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16 min
"Hope" y el mar del inconsciente (9a. parte).
Drama |
31.01.15
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Sinopsis

Continuación del relato.

¿Cuánto tiempo estuvo el doctor Shellen flotando en las obscuras aguas del mar del inconsciente? No sabría decirlo con precisión... Lo cierto es que su aturdida mente surcó éste mar, visitando los lugares más recónditos de su memoria: Comenzando por aristocrática niñez, donde cierto chiquillo pedante y engreído no dudaba en humillar a sus compañeros de clase menos afortunados; su adolescencia rebelde, en la que comenzó a beber a escondidas los finos licores de su padre ausente; del despertar sexual a los trece años con cuánta chica que lo buscó por interés; la repentina muerte de su padre a la edad de veintiún años, quién tantas y tantas cosas le solapó, orgulloso de que su hijo fuera todo un mujeriego como lo fué él. Pero sobre todo lo que más sale a flote en éste mar, es la trágica muerte de su amada esposa e hijos, ocurrida hace más de cinco años... Y entre la intrincada maraña de recuerdos se encuentra flotando, como si fuese una perezosa nube, como si formara parte de ellos desde los comienzos de su vida, una vibrante voz de mujer que pronuncia la palabra "Hope", formando su eco luminosas ondas en este mar del inconsciente.

  De pronto Albert percibe una débil luz que proviene desde lo alto y poco a poco comprende que ya no se encuentra soñando. Lentamente abre los ojosy descubre que ésa luz proviene del sol nival que brilla débilmente en el cenit. Intente  sentarse y entonces se percata de la presencia de ése gato blanco que lo ha estado siguiendo en losnúltimos días.

-Pequeño-dijo Albert en voz baja,-¿Dónde habías estado? No te había visto hace tiempo, creo. Ahora... Ahora tú eres el único amigo y consuelo que tengo.

  El gato permanece acurrucado a su lado sin inmutarse. Shellen lo toma entre sus brazos para proporcionarle un poco de calor, a lo que el blanco felino reponde ronroneando ruidosamente.

-¿Sabes?- dijo Albert al gato mientras le acaricia la barbilla,- qué buena paliza me dieron ayer, ¿no?.. Pero... Siento que en verdad la merecía... A... Ahora que lo pienso, ese hombre tenía razón. Sé que me duele admitirlo, pero tenía razón. No debí haber mandado a golpear y... -sus ojos se llenan de lágrimas- me arrepiento de eso.

  Shellen hace una pausa para secarse las lágrimas con la manga del raído abrigo, revisa sus heridas y descubre con asombro que a pesar de la sangre seca en su cabeza, éstas es tan completamente cerradas, existiendo de éstas sólo un leve vestigio de cicatriz.

 Asombrado intenta comprender qué está pasando. Voltea hacia el suelo y descubre el lugar donde antes se formara un cuágulo de su sangre... Ésta se secó completamente. Además el piso a su alrededor está libre de nieve y extrañamente tibio.

-¿Que fué lo que ocurrió aquí?-se preguntó Albert azorado tocando su cabeza- ¿No estaba herido? ¿Dónde está mi sangre? No entiendo...¿Quién me curó ó acaso todavía estoy soñando?

 Albert se revuelve los cabellos endurecidos aún por la sangre seca. Se inclina hacia su costado derecho y toma un puñado de nieve para frotársela en la cabeza y cara, quitándose los restos de sangre.

-Es evidente que alguien ó algo me curó-dijo Albert,-¿No lo crees, pequeño?

  Nuevamente el misterioso gato ha desaparecido, ya que Shellen lo buscó por todos lados, sin éxito. "Es un animalito de espíritu libre" piensa Albert,"Puede ir y venir por el mundo como le venga en gana, por eso lo admiro".

  Con un poco de trabajo, Shellen se pone de pie. Toma el grueso palo con el que intentó golpear al pordiosero tuerto para usarlo como bastón y se encamina lentamente hacia la calle más cercana. Voltea a los lados y toma la decisión de marcharse lejos del centro comercial, derrotado y humillado, para no enfrenterse otra vez con aquellos limosneros.

      ......

  El tiempo sigue su imparable curso y así pasan seis largos meses. Es la tarde del once de Mayo y Albert continúa sumido en el vicio del alcohol. Tose, escupe sangre y cada vez está más delgado, pero ya tomó la decisión de morir en las calles, por siente que así expiará sus pecados. Da un gran trago a su botella de aguardiente y camina buscando un buen sitio para pedir limosna. Un ligero escalofrío recorre su espina dorsal y casi de manera imperceptible, comienza a escuchar unos susurros extraños. Por su estado etílico tarda en reaccionar, sin entender qué pasa. De pronto, con infinito horror, Albert se ve rodeado por horripilantes monstruos babeantes que lo miran furiosos. Delira, a causa de los efectos del alcohol, pues realmente se encuentra solo en la calle. Shellen corre de manera errática, movido por un panico como nunca lo conoció antes. Las diabólicas abobinaciones lo poesiguen incansablemente, contorsionándose y profiriendo gritos espeluznantes que le hielan la sangre.

  Y entre la confusión de la batahola etílica que estalló en su perturbada mente, Albert lllega a la entrada de un edificio de departamentos de veintiún pisos. Intenta entrar por el lobby, pero es arrojado brutalmente en medio de insultos por el portero( Shellen en medio de su delirio, cree que lo atacó una de las bestias.) Huye aterrorizado a la parte posterior del inmueble y después de varios intentos, ingresa por las escaleras contra-incendios.

  Sube como loco los escalones, siempre perseguido por los demonios que lo insultan y agreden coléricos. Muchos minutos más tarde llega por fin a la parte más alta de la construcción, sofocado y escupiendo sangre, con el corazón latiéndole a mil por hora y en un arrebato de locura, opta por acabar con su sufrimiento de una vez por todas, arrojándose desde la azotea; jala inútilmente la manija de la puerta, pero se encuentra cerrada con llave. Baja un nivel y empuja el acceso a los pasillos corriendo desesperado, y es cuando ve el balcón abierto entre dos pisos. Acelera su carrera con determinación hacia allá. Pasa una pierna por la baranda, con el corazón exaltado, cierra los ojos, pero duda un momento.

-¡Hola! - dijo una vocecita infantil a su lado izquierdo.- ¡Buenas tardes! ¿Qué haces?

  Albert, con los ojos cerrados aún, ignora la voz, pensando que és una alucinación más.

-¡Hooolaaa!-dijo otra vez la misma voz-¿Cómo te llamas?

  Shellen abre los ojos y voltea a donde surgió la voz y descubre en el pretil de al lado a una pequeña como de cinco ó seis años que trae puesto un gorro rosa bordado, quien lo mira insistentemente. Albert advierte que la niña carga un gato de ojos azules, blanquísimo como la nieve.

-Hola-contestó Albert, por fin.

-¿Qué estás haciendo?-preguntó la niña.

-Voy... Voy a saltar-dijo Shellen con la voz entrecortada.

-¿Y por qué, acaso es divertido?

-Por que sí, niña.

  La pequeña se asoma con curiosidad desde el borde del balcón hacia abajo, sujetando su gorro para que el viento no se lo tirase.

-¡Pero está muy alto!-dijo la niña-¡ si lo haces te matarás!

-Eso es lo que deseo.

-¿Porqué?

-No lo entenderías, pequeña.

-Hay cosas que entiendo bien. Lo que no comprendo es porqué quieres matarte.¿Acaso hiciste algo muy malo?

-Niña, ¿puedes dejarme en paz?-dijo Albert fastidiado- No conoces nada de mí ni yo de tí. Así que por favor, déjame solo.

  La niña baja la cabeza con tristeza, apoyando la barbilla en la cabeza del gato. Albert la mira por unos momentos y después voltea al abismo. Cierra los ojos, como buscando un poco de valor en lo más profundo de su ser para poder arrojarse al vacío, pero lo único que encuentra es una gran paz que lo ununda por completo. El gato lame tiernamente la cara de la niña, como si le confesara algo que sólo ella puede entender.

-¿Puedo preguntar como te llamas?-dijo la niña tímidamente.

-No.-contestó Albert secamente, aún con los ojos cerrados.

-Yo me llamo Hellen Crabb, mucho gusto. Tengo seis años. ¿De dónde eres?

  Albert abrió los ojos otra vez y volteando hacia ella, contestó suspirando.

-Soy de Chicago- contestó él.

-¿Y eso está muy lejos?

-Un poco. Algunas horas de viaje.

-¿Cómo te llamas?

-Soy Albert Shellen.

-Yo soy Hellen Crabb, mucho gusto-dijo ella extendiendo la mano sobre el pretil hacia Albert, pero éste se encuentra fuera de su alcance y ella sólo sonríe retirándola.

-Mucho gusto, Hellen- contestó Albert.

-¿Porqué estás vestido así? ¡Hueles chistoso!

-Yo... He estado viviendo en las calles, por un tiempo.

-¿Porqué, acaso no tienes casa?

-No, no tengo.

-¿Y dónde duermes cuando llega la noche?

-Pues en algún lugar calientito que encuentre. No sé, donde sea.

-Al...¿Puedo preguntar por qué querías matarte?

-Es... Porque estoy muy enfermo y ya no quiero seguir sufriendo.

-¿Y qué es lo que tienes?

-Una... Enfermedad de la sangre.

-¿Sabes? A mí me gustaría ser una gran doctora, para curar todas las enfermedades.

-No creo que puedas curarlas todas, Hellen-dijo Albert divertido.

-Aunque también me gustaría viajar por todo el mundo para conocer muchos lugares.

-Pues... Para lograr eso, tendrías que vivir muuuchos años, pequeña.

-Sí, lo sé-dijo Hellen seriamente,-aunque no creo que pueda.

-¿Porqué no, acaso estás enferma?

 Hellen asienta con la cabeza mientras abraza a su gato.

-¿Qué es lo que tienes?-preguntó Albert.

-Tengo cáncer-dijo ella quitándose su gorro bordado, mostrando su cabecita calva.-Por eso uso éste gorro y no salgo nunca de mi casa porque me canso.

  Albert quedó perplejo con la respuesta. Por varios segundos no atinó a decir nada.

-Pero... Me... Me imagino que te dan algún tratamiento, no?

-No-dijo Hellen negando con la cabeza.-Mamá dice que no le alcanza para las medicinas por que son muy caras y no tenemos seguro médico.

  Shellen se siente conmovido por primera vez desde que murió su esposa. Con cuidado se voltea y salta al otro lado del balcón, aferrado fuertemente al pretil y con la vista aún fija en el vacío, una idea relampaguea repentinamente en su cerebro.

-Hellen, ya... No saltaré-dijo Albert mirando a la niña,- ya no. Mira, voy a irme por un rato, pero no te preocupes, regresaré muy pronto con dinero para las medicinas, espérame.

-¿De veras? ¡Muchas gracias, Albert!-contestó Hellen, sonriendo agradecida.

-Oye, por cierto, tu gatito es muy bonito, ¿cómo se llama?

-¿Él? Mi gatito se llama "Hope", ¿Por qué?

  "Hope" piensa Albert,"ése es el nombre que he estado escuchando en mis sueños, pero...¿qué tiene que ver con éste gato? ¿Será el mismo que me ha estado siguiendo?"

-Entonces, ¿regresarás?-preguntó Hellen, sacándolo de sus pensamientos.

-¿Eh? ¡Ah, sí!-contestó  Shellen- regresaré en poco tiempo.

  Albert baja las escaleras de enmergencia tan rápido como su débil cuerpo se lo permite. Ya en la calle camina buscando el callejón, no el de el centro comercial, si no otro más lejos de ahí, en donde guardo su tesoro en una saliente de una rejilla de ventilación. Al extraerlo, Shellen se da cuenta que con doce dólares no podrá comprar los caros medicamentos que Hellen necesita. Desalentado, se deja caer de rodillas, devanándose los sesos, buscando la soluciön al problema. Minutos después se levanta y camina por la calle pensativo, vagando sin rumbo, cuando una voz lo saca de su pensamientos.

-En el nombre de nuestro señor- dijo una señora invidente, quien al sentir sus pasos, extiende su mano al frente,-¿Podría regalarme usted una moneda?

  Albert la obcerva en silencio. Sac de su bolsillo los doce dólares, los contempla un momento y al final decide dárselos a la señora.

-Muchas gracias, el señor le dará más.-dijo la señora agradecida.

-Ojalá y así sea, señora-dijo Albert,-lo necesitaré.

-Tenga fé, joven, todos sus probkemas se resolverán, ya lo verá.

  Shellen sólo se limita a sonreír y se aleja caminando despacio."Sé que ésa señora necesitaba ese dinero" penso Albert,"Pero... Doce dólares nomme hubieran servido para comprar ésas medicinas tan caras, y pedir limosna para juntar dinero me tomaría años y no terminaría de juntarlos... Ahora comprendo todos los pormenores que enfrenta la gente pobre, ni se diga de los pordioseros, como yo, que no tenemos mas que la ropa que llevamos puesta... Lo padre que sería ganarme la loteria y pod.."

  Shellen se detiene en seco, pues acaba de recordar de golpe que posee mucho dinero en sus cuentas bancarias en Chicago. "¡Sí, esa es la solución! ¿Por qué no lo pensé  antes, y además como le hago para acceder a ese dinero desde aquí, si no traigo ni una identificación ni nada ?" se preguntó Albert caminando en circulos, mientras la gente lo cree loco por hablar solo. "Piensa,  Albert, piensa. Debe haber una forma de acceder a él. ¿Por qué me vine a vivir tan lejos a Indianápolis? La única forma es regresar a Chicago. Sí eso hare, ya que tengo aquí doce dól.. ¡Diablos! ¿Por qué le dí el dinero a la señora? Ahjora ya no tengo nada. Sólo me queda pedir aventón".

  Shellen obcerva su lastimoso reflejo en un gran aparador de un negocio, está sucio y co una enorme barba. "Así no me llevaran a ninguna parte con éste aspecto"Pensó Albert," Necesito bañarme y rasurarme, pero no tengo dinero.  Bueno, no pasará nada si pido limosna una vez más".

  Albert se sienta en el suelo y extiende la mano para pedir limosna. Dos largas horas pasaron y Albert, viéndose con casi veitidós dólares, se levanta impaciente por regresar a Chicago. Está a punto de caer en la tentación de comprarse una buena botella de licor, pero haciendo un gran esfuerzo y recordando la promesa que le hizo  la niña, lo evita. Sólo se metió en el vicio y sólo tendrá que salir. Sabe que con voluntad lo hará. Avanza entre la gente, buscando unos baños públicos. Pregunta a varias personas y por fin llega al establecimiento. Pero al intentar ingresar el encargado se lo impide, diciéndole que ahí no es albergue y tiene que pagar. albert sin inmutarse paga la entrada y le compra un rastrillo. Después le pide prestadas unas tijeras. El encargado se las da a regañadientes, pidiéndole que se las devuelva.

  Treinta minutos más tarde, Shellen sale del lugar, bañado, rasurao y con el pelo corto. Le entrega las tijeras al encargado, que no da crédito a lo que ve.

-O... Oiga usted es el doctor Albert Shellen,¿ verdad?- preguntó el encargado.

-Si-contestó Albert,- yo soy el doctor Shellen.

-¿Se acuerda de mí? Hace dos años operó a mi tío de un defecto cardíaco.

-No... Lo siento. Pero es que he atendido a muchos. No los recordaria a todos.

-Pues yo si me acuerdo muy bien de usted, doctor. Quería darle las gracias por operar a mi tío con éxito.

-Sólo hice lo que tenía que hacer, señor...

-Mcmanus. Soy el señor Jhon Mcmanus, mucho gusto. Pero, ¿qué le pasó, por qué está vestido... así?

-Es una larga historia, dificil de contar.

-¿Acaso quería saber cómo se vive en las calles, doc?

-Sí... Algo por el estilo...

-Espéreme aquí, doc.

  El señor Mcmanus entra a un pequeño almacén y poco después sale con una bolsa grande de papel, que le entrega a Shellen con una sonrisa.

-Tome, doc.-dijo- esto le servirá.

-No tenia por qué molestarse, señor Mcmanus-dijo Shellen apenado, al descubrir ropa limpia dentro.

-Al contrario, doc, es mi forma de agradecerle. Si no fuera por usted, mi tío no estaría con nosotros. También hay un par de zapatos, espero y sean de su talla.

-Gracias.

  Con la ropa nueva puesta, Albert se despide del señor Mcmanus. Camina por la calle buscando quien le de un aventón. Varios autos pasan sin detenerse. Shellen se pregunta por qué decidió venir a vivir tan lejos de casas. Ahora que desea regresar, no puede. Por fin una camioneta se detiene más adelante.

-Buenas tardes-exclama un conductor como de cincuenta años,-¿ a dónde se dirige señor?

-Buenas tardes, señor- dijo Albert acercandose al vehiculo,- voy a Chicago, ¿va por esa ruta?

- no, lo siento- se disculpo el conductor,-me dirijo a fort wayne pero si quiere, lo dejo en la carretera.

-Sí gracias, se lo agradezco.

  Albert sube a la camioneta. Platican de varias cosas para desaburrirse. Una hora después el conductor lo deja en la carretera y se depide de él. Shellen vuelve a pedir aventón una vez más, pero ésta vez no tiene que esperar tanto: un tráiler se detiene y Albert sube en él. La noche ha caído ya con su obscuro manto. Shellen piensa en ir primero a su casa para poder sacr dinero ó quizás en un banco. La noche pasa lentamente en un viaje de más de ocho horas. Albert no sabe en qué momento se quedó dormido.

-Arriba, mi amigo, ya llegamos- dijo el trailero,-ya amaneció. Por aquí me desvío, así que qué le parece si lo dejo por aquí?

-sí-contestó Shellen, soñoliento aún,-por aquí está bien. Muchas gracias por el viaje señor, hasta luego.

-Hasta luego, señor cuídese-respondió el conductor arrancando la unidad.

                            C O N T I N U A R Á...

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