los distintos planos de la cronología de la experiencia.

 

 Los oráculos nos prometieron un otoño de lluvias, pero la tierra se ha mantenido agrietada, privada de la humedad. Todo eso hasta ahora. Caen las pequeñas gotas saladas alrededor de tus zapatos lustrados. Sal que salarás el mundo, carne que al polvo te entregarás para ajustar las cuentas con el seno de tierra que te penetró con la vida. Una verdadera exposición de colores se aprecian arriba y todo alrededor del cajón. Flores de mil variedades que llegan a recordar la primavera, ese exquisito ciclo pasado e inexistente. Sus vapores forman nubes olorosas que endulzan las lágrimas. Y ahí, escondido entre la liberación aromática, un vapor singular, esencia, sube en un fino hilo, que escapa por entre los poros y se cuela entre los reducidos espacios de la caja hermética. Sube en un camino dispuesto por coros y oraciones, a buscar las alturas y mezclarse homogéneamente con las nubes.

 

Grita fuerte el recuerdo en tu cabeza, tu voz, el canto de las hojas pisoteadas ¡Tu sentencia! Mira a tu lado y establece el contacto visual. Ahí una persona con la que compartes mediciones comunes en la receta de sangre, aquella que conforma al hombre. Ahí una mujer nueva, alguien que ha perdido tanto y cuyos ojos reposan fatigados consecuencias de un prolongado llanto. Pero las lágrimas siguen arrastrándose por ese rostro descolorido por el dolor, motivados por los pequeños gritos que logran escapar de sus labios, expresión más pura del alma. ¿Recuerdas lo que dijiste? Claro que lo recuerdas, su peso aún marca tu culpa. -Es una niña mimada de la vida que no logra apreciar nada de ella. Necesita que la vida le dé un cachetazo, ahí comprenderá, ahí, tal vez, madurará un poco…-Palabras que salieron tan livianas de una figura soberbia ¿Dirías lo mismo ahora que tienes a esa niña mimada de la vida, compañera de sangre, al frente tuyo, ahogada por los constantes gemidos que libera su persona solitaria? La fuerza del universo escuchó tus palabras y ha respondido. Ahí lo tienes. Ahora ve y abrázala.

 

Es un vientre el que entrega la vida, de quien el hijo viene a bautizar la primavera con gritos y llantos, y que es despedido en el otoño de la misma manera. Lo peor aún no llega, son en estos momentos en los que la gente más escucha las hojas, más recuerda. Pero cuando la lluvia y la nieve los restrinja a los límites de sus hogares, cerrando toda puerta y ventana para evitar el frío, mientras se encierran y acurrucan en si mismos, olvidarán que una hija solitaria sufre de la falta del calor que la ha abandonado. Y antes que se den cuenta habrá madurado, consecuencia del gran golpe que le dio la vida.

 

Los ciclos seguirán su paso monótono por nuestra existencia, su repetido actuar fertiliza y cosecha el desarrollo orgánico de la materia viva. Hojas caerán y sus cantos resonarán entre los oídos de nuestras futuras generaciones. Con las lluvias se ablandarán y conformarán una misma voz de experiencia que abonará la tierra, seno de la vida. Palabras subirán por los troncos desnudos y descansarán en la punta de las ramas, esperando el paso de los días hasta que el sol rompa las nubes con sus rayos, y estimule el brote de hojas nuevas. La palabra y la acción permanecerán firmes e inmóviles en el camino de tu tiempo. Deja de mirar hacia atrás, olvida el crujir y vuelve a tomar consciencia de tu cuerpo, que hasta ahora ha avanzado automáticamente. Aunque se desee moldear el pasado, solo se puede tocar el presente. De nada sirve viajarlo indiferente. Otoño, paso ordenado de la materia a través del espacio del cual aprendemos y maduramos. Vientos fríos que soplan afilados y hojas que descienden bailando a morir. Lágrimas que caen a salar el suelo y vapores que con  las nubes se buscan reunir. Belleza que vive en el sentimentalismo de tus pensamientos. Belleza que se expresa única y ahora en tu año de vida. Otoño de recuerdo. Otoño de muerte…otoño.

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    Una historia de tintes reales disfrazado con ficción. La escribí hace 2 años, cuando mi forma de ver las cosas era más idealizada y sensible. Una historia que transcurre entre planos de reflexión e imaginación.

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Estudiante de medicina y bombero voluntario. Mi experiencia literaria ha sido más bien tímida. También, ha pesar del gusto que me provoca escribir, me encadena el tiempo, eterno pero subjetivamente limitado. Más que algo popular o famoso, desearía escribir algo único.

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