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6 min
Hiperventilación del Yo
Reales |
27.08.15
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Sinopsis

Yo.

No sabía quién era, y eso le daba un motivo para ser. Sabía que los consejos se sacan de otras personas, que bien comparten experiencias y opiniones. Uno en parte está hecho de eso y un poco más, añadidas las formas y lógicas del mundo y las virutas que uno va creando y soltando de todo ellos.

Aun sabiéndolo, no sabía quién era.

La puerta de su casa se escuchó abriéndose. Un portazo anunció la llegada. Su padre debía venir de nuevo ebrio de algo que no era alcohol, y, al entrar donde él, su discurso se inició idéntico a las otras veces:

Yo, yo, yo, yo ─pausó─. Yo yo yo yo yo ─concluyó.

Él comenzó a sentirse incómodo. El discurso no era diferente, pero su respiración se alteró. Comenzó a hiperventilar, e intentó disimular. Eso llamó la atención de su padre:

─¿Yo yo yo yo? Yo.

Prefirió ignorarlo y levantarse con la intención de salir de casa para tomar el aire. Una ristra de yos lo persiguió hasta la salida.

Caminando y esquivando personas, perros y árboles, siguió enarbolando la pregunta. Hasta ese momento nunca la había sentido tan vital y necesaria. De saber la respuesta, ¿qué cambiaría? Lo analizó mejor y dedujo que todo, que sería un alivio para su enfermedad hueca.
Pasó junto a dos señoras hablando, y no pudo evitar escuchar: “Es que verás, me pasa que yo yo yo yo yo yo, ¿comprendes?” , “Vaya si te comprendo, eso como a mí, que yo yo yo yo yo” , “¿Tú crees? Me recuerda a yo yo yo yo…” , “Claro que sí. Como aquel caso de una conocida mía que yo yo yo yo yo yo yo yo...”.

Aceleró el paso.

Comenzaba a sentirse molesto por el simple hecho de mirar a cada cara que se cruzaba por la calle. En sus rostros veía ojos que buscan siempre por alguna similitud. No lo buscaban a él ─era lógico, ni él sabía quién era─, sino a sí mismos en cada cosa viviente que caminara. Buscaban por sus trozos perdidos, cuando bien se apreciaba que seguían enteros.
Se percató que en una plaza había reunida una multitud de personas. Se acercó y descubrió que en el centro de la muchedumbre alguien hablaba. No pudo evitar escuchar porque lo interpretó como alguna especie de orador, lo que quizás su sabiduría pudiese ayudarle a encontrarse, a matar esa imperiosa necesidad que le había surgido en ese día:

─Amigos, lo he visto, y él es como nosotros. En mis viajes he descubierto verdades que yo, yo, yo puedo compartir. Mi vida ha cambiado gracias a que abrí mi mente y la llené de yo yo yo yo yo , y de hacerlo vosotros encontrareis esta paz tan llena de yo yo yo yo yo yo…

No podía ser cierto. Comenzó a rascarse la mejilla hasta hacerse daño. Aun con esas escuchó un poco más. Espiró con fuerza y eso hizo girar a un par de personas que tenía delante:

─Eh, que no me dejas oír yo.

─Está tan lleno de yo que me siento identificado ─comentó el de al lado para calmar al quejica─. Por fin hay alguien que puede comprendernos.

Él quiso alegar que el supuesto salvador usaba trucos psicológicos baratos, tenía que ser así, porque bien escuchaba que no hablaba de ellos, sino de algo que los confundía, pudiera ser que… una única palabra…

Se alejó de allí.

Aceleró la carrera y bajó la cabeza como intento de huir de aquella pesadilla y su mirada. Por su cabeza comenzó a retumbar un eco de dos letras unidas. Una palabra tan corta aunque significativa… cuánto poder, definición, sentido; todo en tan sólo una palabra…

Dilo…

─¡No!

─Eh, eh, ¿qué rayos te pasa?

Alzó la vista y vio a uno de sus amigos más cercanos. Se alegro tanto de verlo que a tiempo contuvo un abrazo. Le quiso rogar y besar, pero se limitó a pedirle que se sentaran en un banco y charlaran, que por casa las cosas no iban bien:

─Comprendo. Me pasa igual en la mía. Mis padres piensan que yo ─no se percató de la reacción─ no hago nada porque no quiero. Mira que intento demostrarles y no quieren razonar. Yo, que tanto me esfuerzo. Yo que tanto he buscado…

Yo.

Fue entonces que él puso recta su espalda y sonrió con malicia. Su amigo se asustó y retrocedió el cuerpo:

─Tío, ¿qué te pasa?

─¿No los oyes? ¡¿No te oyes?! El mundo tiene la respuesta, sólo hay que prestar un poco de atención ─colocó la mano como si escuchara un grito lejano─. La operación matemática está clara…

─¿Pero qué te pasa? ─exclamó─. Si quieres yo te yo puedo yo ayudar yo en yo lo yo que yo te yo esté yo pasando yo.

Su cara comenzó a retorcerse. Su amigo terminó de asustarse y se levantó para dar unos pasos hacia atrás. Sin embargó él saltó del banco y lo agarró gritando:

“Ellos, ellos, ellos como nosotros, nosotros, nosotros donde estás tú, tú, tú donde también estoy, donde me conoces, nos imitamos, ellos imitan, vosotros, vosotros, vosotros sois todos iguales pero yo yo yo yo yo yo yo yo yo…

Sin dejar de repetir la palabra cada vez más rápido, comenzó a ser poseído por un baile. Su amigo consiguió que soltara, y le quedó observar cómo se acercaba a la pared y comenzaba a golpearse la cabeza contra ella. Se acercó para intentar detenerlo, pero fue empujado y tirado al suelo. Insistió, pero él había adquirido una fuerza de loco que no lo agotaba.

El que fue él siguió con la retahíla, acelerando también sus movimientos. Pronto su cabeza se detuvo contra la pared, deslizándose con el cuerpo apoyado para quedar en el suelo con los sesos desparramados.

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