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11 min
"Hope" y el mar del inconsciente (7a.parte)
Drama |
06.11.14
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Sinopsis

continuación...

  Han pasado cinco largos días y nadie seba nada sobre el paradero del doctor Shellen. El jefe de la policía dijo que después de lo ocurrido sólo buscaría unos días mas antes de abaodonar la búsqueda. Los amigos de Albert se preguntan qué fué lo que realmente le pasó a éste. Kevin Smith sopecha que tal vez lo hayan asaltado por culpa del dinero que llevaba consigo y ruega por que no lo hayan asesinado.

  Todo eso es lo que han especulado los amogos de Shellen. Y mientras muy lejos de ahí, en Indianápolis, Shellen decidió huir de todo lo que le recordara a su pasado, sumergiéndose irremediablemente en la bebida. Quien lo conociese anteriormente, no podría distinguir al brillante cardiólogo, de éste hombre barbudo y ebrio, el cual tiene varios días de dormir en un obscuro y pestilente callejón, rodeado de otros vagabundos igual de andrajosos. Cuando Albert está un poco sobrio emplea el dinero que posee para comprar más locor y seguir embriagándose. Y ya completemente sumido en el alcohol, vaga errante por la cuidad sin rumbo fijo, arrastrando los pies entre la fría nieve y durmiendo donde le cae la noche. Tal vez para no sentirse solo, ó tal ve zpor instinto, Albert busca la compañía de otros vagabundos como él y también éstos comienzan a buscarlo, por que saben que pueden quitarle el licor cuando ya está completamente perdido en él. Si acaso ha tenido alguna recaída, no la sintió. Cuando despierta ha llegado a pelear por la botella de alcohol con los otros vagos, pero en la mayoría de las veces cede en su intento, pues sabe que posee mucho dinero para poder comprar más bebida.

  Muchos días después de un salvaje frenesí etílico, Albert despierta a media mañana sintiendo un hambre rabiosa que le estruja las entrañas. Lentamente levanta la cabeza del suelo y se percata de que está solo en medio de una gran bodega abandonada repleta de basura pestilente y desperdicios humanos. Intenta incorporarse pero un intenso y repentino dolor de cabeza debido a la resaca se lo impide. Trata de reconocer el lugar en vano pero sabe que nunca ha estado aquí antes. Parece que alguien lo trajo aquí por alguna razón. La sensación de hambre en cada vez más intensa, así que busca entre sus ropas sucias y rotas ya la bolsa de dinero, para comprar un poco de comida, pero ahora, con infinito horror descubre que ésta ha desaparecido. Albert no puede creer lo que le está pasando, lo medita un poco y llega alla conclusión: Es obvio que los otros vagos le robaron todo cuando estaba completamente borracho. El hambre y la sed lo abruman ahora terriblemente y entonces decide arrastrse entre la pestilente basura del lugar buscando algo que beber, algo con qué apagan su abrasadora sed, hasta que en un rincón obscuro y polvoriento descubre una botella rota con un poco de agua negruzca y fangosa, la cual sin enbargo bebe con avidez. Arroja furioso la botella y ésta se rompe en mil pedazos. Llora de rabia e impotencia por varios minutos, lamentándose por lo sucedido. El hambre vuelve a abrumarlo con más intencidad aún, estrujándolo como tenazas de hierro al rojo vivo en su interior. Ya no posee nada de dinero para comprar comida. Bocabajo, medita largamente cómo satisfacer su apremiante nesecidad. ¿Robarla? No. se encuentra muy débil ahora y no podría huir con su botín. ¿Entonces?

  Pedir limosna cruza ahora por su aturdida mente, pero la rechaza enojado sacudiendo fuertemente la cabeza lo cual reaviva su intenso dolor, obligándolo a esconderla entre sus manos, apoyándola en el polvoriento suelo, como desmayado. "No, eso nunca" penso albert," nunca en mi vida pediré limosna, no soy un pordiosero como los demás. ¿Qué tal si alguien me reconoce? Sería una gran verguenza para mí... éso es lo último que haría en mi vida... Peferiría morir de hambre, antes de rebajarme a..."

  Su estómago vacío le vuelve a reclamar furiosamente un poco de comida y pues... El hambre más rabiosa puede doblegar al orgullo más fuerte. Shellen se sienta al fin, contemplando lastimosamente su miseria y hasta a dónde lo ha llevado ésta serie de acontecimientos. se incorpora con suma lentitud, camina trabajosamente, sosteniéndose de las paredes para no caer. Ya en la calle, busca detenidamente un sitio adecuado para pedir dinero. Poco después albert se instala afuera de un centro comercial, sentándose en el suelo y extendiendo tímidamente la mano, para pedir un poco de caridad, sintiendo cómo un fuerte rubor cubre sus mejillas. Muchas personas pasan de largo, ignorándolo, como si no existiera. Pero aún así hay varias personas que le obsequian unas pocas monedas, las cuales Albert agradece. Más tarde, con ése poco dinero recaudado, Shellen se dirije hacia una panadería cercana que descubrió para comprar un poco de pan, que es para lo único que le alcanza. Espera pacientemente unos minutos afuera del establecimiento a que salgan unos cilentes y entonces entra para comprar media baguette, que el tendero le vende con recelo, pero cuando albert se disponía a salir del lugar, lo llama otra vez y le obsequia un vaso desechable lleno de café recién hecho. Albert se lo agradece con cierto orgullo, pensando lo bien que le caerá con su resaca.

  Un poco más animado, Shellen busca un lugar solitario para comer en paz, a pesar de que su estómago le grita obcenidades, a causa del olor del pan y el café. Come desesperadamente la baguette y da sorbos apresurados al humeante vaso de café, quemándose la lengua con el contenido, mientras gruesas lágrimas corren por su sucias majillas. Repentinamente un gato blanco como lanieve salta a su regazo, ronroneando con los ojos fijos en el pedazo de pan. albert lo obcerva sorprendido, notando el gran parecido con el gato que vió en el estacionamiento de su casa. Corta un pedazo de baguette, lo remoja en el café y se lo da al felino, quien lo come con avidez. "No recuerdo cuándo me robaron el dinero esos vagos" Pensó Albert mientras come "Lo peor, es que no recuerdo ni quiénes eran y... Ya no puedo hacer nada. Nunca podré recuperarlo."

  A causa del frío clima, su café ya se ha enfriado, pero Shellen todavía siente en la lengua el ardor. "Albert" Pensó Ël "¿Cuándo fué la última vez que disfrutaste un buen café, en ésta situación, en éstas circunstancias? creo que nunca, pero parece que el café más humilde sabe mucho mejor en ésta situación, ni cuando tenía dinero..." Sumido en sus pensamientos se lleva el último trozo de pan a la boca y el gato le maulla para que se lo entregue. Albert lo mira sonriente y le da el pedazo, acariciándole la cabeza. Ya con el hambre saciada parcialmente, decide volver al centro comencial para pedir más dinero. Voltea hacia el gato para llevárselo consigo, pero éste se ha esfumado entre las sombras del callejón. No encontrándolo por ningún lado, camina hacia el centro comercial. 

  La tarde avnza plácidamente. El sol se oculta tras los altos edificios y albert, viéndose entonces con una modesta cantidad monetaria, camina animosamente, rumbo a una tienda para comprarse una buena botella de licor. Más tarde, con su tesoro bajo el brazo, se dirige a un callejón obscuro; voltea hacia todos lados para comprobar que está solo. Busca ansiosamente en varios sitios aquí y allá, tratando de encontrar un lugar adecuado para esconder las pocas monedas que le sobraron. Fortuitamente sus dedos tropiezan entonces con un ladrillo suelto en una desgastada pared. Albert piensa que es un buen lugar para ocultarlo y coloca nuevamente el bloque en su lugar, antes de marcharse de ahí y perderse otra vez en el alcohol, bajo la mirada vigilante del misterioso felino que lo sigue.

  Esa misma noche, en Chicago, se realiza una misa en memoria del doctor Albert Shellen. Por tratrse de alguien que sólo sembró odio y desprecio, son pocas las personas que acuden a ella: El jefe Joshep Mills, Gregory Summers, Kevin Smith y uno que otro empleado del hospital, pero éstos sólo por el morbo del espectáculo. El atrio de la iglesia luce cubierto con grandes arreglos florales, cpmprados en su totalidad por el jefe Mills, como si con ésto quiesiese limpiar su conciencia.

-Amados hermanos-Dijo el reverendo- estamos hoy aquí reunidos, para honrar la memoria del gra doctor Albert shellen.Hermanos, como ustedes saben, Ël era un brillante cardiólogo que ejerció su profesión de manera honesta. Salvó incontables vidas , sin mencionar su gran altruismo de su parte.

  Varios son los empleados que tratan de oclutar su sonrisa, por las palabras que pronunció el reverendo, como si se burlaran de ellas. El religioso continúa con su sermon, hablando sobre todas las bondades que el doctor Shellen profesó. después de una larga hora la misa termina, el reverendo les da bendición y la gente comienza a retirarse del recinto hacia sus autos, ajustándose sus abrigos y bufandas. En la entrada sólo permanecen Greg Summers, el jefe Mills y Kevin Smith, quienes intercambian algunos comentarios.

-Bueno,- dijo el doctor Mills suspirando, mientras obverva el lento caer de la nieve- es lo más que puedo hacer. Ojalá y Albert descanse en paz, donde quiera que esté.

-Nunca pudimos encontrar su cuerpo- dijo Summers- es como si se lo hubiera tragado la tierra.

-Oí un fuerte rumor-dijo el jefe Mills,- de que el mafioso Oliver Pratt asesinó a Shellen e incluso que tiró su cadaver al fondo del lago Michigan.

-Pero si ya se busco en el fondo del lago con ayuda de buzos y dragas-dijo Smith,- sin tener el menor éxito.

- Sí, lo sé- contestó Mills- por desgracia la operación tuvo que cancelarse por la falta de resultados. Creo que deberíamos dar por hecho que nunca encontraremos el cuerpo de Albert.

-Tiene razón, jefe- dijo Greg- Han pasado más de ocho días y albert ya hubiera aparecido por sí solo. tal vez y esos rumores sean ciertos.

-quién sabe-contestó Smith- por lo pronto yo tengo que regresar con mi esposa y mis hijos. ya no tenemos nada que hacer aquí.

-Tienes razón Kevin,-dijo Mills,- hicimos todos lo que estuvo ea nuestro alcance, pero ya es hora de retomar cada uno nuestras vidas. Vayan a decansar.

-Nos vemos mañana,jefe-dijo Smth-adiós,Greg.

-Hasta mañana,Kev.-contetó Summers.

  Cada uno de los doctores se dirige a su respectivo auto, abandonando el lugar. ¿Qué pensamientos cruzarán por sus mentes? ¿Creerán realmente que Albert murió? ëste en cambio, duerme plácidamente en un obscuro callejón, abrigado por muchos periódicos, sumido totalmente en el alcohol. Tose, tal vez por el frío invernal. De su boca brota sangre, mancahndo los cartones sobre los que duerme, ésto a causa de la alteración de las plaquetas en la misma. Misericordiosamente , él no lo advierte, debido alos altos índices de alcohol.

                                                CONTINUARÁ...

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Escritor y dibujante autodidacta... Busco crear buenas historias, publicándolas aquí, en un principio, para luego intentar subirlas en formato de Webcómics. Ilustrador principiante. Amante de las historias Steam y Ciber Punk.

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