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15 min
"Hope" y el mar del inconsciente (15ta. parte)
Drama |
08.04.15
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Sinopsis

Penúltima parte de mi relato... Sé que para varios lectores resultó algo tedioso, pero era mi primer relato largo, de más de cinco minutos como los anteriores... No desesperen, casi termina...

Más tarde,  Albert arriba a su mansión, advirtiendo que un auto rojo se encuentra estacionado a la entrada. Una sensación de júbilo recorre su cuerpo, pues reconoce el vehículo el cual pertenece al doctor Mills, su jefe. Rápidamente extrae de entre sus ropas su celular, descubriendo que éste está apagado. Al encenderlo se da cuenta que tiene tres llamadas perdidas: dos del señor Alfonso y una de su jefe.

- Hola, buenas noches, Albert- dijo Duretti al verlo llegar,- te llamé un par de veces. Tienes una visita muy importante.

- Lo siento, amigo- contestó Albert tocando a Alfonso en el hombro,- se agotó la batería de mi cel. Pero ya sé quién es. Es mi jefe, por cierto, ¿Dónde está?

- Te espera desde hace rato en la sala.

-Gracias, amigo. Voy enseguida a verlo.

  Con paso apresurado llega hasta la sala principal, donde su jefe lo espera desde hace una hora.

- Buenas noches, jefe- dijo Shellen notoriamente nervioso e intentó ocultarlo,- ¿Cómo ha estado?

- Hola, buenas noches Albert- contestó el jefe cortesmente,- ¿Saliste a pasear un rato?

- Sí, señor. Salí a visitar a un conocido...¿Y que lo trae por acá?

- Su pongo que ya adivinaste a que vengo, ¿no?- El doctor Mills alargó la mano para tomar el vaso sobre la mesita de centro y bebió de él. Albert impaciente, se sienta en el sillón de al lado, tamborileando nerviosamente el descansabrazos esperando la respuesta.- Primero- continuó Mills- traigo conmigo los resultados de los últimos exámenes que te pedí que te hicieras... Contéstame una cosa, con la verdad : ¿Estás tomando algún tratamiento contra la Leucemia en algún otro lado?

- No- contestó Albert con curiosidad.- ¿Por qué la pregunta, jefe?

- ¿Estás seguro?

- Totalmente, señor. Ya le dije que no le temo a la muerte... Es más la espero con ansia. Por eso me estraña su pregunta.

- Disculpa si te incomodaron mis preguntas, Albert, pero... Con... ¡Albert yo ví los estudios que te hicieron el año pasado! ¡Tus niveles de Leucocitos eran muy altos y sin tratamiento tus espectativas de vida eran muy bajas y...! Y para estas fechas tú ya deberías estar...

-¿Muerto? -dijo Albert interrumpiéndolo.

- Sí, muerto-dijo el doctor Mills levantándose del sillón para entregarle los resultados de los exámenes.- Sin embargo los resultados de éstos estudios me dicen lo contrario. Tus niveles de células sanguíneas están casi normales, ¿Por qué?

-No lo sé, jefe-dijo Albert revisando los resultados.- Tal vez... Tal vez ocurrió un... Milagro.

-¡Bah! - exclamó Mills levantando las manos sobre su cabeza.- ¡No digas tonterías, Albert, los milagros no existen! ¡Tiene que haber una explicación científica para todo esto!

"Y sí la hay," pensó Shellen "Pero no me creería que un gato me curó... Ni yo mismo lo creía. Sera mejor que no le cuente nada por el momento, talvez..."

- Ya hablé con el otro cardiólogo- dijo Mills en un tono más calmado,- él está dispuesto a cederte el consultorio por un tiempo, mientras puedas... Ejercer.

-¿ Y... Cuándo podría empezar?

- Mañana mismo si lo deseas. Pero el otro cardiólogo puso una condición. Cuando llegue el momento de  realizar una intervención tú no la harás. Sólo lo asistirás mientras él la realiza. Ésa fue su condición principal.

-Está bien, jefe. Acepto. Estuve mucho tiempo fuera de los quirófanos y estoy fuera de práctica, lo sé.

- Bueno, siendo así, me retiro. Necesito atender otro asuntos. Hasta mañana.

-Hasta mañana, jefe. Y gracias por dejarme volver al hospital.

  El mayordomo acompaña a Mills hasta su auto. Albert se queda solo en la sala mientras bebe el ultimo sorbo de agua. Se incorpora lentamente caminando sin rumbo por la estancia.

- Tú tampoco crees en los milagros, ¿ no, Albert? -preguntó el mayordomo al regresar a la sala.-eso es lo que me decías hace tiempo.

- No sé en que creer- dijo Albert,- sé que hay vida después de la muerte... He estado en el límite del otro mundo y... Sí, sí creo en los milagros, ahora.

- Eso es bueno...

- Ok. Ya es hora de que me vaya a dormir. Ya quiero regresar al trabajo.

-¿Albert?

-¿Sí?

-¿Es cierto que ya estás curado?

- Tal vez, Alfonso.... Tal vez. Buenas noches.

- Buenas noches, Albert.

  A la mañana siguiente Shellen despierta con el sonido del radiodespertador. De un salto desciende debla cama y se dirige apresuradamente al baño a ducharse. Siente el irresistible deseo de beber una copa de coñac, cosa que le molesta notoriamente, ya que desde que regresó no ha bebido ni una sola gota. Toma la botella del buró, la destapa e ihnala el caracteristico aroma con los ojos cerrados. Pero con una sonrisa vierte el contenido en el lavabo, dejando que el agua se lleve todo rastro de él. Ya bañado baja al desayunador, donde los alimentos ya están servidos.

- Buenos días, doctor- dijo Kendrah- su desayuno ya está servido...

-Buenos dias- dijo él presuroso,- disculpa pero no puedo quedarme a comer se me hace tarde, sólo tomaré jugo y... Éste pan tostado. ¡Adios!

-¡Pero, doctor...!

  Rumbo al hospital, Albert maneja concentrado en el camino sin percatarse que es vigilado  desde otro vehículo que le sigue. Es uno de los hombres del mafioso Oliver Pratt.

  Al llegar al hospital Shellen saluda al vigilante quien le devuelve el saludo. El tipo que lo ha estado siguiendo lo obcerva, llama a su jefe por teléfono y se va...

  Albert camina presuroso por los pasillos del recinto rumbo a su consultorio, ante la mirada de asombro del personal del lugar.

-¡Sí, es él- escucho Albert decir a lo lejos.- ¿No te lo dije? Y decían que había muerto.

   Estando en su consultorio la asistente entra con un vaso de café en mano y en la otra varios expedientes médicos para que Albert se ponga al corriente.

-Norma- dijo Albert al verla salir.- ¿Puedo pedirte un favor?

-¿Dígame, doctor? -dijo ella.

-¿Puedes consegirme un sandwich, por favor? Es que por las prisas no pude comer en casa.

- Enseguida, doctor.

- Gracias, norma.

  Cuando casi terminaba de comer, entra el primer paciente.

-Entre, señor, entre- dijo guardando el sandwich en el cajón- ¿En que lo puedo ayudar?

- Buenos días, doctor- dijo el paciente- vengo por mis medicinas de cada mes para el corazón.

- Bien. Como ya sabe, le voy a tomar la presión y el peso, en fin, el chequeo de rutina. ¿Ha tenido algún problema con su corazón?

-No doctor, todo bien, desde que tomo el medicamento, por cierto, ¿Dónde está el otro doctor?

  Albert ingresa los datos en la computadora e imprime la receta.

- Él salió de ... Vacaciones, señor- dijo Shellen mintiendo. Talvez regrese en unos días. Aquí está su receta.

- Veremos si me alcanza esta vez para comprarlos. Cada vez están más caros.

  Una idea cruza por la mente de Albert. Obcerva la receta entre sus dedos y por fin se decide.

-¿Me espera un momento, señor? Ahora vuelvo. -Dijo Albert llevándose la receta.

  Shellen camina hacia el almacén de la farmacia, pues sabe dónde es. Al llegar revisa por todos lados para saber si está solo y saca una llave de su bata e ingresa al lugar. Minutos después sale con los medicamentos correctos, sin ser visto. Regresa a su consultorio y le entrega los mismos al paciente.

-Tome, señor-dijo Shellen en voz baja.

-¡Ah, gracias, doctor! - dijo el paciente-¿Cuánto le debo?

-Nada.

-¿Nada? -dijo el señor extrañado- ¡Pero si son caros, doctor!

-Olvídelo, señor. Son suyos. Pero por favor guarde el secreto... ¿Podrá?

-¡Claro que sí, doctor. Muchas gracias, hasta luego!

-Hasta luego,señor.

  "Sé que fué un robo," pensó Albert "Pero ése señor no podría pagarlos y los nesecitaba. Además, me dió gusto ayudarlo... No creo que se den cuenta en el almacén..."

  Poco después entran otros pacientes con casos similares y Albert hace lo mismo, regalándoles el medicamento. El resto del día pasa sin novedad, llegando el fin de turno. Shellen parte a su casa, siempre seguido del tipo del auto. Al llegar a casa toma el teléfono para conversar con Noelle largo rato. Su amistad con ella poco a poco vueve a ser casi como antes ó mejor.

  Así pasan varios días en los que Albert atiende a sus pacientes que vienen a consulta y él se los obsequia, hasta que...

- Buenos días, doctor Shellen-dijo una paciente,- soy la señora Cross.

-Mucho gusto, señora Cross- dijo Albert levantándose de su asiento al verla entrar-¿En qué puedobayudarla?

- Vengo a cunsultar precios acerca de una operación de marcapasos para mi hermano y me dijeron que usted es de los mejores cardiólogos del país.

-Gracias por el cumplido, señora. Primero, ¿Ya le realizaron los exámenes nesesarios a su hermano?

- Sí, doctor, aquí los traigo.

- ¿Me permite verlos?

- Sí, aquí tiene- dijo la señora entregándoselos.

  Shellen los examina y determina que la operación no es tan urgente, sin embargo busca realizarla lo más pronto posible.

-Bien, señora Cross, veo que su hermano se encuentra estable ahora-dijo Albert entregándole los exámenes,- No está tan grave, a juzgar por las radiografías y los electrocardiogramas. Podemos mantenerlo bajo control con medicamentos hasta que realicemos la operación. En cuanto a los costos son aproximadamente $62,000 dls. Pero déjeme consultar con mi jefe, en un momento regreso.

  "¡Maldición!" pensó Albert molesto, "Todo iba bien hasta entonces. Yo no puedo operarlo aún debido a la promesa que hice. No podré evitar el no cobrarle como tenía pensado... Ni modo, tendré que consultarlo con mi jefe y el otro cardiólogo." 

  Shellen se comunica con su jefe sobre el asunto y éste le dice que irá a su consultorio en unos minutos.

-Disculpe si la hice esperar-dijo Shellen regresando al consultorio,- no estuve en el hospital varios meses por razones personales. Así que minjefe vendrá en unos  minutos a hablar sobre los costos, si gusta esperar.

- Sí, doctor, esperaré.

  Unos toquidos en la puerta avisan la llegada del doctor Mills.

-Adelante, doctor Mills-dijo Albert al escucharlo,- pase.

-Buenos días, señora- dijo Mills entrando,- disculpe la tardanza, pero tenía unos  asuntos pendientes.

-Buenos días, doctor Mills.

- Mi colega me habló de la intervención de su hermano. Los costos de la operación rondan por los $62,000 dlls. Pero podemos hacerle una rebaja de unos $5,000dlls.

- Entonces, ¿Hablamos de $57,000? Es un poco cara, pero ya me lo suponía.

- Es debido a los costos de los materiales como el marcapasos, etc. y los honorarios de los doctores, señora.

-Lo sé doctor.

  "Si pudiera ayudarla." pensó Albert apretando los puños. "Si pudiera cubrir los costos... Sí, lo haré, sin que mi jefe se dé cuenta..."

-Yo... Murmuró Albert si acabar su frase.

-¿Tienen facilidades de pago? - Preguntó la señora, sin oir a Shellen.

- Desde luego- dijo el doctor Mills.- Puede pagar desde doce a veinticuatro mensualidades.

-Muy bien. ¿Y para cuándo sería?

-¿Doctor Shellen? -dijo Mills preguntándole.-¿Para cuándo tendría espacio en su agenda?

-¿Eh? ¡Ah! Déjeme checarlo- dijo Albert consultando la comoputadora- Vemamos... Lo que resta del mes de Mayo se encuentra saturado. Y la libre más cercana es hasta el 23 de Junio, señora.

-Entonves, el 23 de Junio será- dijo Mills.

-Me parece bien, doctores- dijo la señora Cross.

- Aquí tiene la receta de las medicinas- dijo Albert,- pase con mi asistente para que le diga qué hacer un día antes de la operación.

- Gracias, doctor Shellen, lo haré. Nos vemos el día 22. Hasta entonces.

-Aquí nos veremos, señora Cross.

  Albert la ve salir del recinto. El Doctor Mills lo obcerva por unos momentos, como intentando adivinar sus pensamientos.

-¡Aaaaah! -suspiró el jefe Mills. Albert, que hasta entonces estaba distraído obcervando la puerta, pone atención al gesto de su jefe.- Así están las cosas- continuó Mills.

- ¿Ocurre algo, jefe? -pregunto Shellen.- Lo noto algo incómodo.

- Pues...- dijo Mills divagando, levantándose de su asientoni caminando por el recinto.- Estoy algo molesto por alguna irregularidades que han ocurrido desde hace tiempo en el hospital.

" Sé a qué se refiere," pensó Albert suguiendo con la mirada a su jefe, "Siempre le da rodeos a las cosas antes de llegar a lo que quiere decir."

- He visto las cosas que hacen, por ejemplo, los de intendencia-continuó Mills,-hace falta jabón líquido y papel sanitario en los baños, no por que no los haya, si no por que no los quieren poner... Oero como están sindicalizados no puedo hacer nada, sólo llamrles la atención.

- Lo entiendo, jefe.

- He visto a las asistentes médicos platicando en horas de trabajo fuera de su área y otras irregularidades que no deberían hacer. Pero la más graveves que en últimas fechas me han reportado la desaparición de medicamentos costosos para el tratamiento de enfermedades del corazón. Dime, Albert, ¿Tú no sabes nada de ésto?

- No, jefe- dijo Albert mintiendo,- no tenía ni idea.

- Que raro- dijo Mills sentándose y obcervando por la ventana,- la desaparición a ocurrido recientemente, en particular desde que tú regresaste al hospital. Y son medicamentos específicos de males cardíacos de tu área.

  El doctor Mills hace una pausa antes de continuar.

- Sé que tú los tomaste, Albert. Quiero saber con qué fin los haz tomadoy a quién se los haz dad...

-¡Se los dí a los pacientes que no pueden pagarlos, señor! -exclamó Albert interrumpiéndolo.

-¡Sabes bien que ésos medicamentos son muy caros, como para andar regalándolos! ¿Qué tenías pensado, eh? ¡No somos una casa de asistencia, Albert, el hospital no absorberá los gastos!

-¡Si es por el dinero, yo los pagaré con el dinero que tengo en el banco!

- Ése no es el punto... Antes de hacer algo así, me hubieras consultado.

- Es igual. De todas formas el costo quedará saldado.

  El doctor Mills lo obcerva en silencio. Intenta comprender la extraña forma de actuar de Albert.

-¿Qué fue lo que te pasó allá, Albert? -preguntó Mills.

- Fueron... Muchas cosas que cambiaron mi visión...

- Puedes contarme, si quieres.

- Está bien, jefe, le contaré.

  Albert le cuenta lo que vivió en las calles de Indianápolis, mientras Mills lo escucha en silencio.

- No tenía idea lo que habías vivido allá... Disculpa- dijo Mills.

- Olvídelo, jefe. Ésta es mi forma de redimir todo el mal que hice en todos éstos años... Sé que mucha gente no creerá ni unabfracción de lo que hago pero... No sé... Quiero dejar mi huella es éste mundo en el pocobtiempo que me quede de vida... Y ojalá que sea de una manera positiva.

- Todos dejamos nuestra huella, Albert, para bien ó para mal, aunque yo preferiría lo primero. A mí me gustaría que mis hijos me recordaran como un gran hombre.

- Yo también, jefe. Por eso esoy haciendo esto. Quiero borrar un poco la antigüa imagen que tiene todos de mí.

- Entiendo.

- Por eso quieronpedirle un favor, jefe.

- Dime, Albert.

-Que me deje seguir con mi idea, como un acto de última voluntad.

- Está bien, Albert. Hazlo. Cuenta con mi apoyo.

- Gracias, jefe.

- Bien... Ya estuve mucho tiempo fuera de mi oficina. Éste hospital no se dirigirá solo. Nos vemos, Albert.

- Hasta luego, jefe y gracias.

  El día avanza sin detenerse hasta que el reloj marcablas tres de la tarde.

- Nos vemos mañana, doctor Shellen- dijo la asistente asomando medio cuerpo por la puerta.- Hasta mañana.

-¿Que? -dijo Albert contrariado mirando el reloj de pulsera,- ¿Ya es hora de salir?

- Ya, doctor. En un momento llegará el personal del otro turno.

- Hasta mañana, Norma.

  "Siempre esperaba el cambio de turno con ansia," pensó Albert sonriendo "Ahora no me quiero ir, pero no modo."

  Shellen avanza rumbo al estacionamiento. El vigilante se despide de él y Albert responde de la misma forma.

  "Sería bueno arreglar mi testamento de una vez por todas" pensó Albert, " No me gustaría que la muerte me sorprendiera sin haberlo hecho."

 

                        C O N T I N U A R Á . . .

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Escritor y dibujante autodidacta... Busco crear buenas historias, publicándolas aquí, en un principio, para luego intentar subirlas en formato de Webcómics. Ilustrador principiante. Amante de las historias Steam y Ciber Punk.

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