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8 min
"Hope" y el mar del inconsciente (8a. parte)
Drama |
29.01.15
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Sinopsis

Después de varias cosas que pasaron en mi vida, continúo con el relato.

Varios días después, el doctor Shellen ya se ha acostumbrado a pedir limosna en las calles. La vergüenza anterior ha desaparecido, para dar paso a la necesidad de sobrevivir, no para conseguir comida, sino para comprar más alcohol. Pide dinero a todo aquel que pasa a su lado. Como siempre, son muchos los que lo esquivan, ya sea por el olor que despide ó simplemente por que no desean darle moneda alguna. Albert ignora a éstos; sabe que entre los muchos trausentes siempre habrá alguno que le regale alguna moneda ó dos. Repentinamente una sombra lo cubre; Shellen levanta la vista encontrándose con dos pares de ojos que lo miran furiosos.

-¡Ya haz pedido dinero muchas veces aquí!- exclamó un tipo harapiento como él que porta un raído sombrero,-¡Ya es tiempo que te largues!

-¿Por qué he de hacerlo?- preguntó Albert incorporándose y cerrando los puños con fuerza.

-¡Porque es nuestro territorio!- contestó el otro vago, empuñando un largo bastón que utiliza para sostenerse,-¡Toda ésta calle nos pertenece, vete de aquí!

-La calle no es de nadie, señores,- dijo Albert encarando al del bastón- no tengo que hacerles caso.

-¡Que te vayas!- gritó el del sombrero, empujándolo contra la pared del centro comercial, mientras los trausentes caminan apresurados-¡Largate, o si no!...

-¿O si no qué? ¿Crees que no puedo decirle a la policía que ustedes no están lisiados y que sólo estafan a la gente?

-¡Ja,ja,ja!-Rió el del bastón- ¿Y piensas que ellos te harán caso, idiota, a un vago como tú? ¡Primero te encerrarían por vago!

-Además tú también engañas a todos-masculló el del sombrero-¿Acaso no he visto lo leento que caminas, para que labgente crea que estás enfermo?

-Lo que a mí me pase no te importa-dijo Shellen molesto.

-¡A nadie le importa tu perra vida!-dijo el del bastón- ¡Tú puedes engañar a la gente como te venga en gana! ¡Sólo queremos ue te vayas de nuestro territorio! ¡Si no te despedazaré mi bastón en tu maldita cabeza!

  Albert obcerva lo decididos que están los  pordioseros de hecharlo del centro comercial. Respira profundamente. Reconoce que no está en condición suficiente como para enfrentar a uno de ellos siquiera. Una lágrima casi asoma de sus ojos, mientras toma una decisión.

-¿ Y bien?- pregunto el vago del sombrero impaciente-¿Te irás por fin de éste lugar?

-No vale la pena pelear por una cuantas monedas- dijo Albert en voz baja,-ustedes ganan.

  Shellen recoge el roído cartón en el que se encontraba sentado y la bolsa de papel donde guqrda unas pocas monedas y un pedazo de pan y se marcha lentamente, derrotado y triste dándole la espalda a los pordioseros.

-¡Y recuerda!-gritó uno de ellos a lo lejos,-¡ No te queremos ver por aquí nunca más! ¿Me oyes? ¡Nunca más!

           ....

"Esto no me hubiera pasado de habermequedado en chicago" Pensó Albert. "No... Ya no tengo nada que hacer allá. Me quedaré a vivir aquí, en las calles de Indianápolis. Me quedaré en ésta ciudad hasta que muera, así pagaré por todos los pecados que he cometido..."

  Varias noches después, mientras caminaba por los ya obscuros callejones de la ciudad, el doctor Shellen escuchó unas voces alegres que provenían del fondo del mismo, indudablemente de más vagabundos. albert retrocede. No necesita recibir más malas palabras ni nada, pero en el último momento camina hacia ellos. ¿Por qué? Tal vez añora la compañia humana para no sentirse solo. Ó tal vez para disculparse por el incidente de hace unos días. La fría nieve cruje sordamente bajo sus zapatos al aproximarse a los indigentes, los cuales, al encontrarse algo ebrios, no notan su presencia. De pronto un arrebato de rabia se apodera de todo su ser. ¡ Éstos malditos son los que le robaron su dinero aquella noche! Lo supo por el logotipo y color de la bolsa donde lo tenía guardado. Sus manos tiemblan por la cólera acumulada y, con los ojos inyectados de sangre, los enfrenta furioso.

-¡Malditos!-gritó Shellen colérico, mientras los ocho vagos se levantan alarmados.-¡Por fin los encontré, perros ladrones, devuélvanme mi dinero!

-¿Dinero?- se preguntaron los vagabundos, sin saber realmente lo que les decía-¿De qué dinero nos hablas?

-¿Cómo que cuál? ¡El que ustedes me robaron!-gritó Albert

-¿Quién es éste tipo?-preguntó uno de los vagos a otro.- no lo conozco.

-¡Ésa bolsa verde era mía, ahí tenía guardado mi dinero antes que me lo robaran!

-¿De modo que ésos eran tus billetes?- dijo alguien burlonamente entre los demás.-¡Qué lástima! ¡Ya no existe!

  Un hombre alto y gordo, al que le falta el ojo derecho avanza junto con otros cuatro más hacia Albert, quien lo mira asombrado. La cuenca vacía y negra impresiona aShellen, pero más lo hace el brillo maligno que despide el otro ojo. shellen traga saliva, respira profundamente y esconde su temor gritando colérico.

-¡Así que ustedes me lo robaron!-gritó Albert retrocediendo un poco.-¡Esperaron que me embriagara para robarme!

-¡Un vago como tú no debería tener tanto dinero!-dijo el tuerto empujando a Shellen,-¿De dónde lo sacaste, eh? ¡Contesta!

-¡Eso no te importa, devuélveme mi bolsa!

-¡Si tanto la quieres perro, aquí está, tómala y lárgate!-exclamó el tuerto, arrojandole a Albert la bolsa a la cara.

-¡Imbécil!-dijo Shellen. Abrió la bolsa metiendo la mano apresuradamente; Lo que encontró dentro lo encolerizó aún más.-¡¿Ésto se te hace gracioso, hijo de puta?! ¿Papeles con excremento?

  Todos los pordioseros estallan en carcajadas, las cuales son como agujas ardientes que laceran más y más el orgullo de Albert.

-Tú querías la bolsa, ¿no? ¡Pues ahí la tienes, ja,ja,ja!- rió el tuerto.

-¡Basta, deja de reírte! ¡Ésos billetes eran míos! ¡¡Míooos!!

  Shellen se abalanza sobre el pordiosero tuerto, tomándolo por sorpresa y tirándolo sobre la fría nieve. Quie viese anteriormente la doctor Shellen, no reconocería a éste ser transformando en furia pura, quien muele a puñetazos al vagabundo tuerto, ante el asombro de los demás.

-¡Quiero mi dinero de vuelta, imbécil!-gritó Albert fuera de sí. De repente toma un grueso palo que estaba en el piso y lo levantó sobre su cabeza, ¡dispuesto a asestar el golpe mortal!... Pero una oportuna y certera patada en el rostro, propinada por otro de los indigentes lo derriba. El tuerto se incorpora rápidamente, limpiándose la sangre de nariz y boca, sonriendo.

-¿Así que de ésas tenemos, eh, cabrón?- dijo el tuerto. Albert intentó levantarse, pero fue derribado otra vez por el mismo pordiosero.-Nadie te dijo que te juntaras con nosotros, cabrón- continuó el tuerto- Tú solo llegaste, noberas nuestro amigo y aquí a los extraños se les sac el mayor provecho, idiota!

  Ahora son cinco los tipos que golpean brutalmente a Shellen, quien intenta cubrirse el rostro inutilmente, ante la mirada de los otros limosneros, hasta que uno de los que lo golpean habla jadeante.

-¡Hace tiempo que desea hacer ésto!- dijo,-¡Ésta es mi venganza! ¿Te acuerdas de mí, eh? ¿No doctorcito de mierda? ¡Sé muy bien quién eres, cabrón! ¡Eres Albert Shellen, el pinche doctor que me mandó a su chofer a golpearme, sólo por que me recargué en tu auto! Te pedí unas monedas por caridad y sólo recibí golpes de tí. Juré por Dios que me vengaría,así me tomara toda la vida. ¡Y hoy por fin se me cumplió!

-¿Cómo llegó este pinche doctor hasta aquí? ¡Bueno, no me importa!- exclamó el tuerto.- Ojalá y ésto te sirva de lección y nunca regreses por aquí, ¿Me oiste?

  El tuerto lo toma por el cuello, mientras Albert lo mira desde el limbo de la inconsciencia.

-¡Largate de éste lugar!- le gritó el tuerto. 

  Albert cayó de rodillas, al tiempo que otro limosnero le asesta el golpe final, dejándolo inconsciente y sangrando sobre la fría nieve. Todos los vagos huyen para evitar que algún policía los capture.

  Shellen yace como muerto, totalmente noqueado bocabajo. La sangre fluye copiosamente de su nariz ,boca y una herida profunda en la cabeza, hasta formar una masa roja, fría y espesa sobre la nieve. Afortunadamente para él el sueño es un delgado escudo para el dolor, por lo cual no sufrirá, al menos hasta que despierte.

El gato blanco que lo ha estado siguiendo aparece entonces. Maulla lastimosamente, mientras lo obcerva y después se acurruca a su lado, como si lo protegiera. ¡Ja! Valiente protección.

 

                              C O N T I N U A R Á...

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