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2 min
Hombre con ojos de niño
Reflexiones |
04.06.15
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Sinopsis

Quizás sean vagas reflexiones las que me vuelan sobre la cabeza, y apenas si pudiera explicar que no puedo bajar a tierra cuando estoy entre las fantasías de incontables mundos cambiantes. Así mismo, me doy cuenta de que tengo que bajar. Me encanta ser un niño, pero me esfuerzo por ser un hombre. Este relato es en parte personal, es sincero. No tengo miedo a equivocarme, ya no. Con pocos recursos, como son las letras, las comas, los puntos, y otros condimentos, lo que escribo toma forma. Aunque no me sorprendería que en vez de haber usado la sal, haya puesto azúcar.

« ¿Por qué el hombre tiene esa idea de edificar en grande? [...] » Me imagino aquellas cazonas de varios metros de alto que sobresalen de entre los arboles, que quedan enanos frente a ellas. Es lo que me manifiesta estar bajo un simple edificio en el centro de la ciudad. Pero me lleva a imaginar (y gracias a la imaginación, puedo ser más grande que cualquier edificio) lo insignificante (lo pequeño) que soy bajo aquel lugar.

Como un niño, cuando mira desde abajo, con una perspectiva intuitiva, aquello lejano que se pierde en las alturas.

Es frustrante, algunas veces debo chocar la mirada con la rugosa pared, pero si no corro mi vista, la pared va a seguir allí.

«Ganaste nuevamente [...] » Le decía en mi cabeza al muro, con mucho desprecio.

Hay veces que recuerdo (quizás fue a los cinco o seis años) cuando estaba en la heladería, cuando mi vista llegaba hasta el mostrador y no podía ver más allá. Una imponente mano (que aparecía desde quien sabe dónde) que me daba en una pequeña tasa envuelta en servilletas sintéticas, aquel helado de frutilla que se levantaba como una montaña de crema rosa.

Gracias a mis padres, que alguna vez me parecían increíblemente altos y que ahora me parecen altamente increíbles.  « Gracias » Una pequeña sonrisa se acoplaba al leve sentimiento de nostalgia que me daba al recordar.

Así es, la impotencia de siempre tener que levantar la cabeza para mirar el cielo, que a campo abierto es tan inmenso y me hace sentir tan diminuto. Pero de nuevo puedo sentirme un niño. Porque un niño aunque desconoce, sueña con ser más y llega a más de lo que es, cuando de grande reconoce sus metas cumplidas. « Aunque » No sabía si estaba en lo correcto.

Quizás cuando crezca (y solo quizás, porque me inunda la incerteza) pueda ser tan grande, tanto que para arriba no haya nada (ni qué, ni quién) y así, quien sabe si querré seguir siendo más grande que mis sueños.

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  • En casa, en Internet, en esa página, me encontré con una frase y me dio mucho para pensar. Con un poco de divague les dejo mi sana reflexión.

    Quizás sean vagas reflexiones las que me vuelan sobre la cabeza, y apenas si pudiera explicar que no puedo bajar a tierra cuando estoy entre las fantasías de incontables mundos cambiantes. Así mismo, me doy cuenta de que tengo que bajar. Me encanta ser un niño, pero me esfuerzo por ser un hombre. Este relato es en parte personal, es sincero. No tengo miedo a equivocarme, ya no. Con pocos recursos, como son las letras, las comas, los puntos, y otros condimentos, lo que escribo toma forma. Aunque no me sorprendería que en vez de haber usado la sal, haya puesto azúcar.

Podría decir que soy un escritor aficionado, disfruto sentarme a imaginar lo que voy a escribir. Tengo algunos pequeños relatos, y espero que sean leídos.

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