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4 min
HIPERREALIDAD
Reflexiones |
30.07.15
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Sinopsis

Querido diario, Soy rica. Pero no rica de chorradas. No rica de amigos, ni de amor, ni de conocimiento y cosas de esas. Rica de verdad. De dinero hasta las cejas. Casas, coches, joyas, ropa, viajes. Lujo desde el Cola Cao en taza de porcelana china de las diez de la mañana hasta las sábanas de lino que me arropan por la noche. He pensado que querrías saberlo desde el principio, para que no haya tapujos entre nosotros. Es curioso como alguien nace rico o pobre. O incluso nace con posibilidades de ser rico, o con todas las papeletas para estar al pie de la pirámide. La pirámide. Eso es lo único que importa, el jodido escalón que ocupas en la pirámide. Hay pirámides para todo y cuanto antes aprendamos esa valiosa lección, antes podremos convivir tranquilamente. La felicidad depende de eso, pero la gente corriente se esfuerza por fastidiarlo todo con ínfulas de escalada, viviendo en la hiperrealidad. El otro día me explicaron ese concepto: hiperrealidad. Un coñazo que nos fastidia sin darnos cuenta. Wikipedia dice: una interpretación de la realidad, creada por nosotros, que se considera como mejor y que llega a sustituir a la realidad en la que se basó. Pues eso digo yo, todos empeñados en vivir en una realidad que no es la nuestra y nunca lo será.

Querido diario,

Soy rica. Pero no rica de chorradas. No rica de amigos, ni de amor, ni de conocimiento y cosas de esas. Rica de verdad. De dinero hasta las cejas. Casas, coches, joyas, ropa, viajes. Lujo desde el Cola Cao en taza de porcelana china de las diez de la mañana hasta las sábanas de lino que me arropan por la noche. He pensado que querrías saberlo desde el principio, para que no haya tapujos entre nosotros.

Es curioso como alguien nace rico o pobre. O incluso nace con posibilidades de ser rico, o con todas las papeletas para estar al pie de la pirámide. La pirámide. Eso es lo único que importa, el jodido escalón que ocupas en la pirámide.

Hay pirámides para todo y cuanto antes aprendamos esa valiosa lección, antes podremos convivir tranquilamente. La felicidad depende de eso, pero la gente corriente se esfuerza por fastidiarlo todo con ínfulas de escalada, viviendo en la hiperrealidad.

El otro día me explicaron ese concepto: hiperrealidad. Un coñazo que nos fastidia sin darnos cuenta. Wikipedia dice: una interpretación de la realidad, creada por nosotros, que se considera como mejor y que llega a sustituir a la realidad en la que se basó. Pues eso digo yo, todos empeñados en vivir en una realidad que no es la nuestra y nunca lo será.

Esta mañana por ejemplo, iba en el Porche Cayenne de Paco. Por cierto, Paco es el imbécil de mi padre. He creído necesario hacerte esta aclaración, por motivos evidentes. En fin, para ir rápido: un ser despreciable agarrado con uñas y dientes a la punta superior de la pirámide, pateando el cielo de la boca de los del escalón inferior para evitar que se le agarren a la pierna y consigan subir a su edén. A nuestro edén, en realidad. Pero en la realidad real, no en la hiperreal. Bueno, a lo que iba.

Estoy en el  Cayenne  bajando la Avenida Tibidabo, y justo al entrar en la plaza JFK viene un taxista en su cochecito de juguete y se me cruza a lo kamikaze soltándome un montón de gilipolleces. Por lo visto iba demasiado despacio para su criterio personal. Total, que bajo la luna y lo miro. No le digo nada. Sólo lo miro. Y el tipo de golpe sale de su hiperrealidad y toma conciencia de lo que está pasando. Y lo que está pasando es que voy en un coche de 170.000 euros y él en un Seat Toledo. Y además, también pasa que si se me cruza un cable le cojo la matrícula y le digo a Paco que un taxista loco se me ha echado encima con el coche hoy, y que llame a su amigo Cuatrecasas y que a ver qué podemos hacer para sacarle hasta los dientes. Eso lo sabía yo. Y ahora también lo sabía el taxista. La diferencia es que yo conocía esa realidad desde el principio y él ha tenido que salir de su hiperrealidad para darse cuenta. Verdad en vena.

A ese hombre le he amargado el día. Le he sacado de su ilusión y hoy sabe que es un muerto de hambre. Mañana volverá a su mentira, pero hoy se ha topado conmigo y se va a casa con la conciencia de que está en el último escalón.

Que porqué te cuento esto? Porque me da la gana, que para eso es mi diario. Y porque me da angustia. Porque desde hace unos meses esa sensación me da una angustia tremenda. Son solo unos segundos, no es todo el tiempo ni mucho menos. Pero durante unos segundos larguísimos, se me hacen nudos por todo el cuerpo. Por la garganta, por la cabeza, por el estómago. Todo un nudo.

Hace un rato Marea me cantaba: los mismos clavos, la misma cruz, los mismos clavos, el mismo ataúd.

Pues eso.

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  • Gracias Fenix! Y más viniendo de un veterano y con el nivel que hay por aquí! Voy a seguir investigando... :)
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